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Opinión

La comodidad del PAR

ACTUALIZADA 23/06/2019 A LAS 02:00
Arturo Aliaga y Javier Lambán, en la firma del pacto de gobierno.
Arturo Aliaga y Javier Lambán, en la firma del pacto de gobierno.
José Miguel Marco

El encaje del PAR en el futuro gobierno de Aragón se está midiendo con sumo cuidado, buscando limitar al máximo las contradicciones que puedan sufrir los aragonesistas ante el imprescindible apoyo parlamentario de Podemos. Las tensiones en el seno del PAR existen y Arturo Aliaga está soportando, desde la irreversibilidad de la decisión adoptada, una cierta presión interna, la de una parte del partido que no alcanza a comprender el escenario político que sostiene el futuro pacto PSOE-PAR-CHA, y la que procede de Ciudadanos y el PP, que a esta altura de las conversaciones, y pese a algún aldabonazo final, ya asumen que los próximos cuatro años los pasarán en la bancada de la oposición. Los gestos no son menores y en la votación del pasado jueves que permitió la conformación de la Mesa de la Cortes pudo verse en la papeleta en blanco del PAR destinada a Podemos un primer mensaje de calculada, pero también ponderada distancia. A partir de ahora, los guiños desde la dirección del PAR hacia su cliente interno no van a resultar una cuestión menor.

Javier Lambán sabe que los aragonesistas son la pieza de seguridad de su nuevo gobierno y de la legislatura y por ello se esforzará en garantizar su comodidad. La escuela concertada o la presión fiscal son asuntos que quedarán en el terreno del centro derecha, sin amenazas ni retoques y, especialmente, después de que Nacho Escartín (Podemos) haya entendido que no tiene más remedio que sacrificar una parte de su ideario si no quiere verse reducido a la insignificancia política. Los cinco diputados en las Cortes regionales reflejan a la perfección la realidad de la formación morada, que huye de la posibilidad de una repetición electoral convencida de que una segunda cita rebajaría aún más su representación y también, quizás, hasta podría poner fin a muchas de las carreras políticas personales, hoy seriamente amenazadas por las diferencias internas tras los últimos resultados.

El éxito de la unión PSOE-PAR residirá en las diferentes oportunidades que Lambán ceda a Aliaga para que este pueda vender su papel de agente moderador dentro del Gobierno. Aunque Lambán es el primer interesado en no emprender aventuras que tensionen en exceso al futuro ejecutivo hacia la izquierda, siendo perfectamente consciente de que la transversalidad, la misma que sobre el papel creía que podía haber alcanzado con Ciudadanos, actúa siempre como garantía de estabilidad y continuidad, también asume que a lo largo de la legislatura deberá encontrar los momentos que garanticen su personalidad política. Dentro de este equilibrio, la figura de CHA, en especial el papel desempeñado en la pasada legislatura por José Luis Soro, encaja sin dificultades entre los dos socios de referencia. Con Chunta, el PSOE amarra frente a los críticos su perfil de izquierdas y con el PAR fija centralidad mientras amplía poder territorial. La operación, que como punto más débil tiene la obligación de mirar parlamentariamente a Podemos, se cierra sabedoras todas las partes de su necesidad mutua. El modelo, pese a lo que podría parecer, está más trabado y resulta mucho menos frágil de lo que se intuye. Lambán, que viene de superar una legislatura con 18 diputados autonómicos, y Aliaga, de haber soportado un papel sin relevancia política, han interiorizado que cualquier fracaso de esta alianza les dejaría a ambos en una situación de debilidad que rearmaría a la oposición.

Mientras el futuro Gobierno regional ya se perfila, PP y Ciudadanos se han descubierto en exceso víctimas de las exigencias nacionales, demostrando desde Aragón una limitada capacidad para la resolución de los conflictos locales. Lo ocurrido en Huesca, donde finalmente la popular Ana Alós no ha podido presentar la moción de censura por la falta de respaldo de los naranjas, invita a interrogarse sobre el resultado último del anónimo voto en blanco que dio la alcaldía al socialista Luis Felipe. Buscar el entendimiento a nivel autonómico e ignorar en paralelo la conexión municipal no deja de ser un contrasentido que deja al descubierto una falta de coordinación que solo concede un generoso espacio al futuro gobierno. La cesión por parte del PP a Ciudadanos de un miembro de la Mesa de las Cortes explicita la situación de un partido que pensó en tenerlo todo y hoy corre el riesgo de vivir, con excepción del acuerdo firmado en el Ayuntamiento de Zaragoza, de los espacios que los demás les dejen.

miturbe@heraldo.es

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