Ocio y Cultura

"El respeto al lector es una clave mayor del periodismo"

"El respeto al lector es una clave mayor del periodismo"
G. Mestre

La noticia del premio...

... ha sido una completa sorpresa para mí. 

Blecua es el otro premiado. 

Es una honorable compañía, la verdad. Lengua y periodismo van de la mano, por definición. En el ejercicio del periodismo, el grado cero de la profesión es el uso correcto de la  lengua, sin él todo falla. A partir de ahí se construye lo demás.

Sus primeros recuerdos vinculados a HERALDO, como en el caso de Blecua, seguro que son infantiles. 

Claro. El periódico estaba en las casas de mi familia: mi padre lo compraba y mis abuelos maternos eran suscriptores. Lo primero que leía, y lo sigo haciendo aún, eran los titulares. Me gustaban mucho las columnas literarias a cuyos autores admiraba, y los artículos de periodistas como Fabio Mínimo (Pascual Martín Triep), que, al mismo tiempo que contaban lo que estaba pasando, te lo valoraban. Lo primero que hago todas las mañanas al levantarme es buscar el ejemplar del HERALDO. Empezar el día leyéndolo me da, digamos, un confort síquico. 

Se decantó muy joven por la Historia pero siempre ha tenido una estrecha vinculación con el periodismo. ¿Recuerda cuál fue el primer artículo que publicó, y su contenido?

La verdad es que no lo recuerdo... Ni siquiera estoy seguro de que lo publicara en HERALDO. Pudiera ser uno que escribimos un grupo de amigos, recién salidos de la adolescencia, alertando de que el Ayuntamiento quería prolongar el paseo de la Independencia hasta la plaza del Pilar, arrasando con todo lo que hubiera a su paso. Tras hablarlo con el alcalde Alierta, cuya venia nos exigieron, el artículo apareció en ‘El Noticiero’. Luego llegó ‘Andalán’ y en torno al año 72 empecé a aparecer en las páginas de HERALDO. 

Y desde entonces es una de sus firmas más destacadas. 

Tuve un hueco en ‘Artes y Letras’ y poco a poco el periódico me fue haciendo encargos acordes a mi condición de historiador. Uno fue la primera producción propia en fascículos que hizo HERALDO, una ‘Historia de Aragón’ muy aceptable. En fin: todo se mueve y desde 1895, HERALDO no ha parado, ha hecho ocho o nueve cambios tecnológicos. 

Y dirigió el periódico desde el año 2000 hasta el 2008.

Tardé unos días en aceptar la propuesta, principalmente porque no soy periodista, aunque conocía y quería mucho a HERALDO y a quienes escriben en él. Lo hablé con Concha, mi mujer, y me dijo que era la oferta más bonita que me habían hecho nunca. Quizá sabía lo que yo quería oír... 

¿Qué valora más de esa etapa?

Muchas cosas: la campaña contra el trasvase, las informaciones pioneras sobre la tragedia del Yak-42... Comprobé que, cuando se movilizan la solera y la inteligencia colectiva de una redacción estupenda como la de HERALDO,   se hacen periódicos magníficos. Eso explica, por ejemplo, que en la edición especial del atentado de la estación de Atocha, que salió a la calle a las dos de la tarde, ya apareciera en primera página la hipótesis de Al-Qaeda. 

Sus artículos en defensa de Aragón son los más leídos. 

No sé muy bien, ni me envanezco por ello. Aragón tiene problemas serios, de monocultivo industrial, de comunicación con Europa... y de escasa inversión en investigación, que hay que denunciar.

¿Cuáles son hoy las claves del periodismo?

Una clave mayor es el respeto al lector. No concibo el mundo sin periodismo y el de HERALDO busca editar informaciones y opiniones a las que el lector da crédito. Es el ‘secreto’ de HERALDO.

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