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Juan Manuel Bonet: "Aragón participó en la modernidad artística española"

El exdirector del Ivam, del Reina Sofía y del Instituto Cervantes repasa su trayectoria y explica el lugar de los vanguardistas aragoneses en España

Juan Manuel Bonet acaba de estar en Zaragoza para hablar del ultraísmo y de los artistas polacos.
Juan Manuel Bonet acaba de estar en Zaragoza para hablar del ultraísmo y de los artistas polacos.
A. C. /Heraldo.

Nacido en París en 1953, es uno de los grandes sabios del arte y la literatura del siglo XX. Ha sido director del Ivam de Valencia, del Centro de Arte Reina Sofía y del Instituto Cervantes, en París, y del central en Madrid. Ha publicado libros de poesía, numerosas antologías y estudios de arte, entre ellos el 'Diccionario de las vanguardias de España', y es comisario de exposiciones y autor de numerosos catálogos. Es un apasionado del rastro. Acaba de pronunciar en el Paraninfo una conferencia sobre Polonia y el ultraísmo. Y allí, antes de que empezase a desarrollar el carrete interminable de su erudición y de su memoria, recibió un hermoso regalo: la primera edición de 'Epilírica' de Miguel Labordeta de manos de las hijas de José Luis Lasala, tan recordado y tan querido por él.

¿Qué es usted: poeta, crítico literario o historiador del arte? ¿Cómo se define?

Soy poeta, alguien que se mueve entre el arte y la literatura. Empecé siendo crítico de arte, pero cuando se es poeta es un poco el fuego central, como decía Benjamin Péret. Hay un tradición muy francesa que es la del poeta que se dedica a la crítica de arte.

Charles Baudelaire, por ejemplo.

Baudelaire, Apollinaire, André Breton. Esa tradición me interesa y en España es la de Gómez de la Serna, y en el mundo hispánico es la de Octavio Paz, que es un poeta que había escrito francamente bien sobre pintura.

¿Cómo le pesa su condición de exdirector del IVAM, del Reina Sofía, del Instituto Cervantes?

Son épocas muy específicas en las cuales he tenido responsabilidades y he intentado estar a la altura de la historia de esos museos y aportar mi granito de arena. Quise estar a la altura en el Instituto Cervantes, primero en París, casi cinco años, y luego por algo más de un año de la dirección general del Instituto Cervantes en Madrid. En ese caso, tengo más recuerdos de París que de la época madrileña que fue un poco fugaz.

¿Y?

En cualquier caso, son instituciones que me impresionaban y me enorgullecía estar al frente de ellas. He aportado lo que he podido a cada una de ellas. Y si se fija hay temas que vuelven.

¿A qué se refiere?

Yo he trabajado mucho el tema del ultraísmo, y a eso he venido a Zaragoza: a hablar de los artistas polacos que vienen a España con la I Guerra Mundial. He seguido haciendo cosas en torno a eso. O en torno a Max Aub. En mi época en el IVAM hice una exposición sobre él, primero en la Fundación de Segorbe y luego fue a Valencia. Es uno de mis hilos más conductores porque en la época mía del Museo Reina Sofía hicimos una exposición de Josep Torres Campalans (un pintor imaginario creado por él), que además jugamos a no poner el nombre de Max Aub ni en el lomo ni en la cubierta ni en la portada.

"Uno no deja de ser poeta nunca. Hay cosas inolvidables: recuerdo cuando me llegaron los ejemplares de mi primer poemario: ‘La patria oscura’ (1983), y los ves ahí. Esa emoción es para siempre"

Le han criticado a veces porque, sostenían, era usted un director muy literario.

No. Le niego la mayor, aunque sí es cierto que lo decían.

Historicista…

Historicista sí, pero vamos a ver: he intentado hacer en los sitios que he estado menús variados y atendiendo a públicos muy diversos. Lo tenía claro en París, donde atendía a los sefardíes, a la gente interesada por Canfranc o a los diplomáticos que salvaron a un montón de judíos del nazismo. En el IVAM hice la gran exposición de Juan Eduardo Cirlot, un poeta y crítico e historiador del arte...

Vivió tres años en Zaragoza...

... con muchos materiales y vitrinas. Y en la exposición de Erik Satie había muchos papelitos y dibujos de Picasso, Zuloaga, etc. Muchas de las cosas que yo he hecho con urnas y vitrinas, que a mí me criticaron severamente, a otros no les dieron importancia, como se ve ahora mismo en el Centro de Arte Reina Sofía.

"Llevo más de 40 años yendo con Andrés Trapiello al rastro y creo que ese libro, 'Diccionario de las vanguardias de España', participa del mismo espíritu de ‘Las armas y las letras’ suyo, un libro de referencia. Me ayudó mucha gente a redactarlo"

¿De qué se siente más orgulloso: de sus libros de poesía o del ‘Diccionario de las vanguardias’?

Uno no deja de ser poeta nunca. Hay cosas inolvidables: recuerdo cuando me llegaron los ejemplares de mi primer poemario: ‘La patria oscura’ (1983), y los ves ahí. Esa emoción es para siempre.

Bonet tiene muchos amigos en Aragón: aquí posa con el pintor Pepe Cerdá, con el poemario 'Epilírica' y con el bibliófilo Pepe Melero.
Bonet tiene muchos amigos en Aragón: aquí posa con el pintor Pepe Cerdá, con el poemario 'Epilírica' y con el bibliófilo Pepe Melero.
A. C. /Heraldo.

¿Y el ‘Diccionario de las vanguardias de España’, que parece el libro de una vida?

Fue algo distinto. Llevo más de 40 años yendo con Andrés Trapiello al rastro y creo que ese libro participa del mismo espíritu de ‘Las armas y las letras’ suyo, un libro de referencia. Me ayudó mucha gente a redactarlo: fue el trabajo continuo de dos años. Encontré muchos materiales en el rastro y, en una época anterior a internet, tuve muchos informantes, colaboradores, gente que puso en la senda de un montón de creadores. Fue, ante todo, una gran aventura de búsqueda, de rescate y de descubrimiento.

"En Huesca tenemos una figura tan carismática como Ramón Acín. Durante un tiempo di conferencias por España y buscaba en ciudades como Lugo, Ávila o Toledo a su Ramón Acín"

En ese libro hay mucha presencia aragonesa.

Aragón participó en la modernidad artística española, desde luego. Tuvo presencia y protagonismo. En Huesca tenemos una figura tan carismática como Ramón Acín. Durante un tiempo di conferencias por España y buscaba en ciudades como Lugo, Ávila o Toledo a su Ramón Acín.

¿Lo encontraba?

Muchas veces sí. Y en Zaragoza, y en Aragón, tenemos grandes figuras como el pintor surrealista José Luis González Bernal, del que he escrito en el catálogo de la exposición que las Cortes y Miguel Marcos le organizaron en París, el escultor Honorio García Condoy, el cineasta Luis Buñuel, la pianista Pilar Bayona, la poeta Maruja Falena... En Teruel a Antonio Cano. Son tantos y tantos.

¿Quién sería el equivalente de Ramón Acín en Zaragoza?

Quizá Tomás Seral y Casas: poeta, galerista, editor, codirector de ‘Noreste’. Seral y Casas, felizmente, sobrevivió a la Guerra Civil.

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