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Opinión

Igualdad, mérito y capacidad

ACTUALIZADA 11/07/2019 A LAS 02:00
A la pregunta "¿usted qué es?" solemos contestar diciendo en qué se trabaja o qué se ha estudiado. Reducimos lo que somos a dos porciones del todo.
A la pregunta "¿usted qué es?" solemos contestar diciendo en qué se trabaja o qué se ha estudiado. Reducimos lo que somos a dos porciones del todo.
Krisis'19

Cuando le preguntaban a Heinz von Foerster (1911-2002) qué era, contestaba "vienés". Se reconocía a sí mismo diciendo que era de Viena, aunque pasó la mayor parte de su vida en Estados Unidos. Y sorprendía a sus interlocutores porque esperaban algo más sofisticado. Más de uno hubiera querido escuchar otra respuesta menos desconcertante. Podría haber respondido diciendo soy físico, graduado por el Instituto Tecnológico de la Universidad de Viena. Incluso podría haber fanfarroneado diciendo que era doctor en Físicas, por la Universidad de Breslau. También podría haber respondido refiriéndose a las distintas ocupaciones que desempeñó en su larga carrera docente e investigadora, desgranando sucesivamente su paso por la ingeniería de la señal, la biofísica, la biocomputación hasta llegar a la terapia familiar sistémica, la ética y la filosofía.

Von Foerster no está aquí para preguntarle por qué respondía de ese modo. Solo podemos formular conjeturas siguiendo la obra que dejó escrita, las entrevistas y vídeos que están disponibles. A partir de esas fuentes es posible aventurar una respuesta: ¿será que no quería caer en la trampa semántica que lleva implícita? Quizá. Esto es lo mismo que hacía cuando se le preguntaba qué es la cibernética y prefería responder cómo funciona, qué hace, para qué sirve. Posiblemente, era una forma de burlarse de esas formas de pensar que quieren encasillar el propio pensamiento y domesticar la diversidad e inteligencia. Como apuntó en una conferencia: "¿Se dan cuenta? Me estoy burlando de una pregunta profunda".

La pregunta por el ser, por lo que uno es –y las cosas son–, nos lleva a los límites del lenguaje. Es un asunto que viene ocupando una parte esencial de la civilización occidental. Y es un camino al abismo de la abstracción. Ahora bien, cuando esta pregunta se hace en un contexto cotidiano entramos en un territorio distinto. El ser tiene que ver con las identidades, con las posiciones en el sistema social, con los forma de control y poder en la cartografía de la vida. A la pregunta "¿usted qué es?" solemos contestar o bien diciendo en qué se trabaja o bien qué se ha estudiado. Reducimos lo que somos a dos porciones del todo. Y de eso hay quienes hacen su castillo desde donde situarse frente a los demás. Al mismo tiempo que se apropian de un campo socialmente construido y crean una dinámica de distinción, para hacerse con el control semántico y político de su parcela. La repetición de hábitos, las rutinas sociales, la institucionalización de las prácticas llevan a legitimar esas porciones del ser dejando a un lado el carácter arbitrario y construido del proceso. O, dicho de otro modo, solo hace falta que un grupo delimite un espacio social, sedimente con el paso del tiempo su profesión de ‘cursinfleiquer’ para posicionarse ante los demás reclamando su propiedad, como si tuvieran la patente o los derechos de propiedad intelectual sobre el campo.

Por ejemplo, ¿quién puede decirse médico? ¿La persona que sana a los enfermos o quien tiene el título de licenciado en Medicina? ¿El chamán que con su saber ancestral cura a quien se deja? ¿El charlatán que con un conjunto de palabras raras y ciertas pócimas hace que se vayan los males? ¿El cirujano capaz de extirpar un tumor? ¿El señor o señora de bata blanca que prescribe un tratamiento sin explicar nada? En nuestra sociedad están bastante acotado y muy clarito. Hemos inventado la noción de ‘profesiones reguladas’ para establecer en el contexto europeo el reconocimiento de ciertas cualificaciones profesionales. Desde ese torreón, en nombre de la protección de los usuarios, se controlan los accesos. Otra cosa son las competencias aprehendidas, –la formación basada en resultados– y lo que se sabe hacer. Pero, tanto con regulación como sin ella, nos podemos encontrar con más de uno y de una que dice tener un título, nos dice que es ‘cursinfleiquer’ colegiado y pretende que creamos que es y sabe hacer lo que dice ser. Como cualquier otro, tendrá que conseguir convencer con las obras, con sus méritos, con sus capacidades que eso que dice saber merece respeto y sirve para algo más que contar un cuento. O sembrar insidias.

Chaime Marcuello es profesor de la Universidad de Zaragoza

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