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Opinión

Escaramuzas estériles

Por
  • Heraldo de Aragón
ACTUALIZADA 17/04/2019 A LAS 02:00
Luisa Broto, Pedro Santisteve y Alberto Cubero, con cara de circunstancias en la sede de ZEC
Luisa Broto, Pedro Santisteve y Alberto Cubero
José Miguel Marco

El Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza protagonizan un nuevo choque institucional a pocas semanas de la cita con las urnas. El alcalde Santisteve amenaza ahora con acudir a los tribunales si la DGA no entrega a la ciudad parte de los edificios de los antiguos juzgados de la plaza del Pilar que son la nueva sede del Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS). Tanto postureo resulta tan agotador como estéril para el conjunto de la ciudadanía.

Cuando apenas queda mes y medio para las elecciones autonómicas y municipales, el grupo de ZEC lanza una nueva escaramuza contra el Ejecutivo encabezado por Javier Lambán, a pesar de que fueron los votos del PSOE los que hicieron a Pedro Santisteve alcalde de la ciudad y los que lo han mantenido en el principal sillón de la plaza del Pilar. Por sorpresa, el Ayuntamiento de Zaragoza ha dado un ultimátum al Gobierno de Aragón para que, en el plazo de un mes, haga entrega a la ciudad de parte de los edificios que conformaban los antiguos juzgados de la plaza del Pilar. De lo contrario, acudirá a los tribunales para «defender el patrimonio de los zaragozanos». Esta amenaza es una medida de presión para que la DGA acepte y ejecute el acuerdo que alcanzaron ambas administraciones hace más de dos años para el uso conjunto de las instalaciones.

Lo cierto es que se trata de un antiguo conflicto. Aunque se ha intentado ejecutar un acuerdo beneficioso para la ciudad, al final se ha visto contaminado por las tiranteces entre el PSOE y ZEC, que ahora se agudizan con las inminentes citas electorales. De hecho, la advertencia de ZEC de acudir a los tribunales llega pocos días después de que el Ejecutivo autonómico hiciera lo propio respecto al plan municipal para el parque Pignatelli. Estas escaramuzas preelectorales no propician, por supuesto, la mejoría de la ciudad, pero tampoco la reconquista de los electores huérfanos.

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