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Opinión

El color del Gobierno

ACTUALIZADA 21/07/2019 A LAS 02:00
Una de las reuniones entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
Una de las reuniones entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
Juan Medina / Reuters

España carece de una cultura política sensible a los gobiernos nacionales de coalición. En la reciente historia democrática nunca se ha compartido la mesa del Consejo de Ministros, dejando siempre en manos de un único partido la responsabilidad de la formación del Ejecutivo. El reparto de carteras ha estado teñido por el monocromo y los apoyos y la estabilidad se han buscado en el Congreso de los Diputados. Inmersos en esa experiencia, considerada válida para el bipartidismo, el país ha virado hacia el multipartidismo, hacia las mayorías minoritarias y hacia la convivencia con la inestabilidad, producto de una limitada inclinación a la cesión.

En la medida en que nos alejamos de la Moncloa, los gobiernos autonómicos parecen gozar con la sopa de letras, con los modelos forjados a varias bandas. El resultado, ofrecido como signo de madurez, choca con el pudor que han expresado los diferentes gobiernos centrales a entremezclar líderes e idearios. El multipartidismo ha incorporado la frescura de la diversidad, pero también ha descubierto que la ley electoral y el mecanismo que hoy se emplea en el Congreso para investir a un presidente no muestran la agilidad requerida. Puede que este celo garantista nos provoque un sosegado convencimiento en la capacidad de maduración de los pactos, pero también nos lleva a añorar aquella velocidad perdida que en unas semanas ofrecía un gobierno. Nada malo hay en los pactos, más bien al contrario, aunque quizá la única condición, aparte de la lealtad entre las partes, sea el ofrecimiento a los votantes de un armado cuadro de coherencia política.

Sin conocer aún el resultado de una negociación que apunta a una resolución en el último segundo del último minuto del partido, el viernes Pablo Iglesias anunciaba por sorpresa su retirada de la carrera ministerial. Su obsesión, convertida en condición para alcanzar un acuerdo de coalición con el PSOE, quedaba definitivamente apartada para facilitar un gobierno a dos bandas. Iglesias se autoexcluía, aunque sin abandonar la idea de que su partido se siente junto a Pedro Sánchez. Esta renuncia, que no las condiciones que la acompañan (una representación en el Ejecutivo proporcional al número de votos logrado y la elección por parte de Podemos de los nombres de sus ministros) allana el camino de la investidura de Sánchez, aunque abre serias dudas sobre la lealtad y las líneas rojas compartidas por ambos partidos. A efectos prácticos, la no presencia de Iglesias en el Consejo de Ministros resulta insignificante. Sin la presión de las obligaciones ministeriales, Iglesias se convertirá desde fuera del Ejecutivo en un ministro sin cartera, disfrutando de manera añadida de la libertad de la crítica y sin control alguno por parte del presidente. Con Iglesias o sin él, el problema para Sánchez seguirá siendo el mismo: una severa falta de confianza con una formación en retroceso y acuciada por sus muchas urgencias.

El color del Gobierno no es una cuestión menor. El resultado de la mezcla de colores entre el rojo y el morado resulta incierto, aunque sí sirve para alejar al Partido Popular y a Ciudadanos de cualquier acuerdo sujeto a la transversalidad y a las exigencias que marcan muchas políticas de Estado. El éxito de cualquier gobierno reside en su capacidad para tender la mano y encontrar una respuesta al otro lado. Dentro o fuera del juego de partidos, los gobiernos deben mostrarse ágiles en el acuerdo, alejados del sectarismo y fieles a la visión generosa de quien ocupa la presidencia.

Los gobiernos de coalición forman parte de un reconocible paisaje político europeo. Los hay de todos los colores, aunque la mayor parte de ellos pretende con el pacto alcanzar la suma necesaria que les permita gozar de la comodidad parlamentaria. Se busca la mayoría absoluta, ya que la mayoría simple, pese a garantizar en España una investidura en segunda vuelta, abre la puerta a una peligrosa y permanente dependencia de terceros que, sin ninguna duda, serán invitados por Podemos.

miturbe@heraldo.es

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