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El Vive Latino Zaragoza se plantea un acuerdo mínimo de continuidad de otros cuatro años

La organización y las instituciones valoran en positivo la experiencia en esta primera edición europea en el recinto Expo de Ranillas

Santi Balmes, cantante de Love of Lesbian, durante su concierto del Vive Latino Zaragoza, el pasado viernes 2 de septiembre.
Santi Balmes, cantante de Love of Lesbian, durante su concierto del Vive Latino Zaragoza, el pasado viernes 2 de septiembre.
Guillermo Mestre

Con el concierto de la banda argentina Kumbia Queers se echaba el telón a la primera edición del Vive Latino Zaragoza, un festival con vocación de puente transatlántico que salía por primera vez de América (y por segunda de México) desde su aparición en el panorama de grandes eventos musicales en 1998, con México DF como sede y una aventura ocasional en Santiago de Chile hace 15 años, en 2007. Un total estimado de más de 35.000 espectadores acudieron al recinto Expo de Ranillas para disfrutar de 35 artistas (falló Bebe del cartel confirmado antes del inicio) en dos jornadas trepidantes, que atrajeron a un público heterogéneo. En esta masa de asistentes se incluía un subtipo de interés para el análisis sociológico de la iniciativa: gente que nunca había ido a un gran festival de música o que llevaba mucho tiempo sin salir.

El director del festival, Nacho Royo, comentaba a HERALDO que "estamos orgullosos de demostrar que es posible albergar en Zaragoza un festival de estas dimensiones; todos los artistas nos han dicho que la experiencia ha sido maravillosa". También apuntaba que "tiene toda la pinta de que venimos para quedarnos; ahora queda ver si la ciudad quiere seguir acogiéndonos, ya que hay muchas entidades implicadas. Con que nos den una cuarta parte del trato que hemos recibido en esta primera edición en Zaragoza, el año que viene estaremos aquí de nuevo", una alusión clara a que las instituciones consoliden y aumenten su apoyo al festival.

La proyección deseada

Hay asuntos mejorables, por supuesto:aumentar la oferta de comida, que el viernes escaseó en buena parte de las opciones culinarias previstas, y habilitar más baños públicos. No obstante, Vive Latino Zaragoza quiere empadronarse en la ciudad; el planteamiento inicial en 2019, cercenado por la pandemia en dos ocasiones, era un acuerdo a cinco años, supeditado a que la primera experiencia fuera positiva; las circunstancias dibujaron otro contexto y en esta ocasión, la apuesta era hacer el primero y valorar opciones después, atendiendo a criterios de posicionamiento de marca en un nuevo espacio geográfico, apoyos institucionales y, lógicamente, volumen de negocio. Con el notable alto registrado en cuanto a público (aunque se aspiraba a más: la baja de Bunbury fue un mazazo) y la buena retroalimentación de los asistentes, queda claro que el campo está abonado para un retorno del festival en 2023.

Desde el otro lado del Atlántico, la situación tiene una lectura similar. Jordi Puig, codirector del festival y fundador del Vive Latino México para el gigante OCESA (empresa integrada desde el pasado mes de diciembre en Livenation) también afirmaba a HERALDO justo antes del inicio del festival que la idea era de continuidad. "El camino ha sido muy largo, y eso nos va a dar más paciencia todavía para entender que un festival es algo a largo plazo, para que agarre y coja su personalidad, su idiosincrasia, y enraíce aquí en Zaragoza. Sin duda se celebrará más años".

La valoración política fue llamativa, ya que llegó a pie de terreno, empezando por el alcalde Jorge Azcón y la vicealcaldesa Sara Fernández. El primero estuvo vibrando en el concierto del que calificó como uno de sus grupos predilectos, Taburete, además de darse una vuelta por el ‘backstage’ y compartir ratos de complicidad con el propio Nacho Royo y alguno de los artistas; fue el caso del rapero Sho-Hai, a quien se acercó efusivamente el viernes por la noche, horas antes (le tocaba el turno de recena, a las 2.00) de que el MC de Las Delicias se saliera de la tabla en el Anfiteatro Ámbar junto a Ossian (segundo micro) y el DJ W. Cheff, ambos zaragozanos, en uno de los mejores conciertos de todo el festival.

Lo de Sara Fernández fue de nota; presente en el recinto desde temprano los dos días, tenía como objetivo descubrir el potencial de varios grupos latinoamericanos en directo y vibrar con los representantes aragoneses. Eso sí, había marcado en su agenda el concierto ofrecido por los mexicanos Café Tacvba el sábado en el Anfiteatro. "Ya intentamos traerlos en 2019 y no pudo ser, pero hemos tenido la oportunidad de verlos en este festival, y ha sido una maravilla de concierto, ¡cómo nos han hecho disfrutar! Además, me parece que es un grupo paradigmático del espíritu de este festival, que celebra a grandes artistas que ya conocemos y nos trae a casa a otros que suponen un descubrimiento para mucha gente".

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