Opinión

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Centralidad descentrada

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    Los partidos valoran los resultados de las elecciones autonómicas y municipales en España
    Pedro Sánchez alerta de la ultraderecha, pero él puede pactar en Navarra con el separatismo vasco
    Agencias

    La política es terreno abonado para los clichés y las etiquetas de amplio espectro, como los antibióticos. Estos días, por ejemplo, todo el mundo habla –con significado dispar– de estabilidad y de centralidad, básicamente para referirse a la consecución de gobiernos o evitar los del adversario. Incluso el presidente en funciones de Aragón, el socialista Javier Lambán, que con un tercio de los votos en una Cámara de ocho grupos tiene prácticamente asegurada su reelección con distintas opciones de pacto, invoca por si acaso una “centralidad sin extremismos”.

    Sin embargo, se habla muy poco o nada de coherencia, que es concepto unívoco: hacer lo que se dice en lugar de lo contrario, no reclamar a los demás lo que no se exige uno mismo. En el ámbito de esa centralidad incoherente, descentrada, vive instalado el máximo exponente de la política nacional, el presidente Pedro Sánchez. Dice que en Europa preocupan los posibles pactos con la ultraderecha, como si él hubiera llegado a la Moncloa bajo el canto de los ángeles y no gracias a los separatistas radicales.

    Ahora aspira a gobernar las doce comunidades donde ha habido elecciones, lo que desvela su intención de pactar en Navarra con la delegada del nacionalismo vasco anexionista, Uxue Barkos (Geroa Bai), sin hacer ascos a la abstención de Bildu. Queda claro que su concepto de centralidad se limita a seguir en el centro del poder, pues el PNV ya le ha advertido de que debe pasar por ese aro si quiere su voto en la investidura. Pero eso no, eso no parece preocuparle ni a él ni al PSOE. Menos ahora que sabemos que su padrino Zapatero llegó ofrecer a ETA un gobierno conjunto para Euskadi y Navarra. Centralidad sería...

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