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Opinión

Desde la cocina de Waterloo

Por
  • Esperanza Pamplona
ACTUALIZADA 02/02/2019 A LAS 05:00
Casa de Carles Puigdemont en Waterloo
Casa de Carles Puigdemont en Waterloo
Heraldo.es

Puigdemont da entrevistas desde su casa en Waterloo. A veces toca el piano. Se ha convertido en un personaje recurrente para todo tipo de programas en las teles europeas. Cualquier día emula a Bertín Osborne, pero en versión políglota. Hasta los taxistas viajan allí para pedirle amparo, como si fuera la Moreneta. Seguro que hay turistas cada día en la puerta de su casa para hacerse fotos.

Ya ha formado su propio partido y ahora se quiere presentar a las elecciones europeas. Y no se priva de anunciar en la prensa rusa a bombo y platillo unas futuras y amistosas relaciones con el régimen de Putin. Incluso se alinea con la política del Kremlin en contra de la UE.

Cataluña no se merece semejante personaje. Es normal que Junqueras le lance pullas en la prensa francesa: "Sócrates y Séneca pudieron huir y no lo hicieron", le espetó hace unos días. Mientras, el atrincherado en Waterloo amenaza con "hablar" cuando pase el juicio del ‘procés’.

Ese juicio se perfila como una bomba para el independentismo catalán, dividido en la base y en la cúpula, con egos enfrentados y personajes impredecibles e inoportunos que campan a sus anchas. No sé si haber llegado a este punto es fruto de una estrategia o de la improvisación, pero parece que funciona.

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