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crítica de cine

La rareza escondida de 'Un héroe samurái'

Esta película de tres directores y cinco guionistas aplica la clásica estructura expositiva del novato inepto en su fase de entrenamiento y evolución

Un fotograma de la película.
Un fotograma de la película.
Archivo Heraldo.

En ocasiones las películas esconden una naturaleza atípica que suele pasar desapercibida salvo que se indague un poco. La animada ‘Un héroe samurái. La leyenda de Hank’ toma como base ‘Sillas de montar calientes’ (1974), ‘western’ paródico de Mel Brooks con Cleavon Little y Gene Wilder (junto al que estrenaría ‘El jovencito Frankenstein’ aquel mismo año) nominado a tres premios Óscar. Un referente lógicamente adaptado al perfil del pasatiempo familiar (se elimina la marcada incorrección) que muestra a animales antropomorfos y cambia de ubicación y época al sustituir el lejano Oeste por el Japón feudal. 

Su raíz de singular reinvención desprende curiosidad y la convierte casi en una rareza. El espíritu de Brooks se busca emular mediante la sucesión continua de golpes de humor, repertorio que incluye detalles alocados, guiños de metacine y escatología. Tiene su lado simpático, pero le falta regularidad en la calidad de los gags (hay que mencionar además que los niños no captan siempre los chistes) y en la narración. El aspecto visual también carece del lustre idóneo.

Si la obra original partía de la situación de que enviaban a un ‘sheriff’ negro para forzar que la ciudadanía abandonara un pueblo, aquí el villano elige a un perro como protector de una localidad gatuna. Lo del racismo resulta por tanto más sutil, y los ecos que quedan y las bromas alusivas al odio son el camino previo al mensaje de igualdad, convivencia y trabajo en equipo.

'un héroe samurai. la leyenda de hank' **
Dirección: Rob Minkoff, Mark Koetsier y Chris Bailey
Guión:Ed Stone, Nate Hopper, Mel Brooks, Norman Steinberg, Andrew Bergman, Richard Pryor y Alan Uger
MúsicaBear McCreary

El filme, con tres directores (Rob Minkoff, detrás de ‘El rey león’; Mark Koetsier y Chris Bailey) y que por deferencia mantiene en los créditos a los cinco guionistas del largo de los 70 (entre ellos Brooks y Richard Pryor), aplica la clásica estructura expositiva del novato algo inepto en su fase de entrenamiento y evolución. Lo interesante al respecto se encuentra en el vínculo con el mentor, un samurái caído en desgracia, y en el perfil de este personaje.

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