Opinión

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Banco y farola

Por
  • Enrique Cebrián Zazurca
Intervención artística a partir de la colección personal de libros de Emilio Gastón
Intervención artística a partir de la colección personal de libros de Emilio Gastón
Francisco Jiménez

En los jardines del Palais Royal de París hay un sendero con el nombre de un poeta: Jean Cocteau. A lo largo de ese camino pueden encontrarse bancos con versos inscritos. Allí se lee, por ejemplo, esta cita de César Vallejo: "Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción". Fue Vallejo un autor que influyó en la poética de Emilio Gastón, en su forma de abordar la creación literaria. Contaba Gastón que, cuando era niño, los años que ganaba su madre iba al colegio de los Corazonistas y los años que ganaba su padre iba al Santo Tomás de Aquino, de la familia Labordeta. Los años que ganaba su padre, el escenario de las pirolas era la plaza de San Cayetano. Y a ese lugar, a esa plaza del Justicia (es difícil imaginar una casualidad más afortunada), volvía de vez en cuando, a sentarse en un banco, como en un gimnasio de la memoria.

Ese banco luce hoy una placa con el siguiente texto: "Banco de nubepensador en compañía de Emilio Gastón, abogado, poeta y Justicia de Aragón". Frente a él, una farola de Averly proyecta por la noche sobre el suelo un verso de Emilio: "… y seguiré la lucha en subjuntivo como si pudiera o pudiese". El verso gira formando la imagen de un círculo, que sin embargo no llega a cerrarse del todo. Esa plaza, ese banco, esa farola, esos lugares de memoria nos invitan al recuerdo de quien se dedicó por entero a la defensa de la poesía y los derechos y nos requieren para cerrar el círculo de una vida rellenando ese hueco con nuestra propia historia. Como si pudiéramos o pudiésemos.

Enrique Cebrián Zazurca Profesor de Derecho Constitucional (Unizar) y escritor

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