Opinión

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El político al que le sobra el partido

Albert Rivera
Albert Rivera
Ciudadanos / Efe

Albert Rivera es tan buen candidato, según cree él mismo, que ni siquiera necesita un partido. ¡Dejadme solo!, pareció decir cuando saltó a la política nacional desde el trampolín catalán. Las encuestas daban verosimilitud al ‘candidato del Ibex’ cuando ya se veía convertido en presidente del Gobierno. Tras zambullirse en las aguas españolas, se miró en el espejo francés y se autoafirmó: si en cuatro días Macron ha podido llegar a ser presidente de la República sin tener ni siquiera un partido, yo lo hago mejor con mi formación naranja.

Emmanuel Macron es un líder carismático con hechuras de gran estadista en esta época de hiperliderazgos e hipopartidos. Nadie conoce ni el nombre de su grupo parlamentario fuera de Francia porque él es el mejor ejemplo de una nueva hornada de dirigentes (desde Salvini a Orban) que vencen con mínimas estructuras políticas. Rivera es el epígono español de este fenómeno, pero Ciudadanos es un partido con valores: liberalismo, regenaración, reformismo, lucha contra la corrupción, trasversalidad… Y con ilustres figuras dispuestas a defenderlos: Luis Garicano, Francesc de Carreras, Manuel Valls, Toni Roldán… Y estos empiezan a rebelarse contra el hiperpersonalismo.

Albert Rivera, el adalid de la nueva política junto a Pablo Iglesias, ha cometido el ‘error’ de construir un partido a la antigua usanza, con ideología y gente comprometida. Y ahora se encuentra con que ese puede ser el gran límite a sus ambiciones.

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