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Jean Pierre Bailly: “Me encanta esta pequeña gran ciudad, aquí hay calidad de vida”

El guitarrista, cantante y compositor francé (Vichy, 1966) vive en Zaragoza desde hace 25 años. Su banda, Gancho Drom, presenta su disco, ‘Lilliput’ este viernes 4 de noviembre en el Centro Cívico Delicias (20.00, 10 euros anticipada, 15 con cedé)

Jean Pierre Bailly, con una guitarra liliputiense del expositor de Discos Linacero, en el Caracol.
Jean Pierre Bailly, con una guitarra liliputiense del expositor de Discos Linacero, en el Caracol.
Guillermo Mestre

Es el suyo un disco liliputiense que encierra música grande…

¡Gracias! Bueno, la única canción en español es un diálogo entre enanos, con aliteraciones y juegos de palabras, y hay otra llamada ‘Fils de Lilliput’, por ahí viene la cosa. Me gustan las aliteraciones, la paronomasia y otros juegos fonéticas y semánticas… de hecho, he escrito dos novelas, y estudié Lengua y Literatura francesa. Ahora, tras 25 años de estancia en Zaragoza, mi español empieza a ser aceptable. Ya soy francomaño.

Quien conoce a Gancho Drom asocia al grupo con el gran Django Reinhardt. En este disco sigue presente, pero menos, ¿no?

Hay tres versiones de Django con nuevos arreglos, tempo y en algún caso, letras; un tema de Fernando Salinas, que está desde el principio en el grupo, y las demás son mías. Sí es verdad que vamos más allá del jazz manouche; quería escuchar mi propia voz, y como guitarrista he tratado de estudiar todas las músicas que he podido. El disco es una evolución natural que incluye rumba, bossa… desde la primera canción, ‘Sans Merci’, se oyen otras cosas. ‘Anouman’, ‘Babik’ y ‘Nuits de Saint-Germain-des-Près’ pertenecen a la época menos popular de Django, tras la Segunda Guerra Mundial.

Babik era el nombre del hijo de Django: otro gran guitarrista.

Y el barrio de Saint-Germain-des-Près era la gran zona bohemia de París; quería recrear aquella atmósfera. ‘Anouman’ es una de las canciones que más disfruto en este disco, le he dado la vuelta por completo; es una balada sentimental, que salió en 1953, el último año de la vida de Django. No me extrañaría que hubiese sido el último tema que compuso.

¿Le falta romanticismo a nuestra sociedad actual?

¿El de verdad, dices? Yo entiendo ese sentimiento como una actitud vital; no soy dado a ello en las canciones, suelo ir más por el sarcasmo y el humor, pero hay sitio para otras sensaciones en este disco. Me emociona un buen fraseo de guitarra, una idea sugerente… y las pequeñas cosas del día a día.

Gancho Drom es una familia que ha cambiado de miembros.

Está mi pareja, Virginia Soto, en voz principal de varios temas junto a mí, y también en los coros; tenemos a musicazos asentados en Zaragoza. amigos como Toto Sobieski o Thomas Kretzschmar, y Fran Gazol en la guitarra esta vez, cumpliendo la función rítmica de la batería, que es su instrumento. Fletes nos apoyó en un tema de la grabación, Javito ya no está pero pasó muchos años en el grupo… estoy muy contento con la actual formación, ojalá podamos seguir mucho tiempo.

Tras un cuarto de siglo en Zaragoza, ¿qué le atrapa la retina de la ciudad a día de hoy?

Antes de asentarme aquí ya conocía bien España, estaba enamorado del país y lo había recorrido durante 10 años. Venir a Zaragoza fue casualidad; me llamaron del Instituto Francés, trabaje de bibliotecario allá durante otra década. Me había hecho a la idea de estar un par de años aquí, y ya ves… me encanta esta pequeña gran ciudad, aquí hay calidad de vida.

¿Hay química en lo personal?

Me gusta el carácter zaragozano; no he pensado en Barcelona o Madrid como destinos permanentes, prefiero ir de visita. Al principio viví en la calle Heroísmo; un día recuerdo haber bajado a la panadería y darme cuenta de que me faltaban cinco céntimos. La dependienta me dijo “no te preocupes, cariño, me los das mañana”. ¡Aluciné! En Francia no pasa eso.

Algo no le gustará.

Pero no de Zaragoza, sino de España entera, se está europeizando un poco. Me gustaba más el ambiente de fiesta que se estilaba de mis años jóvenes, lo que veo ahora no me va tanto; creo que prefiero haber nacido cuando nací.

También le tira el monte.

Mucho, soy montañero y en Aragón está el Pirineo más bonito, puedo decirlo porque lo conozco entero por los dos lados. No me canso de explorarlo y sigo descubriendo maravillas.

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