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destinos recónditos

Las monegrinas rutas de Fraella son pura prosopopeya: sonríen a quien las visita

Esta pedanía de Grañén (Huesca) ha unido fuerzas con terrenos cercanos (Marcén, que pertenece a Lalueza, el primero) para ofrecer un selecto y pintón ramillete de posibilidades andariegas a quien se acerca por allá con ganas de patear.

Inicio de la ruta de la Fuente de los Recuerdos, en Fraella.
Inicio de la ruta de la Fuente de los Recuerdos, en Fraella.
Laura Uranga

Aragón es tierra recia a ojos del visitante, y tan diversa como sorprendente para quien la recorre a fondo. Dentro de esa variedad de posibilidades paisajísticas, la zona de los Monegros es sinónimo de gran desierto, más estepario que sahariano, con más roca que duna y una aridez salteada de verdor, además de surgencias de agua que se niegan a asumir la sed como estado vital. Dentro del amplísimo territorio monegrino, las llamadas rutas de Fraella son un paraguas conceptual que engloban opciones de esa misma pedanía de Grañén y caminos de zonas cercanas.

La ruta de la Fuente de los Recuerdos es la primera de la lista. Para llegar hay que recorrer una sencilla pista desde el pueblo y si el acercamiento es en vehículo, se deja en la base de una loma y se suben a pie los últimos 100 metros. Es facilita, corta, una especie de introducción al conjunto de siete retos que cumple a la perfección la tarea de toma de contacto con el terreno de la Serreta.

En algo más de kilómetro y medio, y con el arranque muy próximo a la propia Fraella. la caminata tiene una parada de gran importancia afectiva y literal en la fuente, que abasteció al pueblo durante toda su historia previa a las conducciones de agua modernas. De ella manan siete litros de agua por minuto constantemente, y los del lugar afirman que nunca se ha secado; lo que sí se ha hecho es adecentar la zona y convertirla en un paseo perfecto para todos los públicos, con zona de merendero incluida.

Historias de arrojo y castigo

La segunda ruta tiene leyenda, que cuentan los iniciadores locales de la ‘fiebre’ por estas rutas. Va desde el Mirador de la Buitrera hasta los Tozales de La Andeta, pasa por poco de los tres kilómetros y no es dura. A medio camino hay una cortada en la roca a la que llaman la Raja Miramiel; el nombre es por un comerciante que vino por la zona en busca de miel y tras ser informado de panales en la zona, halló un agujero en la piedra y consiguió su panal. Hoy en día, los más osados bajan rapelando a esa hendidura en la roca. En esta andada también pueden admirarse el Rincón de Aguasca y el Tozal de la Sarda.  

Esa leyenda es amable, pero hay otra más dura. En la ruta del Mirador de Languardia, también sencilla y que casi llega a los cinco kilómetros, está el llamado Tozal de las Horcas, nombre que al parecer alude a que allá se ajusticiaba a los ladrones y maleantes capturados en la zona.

Las rutas que parten de Fraella y recorren más terreno son las de los Tozales de la Andeta, el Arco de San Andrés y el Mobache, que van de los nueve a los diez kilómetros. Por su parte, la de las Cías de Marcén une esta población con Fraella y ofrece un impresionante yacimiento musulmán del año 1000, fundado en la época del Califato Omeya.

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