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Opinión

Te echaremos de menos, Punset

ACTUALIZADA 10/06/2019 A LAS 02:00
Eduard Punset.
Eduard Punset.

Eduard Punset, con su carácter afable, su extensa sabiduría y su infinita

conversación, fue una benéfica inspiración para la sociedad española.

Y realizó una magnífica labor de difusión de las tareas y los avances científicos.

El 27 de abril de 2010, el Senatus Científico de la Facultad de Ciencias de Zaragoza nombró senador honorífico de esta institución a Eduard Punset. Desde entonces el magnífico divulgador forma parte de nuestra institución académica. Con motivo del nombramiento, Punset fue invitado a dar una charla en nuestra Facultad. Pero todo había comenzado la noche anterior.

Un grupo de mujeres empresarias de Aragón le cursó una invitación a una cena privada a la que yo también asistí. Apenas una decena de mujeres, el catedrático de Física Teórica Luis Boya y Eduard Punset, centro de la reunión. No solo fue una cena distendida, fue cálida, sosegada, como todo lo que salía de su mente. Allí lo conocí y me dejó una impronta imborrable.

Al día siguiente, desplegando una actividad poco esperable para una persona que ya había sobrepasado con creces la edad de jubilación, Punset complació todas las peticiones que se le hicieron. Un primer café con él, una rueda de prensa y la primera gran sorpresa del día con la firma de libros. La cola fue tal que incluso llegó a sobrepasar el vestíbulo de la Facultad y hubo gente esperando su turno en la calle. El atractivo del personaje era indiscutible, pues muchos de los que allí esperaban su turno nada tenían que ver con el mundo académico. Punset, todo comprensión, iba dejando una dedicatoria personalizada a todos los que se acercaron.

Después nos impartió una magnífica conferencia en el aula magna. Por si no lo saben, el aforo de la misma es de casi quinientas personas, pero las escaleras y la tarima estaban abarrotadas. Casi tuve que hacerle pasillo para llegar a la mesa. Asistió público de todas clases, todos esperando la disertación de un hombre sabio, pero lo que más me llamó la atención fue el gran número de personas jóvenes que vinieron a escucharle.

Acabamos con un almuerzo convocado por el Senatus Científico, del cual Eduard ya formaba parte por derecho propio. Anécdotas hubo muchas, pero me gustaría señalar la de un muchacho que detuvo su viaje en bicicleta para pedirle una fotografía, a lo que, por supuesto, accedió gustosamente.

Eduard Punset ha sido un personaje de los que una se siente orgullosa de haberlo podido conocer personalmente. Su conversación, infinita pero tranquila, exhalaba sabiduría por todos los lados. Su carácter era afable y dulce. Su escuchar, educado y atento, con una expresión que dejaba claro su convencimiento de que de todo y de todos se puede aprender. Su empatía hacia los demás no tenía límite.

A la pregunta de que si le molestaba que le llamaran Eduardo y no Eduard, no le dio la mínima importancia. Y era lógico, porque él era Punset, muy por encima de que su nombre de pila fuera en castellano o en catalán.

A excepción de su biografía oficial, nadie recuerda a Punset como político y ministro. Dejó sus ciencias sociales, a las que dedicó mucho esfuerzo y trabajo, por divulgar el conocimiento científico más puntero y cómo este serviría para mejorar nuestras vidas. Curioso y escéptico a partes iguales, pues llegó a afirmar que dudaba incluso de su propia muerte. Tal era su fe en el ser humano y su capacidad de progreso.

Para todos los que nos dedicamos a la ciencia, ver que un profano entiende tan a la perfección nuestro trabajo que es capaz de transmitirlo a la sociedad es un hecho muy reconfortante. La divulgación es una difícil tarea que no siempre sabemos llevar a buen puerto los que nos dedicamos a la investigación. Para nosotros, Punset ha sido ayuda, ejemplo y maestro. Para la sociedad, inspiración.

Su marcado acento catalán plagado de ‘seny’ lo caracterizaba. Cómo añoramos hoy en esta España tan revuelta volver a oír discursos con la misma entonación y el mismo sentido común. Punset, ¡cómo te echamos de menos!

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