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Urrutikoetxea ante la Justicia

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  • Heraldo de Aragón
El etarra fugado llevaba viviendo al menos seis meses en un refugio en Los Alpes donde aseguraba que se dedicaba a la escritura y se desplazaba a pie.
El etarra fugado llevaba viviendo al menos seis meses en un refugio en Los Alpes donde aseguraba que se dedicaba a la escritura y se desplazaba a pie.

Un tribunal de París puso ayer en libertad bajo control judicial a Josu Ternera, pero el etarra fue detenido inmediatamente para que se le notifique una euroorden de extradición emitida por España por el atentado la casa-cuartel de Zaragoza. Después de este trámite, el Tribunal de Apelación deberá decidir otra vez si vuelve a prisión o sale libre. No deja de ser sorprendente e inquietante su liberación a la luz de que costó casi dos décadas su detención, el pasado 16 de mayo, y la gravedad de los atentados que se le imputan.

Por primera vez tras casi 17 años de vivir en clandestinidad, José Antonio Urrutikoetxea podrá pasearse tranquilo por la capital francesa si el Tribunal de Apelaciones de París que ayer dictó su liberación bajo control judicial, apenas un mes después de haber sido detenido en la localidad alpina de Sallanches, confirma su decisión después de que se notifique la euroorden, en un plazo de 48 horas. En cualquier caso, la sorprendente liberación del sanguinario exdirigente etarra no supone paralizar su extradición, por lo que más tarde o más temprano debe ser juzgado en España por el salvaje atentado de 1987 contra la casa-cuartel de Zaragoza en el que murieron once personas, entre ellas seis menores de edad.

Urrutikoetxea ha permanecido huido desde 2002, cuando la Audiencia Nacional le reclamó por su participación, en calidad de dirigente de ETA, en la masacre de Zaragoza. Hasta ese momento pudo evitar los procesos judiciales por su condición de diputado de Euskal Herritarrok y, en el colmo del absurdo, como miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco. Ahora, un exceso de protección al acusado por parte de los jueces franceses no debe ser la vía por la que el etarra vuelva a burlar la acción de la Justicia. Si es puesto en libertad, las fuerzas policiales del país vecino deben extremar su vigilancia para evitar una nueva fuga.

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