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Opinión

Segunda vuelta

ACTUALIZADA 02/05/2019 A LAS 02:00
Debate electoral en RTVE
Debate electoral en RTVE
Agencias

Salimos de una y entramos en otra. La competición electoral no ha terminado. De momento, la victoria de Sánchez hace creer al PSOE que han ganado. Y, ciertamente, así es. Pedro Sánchez ha vencido y conseguirá ser presidente de España e incluso gobernará. No se sabe por cuánto tiempo, cómo y con quién lo hará. Sin embargo, las cuentas del 28 de abril no garantizan al PSOE ni los mismos ni mejores resultados en las elecciones autonómicas y municipales del 26 de mayo. Es decir, puede pasar de todo. En nuestro caso, en unas semanas nos jugamos el futuro de Aragón, de nuestro país, y de los municipios donde vivimos las y los aragoneses. Es harina de otro costal. Entre otras cosas, porque ni los contendientes son los mismos, ni las expectativas pueden ser las mismas, ni tampoco se vota con las mismas lógicas. Vamos por partes.

Primero, ahora la contienda amplía el número de jugadores. El aragonesismo político que no quiso presentarse a las generales, haciendo mutis por el foro, tiene la obligación de pelear su espacio propio. Esto inmediatamente altera el panorama, al menos como posibilidad. Porque no sabemos si el PAR repetirá los 45.577 votos que obtuvo en 2015, ni si CHA conseguirá los 30.334 de hace cuatro años. Sin lugar a dudas, la sombra del independentismo catalanista ha hecho mucho daño y hoy es necesario explicar mejor y con más claridad qué aporta un partido estrictamente aragonés a las gentes de Aragón. No porque sea obvio resulta prescindible. Al contrario, en estas elecciones tanto el PAR como CHA se juegan su futuro. Y lo saben. Como también lo saben los demás partidos. Esto es así en las elecciones autonómicas y en las municipales. En este segundo caso, el abanico de contendientes incluso se multiplica. Basta con tomar el ejemplo de la ciudad de Zaragoza, la oferta ya no se reduce al menú de las generales, ni siquiera a las opciones de hace cuatro años. A simple vista parece evidente que quienes seguro que pierden son quienes antes fueron en común. El tándem Santisteve-Broto vs. Barba-Rivarés es una batalla nueva y ya sabemos que por separado no conseguirán lo que tuvieron juntos. La división no suma.

Segundo, las expectativas y las promesas ya no son solo esos cromos intercambiables para toda España. Aquí estamos en otro territorio, con singularidades destacables y problemas específicos. Somos un país de grandes dimensiones. Con más kilómetros cuadrados que Holanda, que Bélgica, que Suiza, que Eslovenia… y con muchos menos habitantes, lo que nos permite saber quién es quién con más facilidad. Además, también es más palpable lo que ha pasado en los últimos cuatro años de gobierno autonómico y municipal. Sabemos qué han hecho y qué han dejado de hacer quienes nos han gobernado, por eso también sabemos qué podemos esperar.

Tercero, las lógicas de decisión de voto cambian en entornos de proximidad. Es decir, es muy probable que vote a mi primo como alcalde de mi pueblo, aunque a su partido nunca le daría ni media en las elecciones generales. O lo contrario. Ejemplos en esto hay para todos los gustos, pero lo que sí que sabemos es que las decisiones, en la mayoría de los municipios aragoneses, están asociadas a las personas con nombre y apellidos que conocemos desde hace tiempo. Aquí no cuentan solo las siglas. Es algo más.

El PSOE ha vuelto a ser la fuerza política más votada en unas elecciones generales. Algo que Javier Lambán —el presidente de nuestro país, de Aragón— reconoció en su primera comparecencia que no creía que volvería a ver. El milagro se ha producido. Sánchez podrá gobernar con menos malabarismos. Tiene 123 escaños y, además, controla el Senado, algo inusitado en las últimas décadas. El PP de Casado se ha dado un batacazo monumental. ¿Le sucederá lo mismo a Beamonte en Aragón? ¿A Azcón en Zaragoza y a Buj en Teruel? Hay quien dice que si se mantienen en lo que han sido y saben hacer, no perderán tanto e incluso pueden recuperar. No está nada claro que el partido de Rivera repita el resultado en lo próximo. Si el aragonesismo sabe jugar sus cartas, ésta es su oportunidad. De momento, esto acaba de empezar.

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