Opinión

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Procés

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    Un momento de la vista oral del juicio a los dirigentes independentistas.
    Efe

    El juicio del 'procés' es el penúltimo episodio de la crisis catalana, pues nadie sabe el escenario que se abrirá tras la sentencia. Tampoco es sencillo explicar cómo hemos llegado hasta este punto, pero, aun consciente de que admite matices, he aquí una breve nota.

    En el año 2003, el tripartito terminó con veinte años de pujolismo, pero las fuerzas progresistas, y en especial el PSC, lejos de resituar el debate político en el eje izquierda-derecha, continuaron bebiendo del mismo pozo ideológico que los convergentes. Los socialistas impulsaron la reforma del Estatut para evidenciar que el pujolismo no había hecho los deberes en materia de autogobierno. De aquellos polvos salió un nuevo Estatuto que a nivel competencial aportaba muy poco, pero que planteaba serios problemas de constitucionalidad.

    ​El siguiente actor responsable de esta crisis fue el PP que, al tiempo que recurrió el Estatut ante el Tribunal Constitucional, aprobó para Andalucía otro Estatuto, también constitucionalmente discutible, pero que nunca llegó a recurrir. El sentimiento de agravio en Cataluña germinó, si cabe, con más fuerza.

    Los nacionalistas llegaron tarde, pero desde entonces han roto varias veces, y definitivamente, la baraja. Para empezar, cuando tras la amable sentencia del Estatut, que cabía leer en positivo, no se manifestaron a favor de una reforma constitucional, sino en contra de un Tribunal. El pulso que echaron a partir de ahí al Estado constitucional solo podía llevarlos a donde están sentados hoy.

    Pablo Guerrero Vázquez es profesor de Derecho Constitucional (Esade)

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