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Florencio Navarrete, exdirector del colegio San Pablo de Teruel: "Fiché a Labordeta porque era un tipo interesante"

Navarrete nació en Teruel hace 90 años y fue director del centro educativo desde finales de los 60 hasta su clausura en 1998.

Florencio Navarrete, exdirector del colegio menor San Pablo de Teruel.
Florencio Navarrete, exdirector del colegio menor San Pablo de Teruel.
Antonio García

Este viernes le van a rendir homenaje sus exalumnos del Colegio Menor San Pablo de Teruel, en el que coincidieron José Antonio Labordeta, Eloy Fernández Clemente, José Sanchis Sinisterra, Federico Jiménez Losantos o Joaquín Carbonell. ¡Vaya plantel!

Me siento orgulloso de que coincidieran en mi colegio, por supuesto. Hubo allí buenos maestros, como Labordeta, Sanchis Sinisterra o Fernández Clemente.

Y también buenos alumnos, porque el pasado martes Federico Jiménez Losantos, al recibir el premio Antonio Mompeón Motos de HERALDO, le recordó a usted con afecto como director del Colegio San Pablo.

Sí. Y me dejó sorprendido, porque los alumnos me han dado más que yo a ellos. También me sorprende que hayan guardado la esencia del colegio San Pablo durante toda su vida hasta el extremo de que muchos exalumnos le han puesto a sus hijos Pablo de nombre.

¿Tiene debilidad por alguno de sus discípulos?

No, les tengo un gran cariño a todos ellos. Desde el más humilde al más ilustre. La mayoría venían de pueblos y estudiaban con becas.

¿Qué tuvo de especial ese colegio menor para alumbrar esa nómina de intelectuales?

Creó un ambiente de libertad.

¿Era una anomalía en el Teruel del tardofranquismo?

Sí, en Teruel y en España. Yo quise implantar aquí el modelo que había vivido como alumno en el colegio Pinilla de Madrid, que me causó una gran impresión por lo avanzado que era. Tanto que lo cerraron.

¿Qué le parece que ahora sus exalumnos le rindan homenaje?

Me parece demasiado. Eso indica que me tienen cariño, el mismo que yo les tengo a ellos. Si me volviera a reencarnar, volvería a fundar el colegio.

¿Le sorprendió el relumbrón de algunos de aquellos estudiantes de San Pablo, como Jiménez Losantos o Carbonell, o ya apuntaban maneras?

Se les veía venir. Destacaban. Federico era muy inteligente. Tenías que tener mucho cuidado con las citas que utilizabas porque como te equivocaras te reprochaba el error en plena clase. Y Carbonell era un modelo para sus compañeros, un líder.

¿Cómo llegó José Antonio Labordeta al colegio?

Capté a Labordeta como jefe de estudios. Le fiché porque me pareció un tipo interesante.

¿Por qué la denominada Generación Paulina de intelectuales surgió entre finales de los años sesenta y primeros setenta y nunca más se repitió un fenómeno similar en Teruel?

Porque el colegio era una residencia estudiantil y los alumnos, a partir de los setenta, con la creación de institutos, se quedaron a estudiar en sus comarcas, lo que a mí me parece muy bien.

El colegio es ahora una residencia de la tercera edad. ¿Es una consecuencia de los tiempos de despoblación y envejecimiento que corren por la provincia?

Había que adaptarse a los tiempos. No podía luchar contra la realidad. Algo tenía que hacer con el edificio. Le tenía mucho amor. Derribarlo para construir pisos me parecía destruir mis ilusiones.

¿La tercera edad ha sustituido a la juventud?

Podía convertir el colegio en hotel, pero no me gustaba la idea, o en una residencia. Y en Teruel había demanda de plazas de residencia y la sigue habiendo.

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