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Opinión

La maldición del petróleo

ACTUALIZADA 04/02/2019 A LAS 05:00
Una Venezuela dividida se mide en un pulso en las calles entre Guidó y Maduro
Una Venezuela dividida se mide en un pulso en las calles entre Guidó y Maduro
REUTERS/Andres Martinez Casares

Venezuela es hoy víctima de la represión política, el deterioro económico, el desabastecimiento de productos básicos y de un agravamiento de la violencia criminal. Nicolás Maduro ha multiplicado la división de un país que es un ejemplo perfecto de la doctrina conocida como ‘la maldición de los recursos’: las reservas de petróleo y el avance de las libertades van siempre en direcciones opuestas en países ricos en ‘oro negro’. Ahí están, además de Venezuela (la nación con más reservas del mundo), Rusia, Irán, Arabia Saudí, Guinea Ecuatorial, República Democrática del Congo, Nigeria, Qatar...

Venezuela, además, tiene la desgracia de haberse convertido en escenario de la última batalla geoestratégica entre grandes potencias. Rusia (ansiosa por reverdecer su pasado imperial) y China (ávida de materias primas) ya han adoptado a Maduro como su títere en el pulso que mantienen con Estados Unidos por el control del sur de América. Para Putin y Xi Jinping, Caracas es su cabeza de puente, pero para la Administración Trump vuelve a ser el patio trasero de EE. UU., como en la Guerra Fría. Por eso la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente paralelo de Venezuela es considerada como una operación diseñada en Washington.

El apoyo de Moscú y Pekín garantiza a Maduro que sobrevivirá al ostracismo internacional, igual que lo han hecho Irán y Corea del Norte. En realidad, los únicos que pueden echarlo son los generales de la cúpula militar. Pero, por ahora, estos prefieren mantener el ‘status quo’ que les ha permitido ser los grandes beneficiados del robo de los gigantescos recursos naturales.

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