Opinión

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Desarrollo sostenible

Por
  • Francisco José Serón Arbeloa
Sede de Naciones Unidas en Nueva York.

El desarrollo económico se puede definir como la capacidad de los países o las regiones para crear riqueza a fin de mantener la prosperidad o el bienestar económico y social de sus habitantes. Y al parecer el crecimiento económico continuo y sostenido es una de las metas de toda sociedad y el mismo implica un incremento notable de los ingresos, y una mejora de la forma de vida de todos los individuos de una sociedad.

Si se observa el mundo desde la atalaya de un país desarrollado lo que se suele ver es pobreza y escasez. Ahora bien, si miramos ahora hacia los países desarrollados, al parecer una gran parte de la humanidad estamos volviendo al capitalismo privado como sistema dominante de las economías de mercado, en contra de los fundamentos teóricos de la intervención pública y de la regulación del capitalismo. Ese planteamiento nos está conduciendo a una economía descontrolada y con consecuencias extremadamente negativas para los países que no puedan oponérsele. No hay más que ver el aumento de los monopolios, ese ‘mercado’ del que se habla y que al parecer pretende adueñarse de los recursos con fruición, los ricos cada vez más ricos, ese lucro por el lucro que busca de manera imparable maximizar las ganancias, minimizar los costes y externalizar cuando sea necesario. Todo ello conlleva un aumento del desequilibrio, del desempleo y, de paso, la alteración y el deterioro de diferentes factores ambientales.

Para muestra, un botón desasosegante. El 6 de mayo, apareció en distintos medios de comunicación del mundo la noticia de la publicación de un informe de la ONU sobre el impacto del ser humano en el planeta. Al parecer un millón de especies están amenazadas por el efecto de los humanos sobre la naturaleza, debido a nuestra inacabable demanda de comida y combustible. Es evidente que sin una acción radical los esfuerzos actuales por conservar los recursos de la tierra fracasarán.

Pero todavía hay esperanza. Tras un proceso de negociación que involucró a 193 Estados miembros de la ONU, el 25 de septiembre de 2015, los líderes mundiales aprobaron en una cumbre celebrada en Nueva York en reunión plenaria de alto nivel de la Asamblea General, una Agenda que lleva por título ‘Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible’ y que entró en vigor el 1 de enero de 2016. Son 17 objetivos y 169 metas que incluyen aspectos como el cambio climático, la protección del medio ambiente, la desigualdad económica, el hambre, la innovación, el consumo sostenible, la paz, la justicia... Va dirigida a todo el mundo, a los ricos y a los pobres, a los gobiernos, al sector privado, a la sociedad civil y a personas como usted y como yo. Sí, sí, el cambio empieza por nosotros. De verdad. Todos y cada uno de los seres humanos del mundo, hasta los más indiferentes y perezosos, formamos parte de la solución.

Ahora, recordemos cuatro cosas. La primera, que «inútil es reprender a quien caso no va a hacer». La segunda, que la evolución biológica ha originado la diversidad de formas de vida que existen sobre la Tierra; y que las extinciones no son un acontecimiento inusual, de hecho, la práctica totalidad de las especies animales y vegetales que han vivido en la Tierra están actualmente extinguidas. La tercera, la hipótesis de los trastornos ambientales como causas de las extinciones masivas acaecidas, en las que desaparecieron entre un 75% y un 90% de las especies vivas, ha sido confirmada. La cuarta, la extinción actual está asociada con la expansión de la humanidad por el globo terrestre en los últimos milenios, y es posible que el calentamiento global la acelere aún más en el futuro.

Conclusiones: no hay peor ciego que el que ya vio la realidad, no se involucró y decidió volver a cerrar los ojos. No seamos así, en nuestras manos todavía está eliminar la amenaza, o hay desarrollo sostenible o no habrá desarrollo.

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