Opinión

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Primer capítulo

Aliaga y Lambán en su reunión de este viernes
Aliaga y Lambán en su reunión de este viernes
José Miguel Marco

Lambán (PSOE) necesitaba cerrar el acuerdo con Aliaga (PAR) para sujetar el Gobierno de Aragón y bloquear la constitución de un posible cuatripartito de derechas. El esfuerzo se centra ahora en incluir a Ciudadanos en el futuro Ejecutivo, si quiere.

Ciudadanos puede inclinar la balanza, pero el PAR es la pieza que da sentido a todo el puzzle. Sus tres diputados regionales quitan y dan mayorías y son tan importantes para Javier Lambán (PSOE) que todo su esfuerzo se ha centrado en garantizar un acuerdo inquebrantable con los aragonesistas. Cerrado el pacto, Lambán y Arturo Aliaga (PAR) darán forma a un gobierno que sin ninguna duda prefiere a Ciudadanos, aunque en caso de fracaso no tendría inconveniente en mirar hacia José Luis Soro (CHA). Este tripartito, que no alcanzaría los 34 diputados necesarios para la mayoría absoluta, nacería débil y en permanente dependencia parlamentaria de Podemos, una circunstancia poco deseable que conoce bien Lambán y que como contraprestación obligaría a ceder a los morados la presidencia de las Cortes.

Aunque el tiempo se agota (el sábado día 15 se constituyen los ayuntamientos) y nada puede darse por totalmente cerrado, Ciudadanos aún mantiene la cuerda medio tensa. Afectados por la estrategia nacional de Albert Rivera y por el convencimiento de que un cuatripartito de derechas –donde el PAR ya ha dejado claro que no quiere estar– podría dar la presidencia a Daniel Pérez en detrimento de un Luis María Beamonte (PP) que guarda un elocuente silencio, los naranjas caminaban hasta el viernes en exceso confiados en que un giro de última hora podría descabalgar a Lambán. Tan estirada estaba la cuerda que primero corrió un severo riesgo de ruptura y más tarde la cuestión pasaba por ver cómo debía ser recogida. Si las relaciones personales entre Lambán y Pérez quedaron tocadas en campaña, estos últimos días solo han servido para erosionar aún más un trato que, si finalmente hay un acuerdo de amplia base PSOE-Ciudadanos-PAR, tenderá a normalizarse.

En todo este proceso de declaraciones cruzadas no dejaría de haber una importante sobreactuación de Ciudadanos, condicionado por la búsqueda de una justificación futura que sirva para aplacar a sus votantes en caso de un acuerdo con el PSOE (vendido para frenar a Podemos) y por la voluntad de ofrecer un relato político que sostenga un posible apoyo al PP en el Ayuntamiento de Zaragoza, sabiendo que Lambán quiere amarrar primero la DGA. Pérez ha buscado esforzarse al máximo por lograr un acuerdo de las derechas y el resultado de ese ‘mismo fracaso’ podría ser el que le empuje a entrar en el Gobierno autonómico PSOE-PAR para ‘centrarlo’ a cambio (al menos sobre el papel) de la presidencia de las Cortes, la vicepresidencia del Ejecutivo, varias consejerías e, incluso, un senador autonómico.

El nacimiento del Gobierno «centrado y moderado» que busca Lambán, en su momento apalabrado con Rivera, está costando más de la cuenta, en especial porque Aragón no deja de ser considerado como un apartado menor dentro del tablero nacional y porque, además, se está demostrando una abierta desconexión entre las direcciones aragonesas y sus respectivas centrales. Aunque Lambán cuenta con una mayor autonomía de movimientos, en especial por el respaldo del PAR (oficializado con una significativa fotografía en las Cortes), algo que le permite moverse a izquierda y derecha, Ciudadanos se encuentra a la espera de lo que ocurra con Madrid, Castilla y León y Murcia. Una vez se cierre la Asamblea de Madrid a principios de semana, las piezas del dominó comenzarán a agolparse una tras otra y comunidades y ayuntamientos caerán del lado fijado.

El color político que finalmente tiña al Ejecutivo aragonés, en especial por el perfil y la condición de barón con la que cuenta Lambán, puede concederle la naturaleza de rareza nacional, algo que Ciudadanos debería aprovechar en beneficio propio y en el de una geometría variable que a largo plazo puede concederle interesantes réditos. La falta de uniformidad en los acuerdos otorga a los de Rivera, tanto en Aragón como en España, una ganancia de visibilidad y una mayor preponderancia sobre los populares, imposibilitados para cualquier acuerdo de gobierno con los socialistas.

El PAR, cómodamente instalado junto al PSOE después de haberse sentido maltratado y ninguneado por el PP, sabe de la gran oportunidad que tiene ante sí y también del importante alivio que representa, pese a la paradoja descrita, no contar con una representación en el consistorio zaragozano que, a buen seguro, habría hecho que las cosas hubieran fructificado de manera bien distinta.

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