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Opinión

Los héroes también lloran

Por
  • Javier López Clemente
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 11/11/2022 A LAS 18:08
Irene Alquézar en un momento de la obra 'Edipo'.
Irene Alquézar en un momento de la obra 'Edipo'.
T. T.

El psicoanálisis fue injusto con Edipo cuando le asignó un complejo que no merece. El héroe por méritos propios, que termina expiando la responsabilidad de sus actos para aplacar la ira de los dioses y beneficiar a la comunidad, no sintió ni el deseo del incesto, ni la necesidad de matar al padre. La desdicha de su vida es un capricho del destino.

La escenografía propicia un ambiente poético que separa con gusto y eficacia los hechos reales y presentes de las acciones ocultas, recuerdos y fantasmas. La adaptación acierta con la externalización de la voz del corifeo en dos ciudadanos, para que los diálogos y la función narrativa se conviertan en la melodía de un coro acompañado por percusiones, flautas y efectos sonoros.

edipo
AutorSófocles. Adaptación de Alfonso Plou
CompañíaTeatro del Temple, con la producción de María López Insausti
DirecciónCarlos Martín

La dirección organiza con claridad el espacio, potencia una representación grupal que difumina el binomio protagonista/antagonista, y reduce la dosis de tensión del conflicto trágico que, dibujado en los duelos dialécticos o en la coreografía de los báculos, se diluye en el arco dramático de un héroe sabio y sensato, que no termina de decantarse en el hombre al que, una vez descubierta su fatal peripecia, Sófocles describe como "desesperado". Esa contención engrandece al personaje y lo simbólico de su castigo, pero reduce el impacto emocional en el espectador que ya conoce su desventura, cuando Edipo descubre la fragilidad de su felicidad frente al infortunio propiciado por los dioses y sus oráculos.

El trabajo actoral aliña el texto con soltura, buena dicción y compromiso con la verdad escénica, hasta conseguir el empaque de una liturgia un tanto deshumanizada; quizás por eso destacan las trasformaciones de Chavi Bruna y Francisco Fraguas que pasan de la solemnidad a un mensajero grotesco que aligera la tensión, y a un tosco pastor que certifica la tragedia.

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