Opinión

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Cromos y votos en blanco

Las nuevas corporaciones municipales
Las nuevas corporaciones municipales se constituyeron el sábado 15 de junio.
POL

Observen las últimas 48 horas y descubrirán muchas de las razones que explican la desafección política. Sin madurez para el pacto, los partidos han incurrido en el más letal de los pecados: el mercadeo de última hora de puestos y plazas. No solo no se ha evitado aquello que se criticaba, sino que se ha legitimado el empleo de la presión llevada al extremo como herramienta de negociación.

Las razones de esta chirriante foto finish sobre la que se ha constituido alguno de los más importantes ayuntamientos de la Comunidad hay que buscarlas fuera de Aragón. Sin peso político y a expensas de las decisiones de las direcciones de los partidos, la limitada autoridad de los virreyes ha quedado al descubierto. La intromisión ha sido total y la independencia mínima. Vox Madrid decidió y mantuvo el desafío que impidió durante unas horas el respaldo a Jorge Azcón (PP) y fue también Génova quién decidió sacrificar a Ana Alós para que José Luis Cadena (Cs) se convirtiera, también por unas pocas horas, en alcalde de Huesca. Hurtada la capacidad de decisión, Aragón ha sido el resultado de lo que en cada momento ha interesado a Madrid. Un juego que atendía más a las urgencias de José Luis Martínez-Almeida y Begoña Villacís que al gobierno de los ayuntamientos de Zaragoza y Huesca.

Olvidada la directriz que invita a gobernar a la lista más votada, resulta tolerable el sumatorio de fuerzas siempre que se mantenga una decorosa estética política. En puridad se puede ser alcalde si las matemáticas alcanzan, pero convertirse en el primer rostro de un ayuntamiento como parecía dispuesto Ciudadanos con solo tres de los 25 concejales y 2.700 votos resultaba muy poco aleccionador. Huesca pareció resolver este despropósito la misma mañana del sábado cuando Ana Alós decidió convertirse en alcaldesa y abandonar las dudas que le habían acompañado, pero la fuerza de un caprichoso voto en blanco concedió por sorpresa la alcaldía al socialista Luis Felipe. El dislate cobró forma y siguió engordando cuando los posibles implicados negaron su autoría y la dirección madrileña del PP mostraba su enfado en forma de una amenazante y futura moción de censura. Tanto manoseo habían sufrido los cromos objeto de cambio que todo terminó desparramado por el salón de plenos.

Pese a las sacudidas y los muchos desplantes sufridos estos días, nadie parece haber logrado influir en las direcciones nacionales de los partidos para explicar mínimamente las particularidades de la política aragonesa y lograr, de paso, un poco de respeto en forma de autonomía de gestión. El reto queda pendiente de resolución y de que alguno de nuestros representantes quiera adoptarlo como exigencia propia.

Las razones de esta foto finish sobre la que se ha constituido alguno de los más importantes ayuntamientos hay que buscarlas fuera de Aragón

Madrid debería comprender, por ejemplo, que la consolidación del acuerdo entre el PSOE y el PAR, amarrado desde hace días, ha servido para romper la preconcebida visión de los bloques y para conceder a Arturo Aliaga un papel protagonista que no hubiera logrado integrado en un cuatripartito. Con este pacto Javier Lambán no solo anticipa su oportunidad de volver a gobernar sino que se asegura un importante poder territorial que inaugura cuatro años de renovado control orgánico. Algo también vinculado al resultado final en el Ayuntamiento de Zaragoza. 

Sin mayorías estables ni consolidadas, muchos de los nuevos gobiernos locales nacen amparados en un difícil equilibrio que queda dictado desde fuera. Por ello, apoyarse en piezas locales como el PAR, por pequeñas que sean, concede una estabilidad suplementaria.

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