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el patrimonio aragonés emigrado

Una antigua guitarra zaragozana en el Metropolitan de Nueva York

Si quedaba alguna duda de la importancia de la violería de la capital aragonesa a lo largo de los siglos, buena prueba de ello la da que uno de los principales museos del mundo tiene un ejemplar de guitarra ‘aragonesa’ del siglo XIX.

La guitarra de Pedro Fuentes es una obra de arte
La guitarra de Pedro Fuentes es una obra de arte
Travell Eileen

Los violeros, lutieres y guitarreros zaragozanos han tenido fama mundial desde hace siglos. Zaragoza, capital en todos los sentidos del Reino y Corona, fue en el siglo XVI el centro más importante de construcción de instrumentos, si no del continente, sí de la Península Ibérica, con gran número de talleres.

Los violeros zaragozanos, casi con total seguridad y como prueban las pinturas de algunos retablos antiguos, fueron los que innovaron la llamada ‘cintura aragonesa’, la escotadura que tienen instrumentos como violines y guitarras a ambos lados de la caja de resonancia. Esa ‘cintura’ facilitaba que las cerdas del arco de los instrumentos no rozaran la madera de la tapa al frotarla con las cuerdas. Y no fue esa su única innovación en la construcción de instrumentos.

En el siglo XVI la capital aragonesa era la ciudad de España con mayor número de constructores de instrumentos y esa tradición, que se diluyó un tanto con los siglos, se ha mantenido viva hasta nuestros días en la guitarra.

Sorprende comprobar que el Metropolitan Museum de Nueva York, con miles de obras de arte n sus fondos, conserve como oro en paño una guitarra construida por Pedro Fuentes, un fabricante de Zaragoza de la primera mitad del siglo XIX, que lo fue también de la Casa Real a Mediados de esa centuria.

La escuela zaragozana

"Esta guitarra es un ejemplo más de la diferente mirada con la que se observa el arte de la violería, o guitarrería, dentro y fuera de nuestro país –apunta Javier Martínez, director de la Escuela de Violería de Zaragoza–. Estas piezas han merecido mucha más atención en instituciones como el Metropolitan de Nueva York que aquí en España. Es un magnífico exponente de la búsqueda de los guitarreros de la escuela zaragozana".

Este especialista destaca que la capital aragonesa, uno de los focos europeos más activos durante el Renacimiento, "conservó su tradición, y los instrumentos construidos en el siglo XIX heredaron rasgos del lenguaje propio del siglo XVI, como el diferente espesor del clavijero en el arranque y en la corona, rasgo que se observa en los ejemplares conservados de vihuela de mano; así como un zoque muy poco evolucionado. La guitarra del Metropolitan mantiene rasgos comunes a otras guitarras zaragozanas de mediados del XIX, como son su estrecha escotadura, puente de extremos redondeados, clavijero mecánico con cilindros de hueso, batedor de resalte de escaso espesor y trastes metálicos".

Es un instrumento muy decorado, con incrustaciones de nácar y ébano, destinado en principio a un guitarrista de cierto nivel económico.

"Aunque no contamos con demasiados datos biográficos de este guitarrero, sabemos que tuvo un amplio reconocimiento social en su época –concluye Javier Martínez–. Tenemos constancia de que construyó una guitarra para el príncipe de Asturias en 1860. Otros guitarreros afamados de la Zaragoza del XIX fueron Manuel Pérez, Antonio Royo y Basilio Marín".

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