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El patio del Museo de Zaragoza vuelve a llenarse de bonsáis esta semana

La muestra se complementa hasta finales de noviembre con una selección de arte japonés procedente de los fondos del Museo y los aportes de coleccionistas privados

Uno de los bonsáis expuestos en el patio del Museo de Zaragoza esta semana.
Uno de los bonsáis expuestos en el patio del Museo de Zaragoza esta semana.
José Miguel Marco

El Museo de Zaragoza ha inaugurado este martes una exposición centrada en la tradición de los bonsáis. Esos pequeños árboles asociados a la cultura japonesa son el leit motiv de la asociación Zaragoza Bonsái, que ha aportado los 45 ejemplares expuestos desde hoy y durante unos días (hasta el domingo 23) en el patio del Museo. La muestra, que también ampara la asociación Aragón Japón, es bicéfala: además de los arbolitos del patio, en la planta superior se ha seleccionado una treintena de obras de arte japonés, sacadas de la colección Torralba del propio Museo y de aportes diversos efectuados por coleccionistas privados. Esta exposición se llama ‘Arces y crisantemos: el otoño en el arte japonés’, y estará abierta hasta finales de noviembre.

El director del Museo, Isidro Aguilera, recordó en la inauguración que el año pasado se hizo en estas mismas fechas otra muestra de bonsáis, con la misma alianza estratégica. “El Museo de Zaragoza tiene una gran colección de arte japonés y arte oriental en general, que se está enriqueciendo con nuevas donaciones de coleccionistas zaragozanos y foráneos, lo que nos permite tener una de las colecciones más importantes de Europa en este contexto”.

El director general de Cultura de la DGA, Víctor Lucea, apuntó que la muestra del año pasado fue un éxito. “Esta colección Torralba de arte japonés marca la diferencia al Museo de Zaragoza de otros museos provinciales, y debemos de trabajar para dar a conocer este patrimonio a la ciudadanía. Contamos con una panoplia de expertos y conocedores del arte japonés, que contribuyen con sus aportes y entusiasmo a mostrar los misterios y la belleza de este arte. Hay que advertir a los ciudadanos que la muestra de arte permanecerá todo este mes y el próximo, pero los bonsáis solamente estarán unos días, así que es mejor venir cuanto antes para disfrutar de estas maravillas naturales, de indudable atractivo estético y gran carga simbólica”.

El presidente de Zaragoza Bonsái, Vicente Sánchez, apuntó que volver al Museo era una gran oportunidad, y dedicó la muestra a otro especialista, Juan Pablo Pardo, que no ha podido acudir con sus bonsáis desde Barcelona por un problema de salud; una de sus sabinas bonsái preside el cartel de la exhibición. “Exponer aquí nuestras piezas es un placer; nos esforzamos en que tengan una carga artística notable, y además de los aportes de los socios tenemos también ejemplares llegados de Vitoria y Lérida. La apuesta del museo por situarse en la vanguardia con esta combinación de intereses entre lo natural y la plástica es muy interesante, y creo que encantará a los visitantes”.

María Bayón, especialista del Museo de Zaragoza y una de las responsables curatoriales de la selección expuesta en esta muestra, explicó someramente los criterios elegidos para ‘Arces y crisantemos’. “Japón tiene estaciones muy marcadas y paisajes tan bellos como amenazantes en algunos casos, empezando por los volcanes. La naturaleza tiene tanto reflejo en el arte como el propio sintoísmo, de hecho. En esta muestra nos hemos enfocado en el otoño; aunque la floración del cerezo es lo más conocido en Japón, en otoño también es tradición ir a contemplar el enrojecimiento de las hojas de los árboles, especialmente del arce”.

Se han dispuesto en dos salas varias estampas y objetos lacados. Hay presencia notoria de hojas de arce, el gingko dorado, los mentados crisantemos, la luna llena de septiembre y las llamadas siete hierbas del otoño. “Gracias a los aportes privados ya tenemos más del doble de piezas en relación a la colección inicial de Torralba; también hemos diversificado mucho en materia de autores y fechas. Víctor Pasamar, aquí presente, es uno de ellos. Tenemos una buena muestra de hojas otoñales, crisantemos, gingko, pinos o granadas”.

Bayón aclaró que “hay pinturas del XIX y el XX, pero también se dedica una pared completa a extractos visuales de una obra literaria muy conocida, ‘Genji Monogatari’, de la escritora Murasaki Shikibu, que data aproximadamente del año 1000. Es una novela medieval, un romance; aquí se recrean algunos de los episodios, con amplio protagonismo del otoño”. También se cuenta con un rincón infantil, con espacio para actividades interactivas.

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