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Sopeira, el recodo del noreste aragonés donde se para el tiempo

La localidad ribagorzana, que se enmarca en un rincón bañado por el río Noguera Ribagorzana, acumula alicientes para los amantes del románico, la escalada... y el tomate

Rincón de Sopeira al otro lado del puente románico, con el Noguera en primer plano y el pueblo al fondo.
Rincón de Sopeira al otro lado del puente románico, con el Noguera en primer plano y el pueblo al fondo.
Laura Uranga

Recorrer la Ribagorza en cualquier dirección es un ejercicio saludable y apto para cualquier momento del año; en un verano groseramente caluroso como el actual, y dependiendo del recodo en cuestión, hacerlo en dirección norte tiene el premio del frenazo categórico al mercurio, que al caer la tarde permite tomar la fresca sin violentar la semántica del concepto. Sopeira es una de esas plazas rebeldes al cetro ígneo de Lorenzo, ufana en su pequeña y flamante belleza. No solamente por el monasterio de Alaón, uno de los más notables del románico aragonés, o por ese embarcadero que atrapa momentazos para los enamorados. Es el conjunto:un entorno fantástico, la quietud, el clima agradable y la sensación literal de que allí se para el tiempo.

Al pueblo, situado en un nivel inferior al de la N-230 (pronto ganará un carril extra, por cierto) que llega hasta su puerta, lo baña una esquina embalsada del Noguera Ribagorzana. Tras el monasterio de Alaón está la Pared de Sant Cugat, y un poco más allá, la presa de Escales, compartida por Aragón y Cataluña. Sant Cugat es una mole que no puede dejar de mirarse cuando se pisa Sopeira, no tanto por la evidencia de su inmensidad (que también) como por la belleza del territorio que enmarca. Tiene un buen número de vías de escalada, entre las cuales hay una que figura entre las más largas de Europa, además de encabezar el listado nacional: 1.100 metros, que se dice pronto.

La gran pared

Los escaladores son presencia común en la zona, porque se cuenta con una amplia variedad de alternativas en cuanto a dificultad y exigencia. Después del esfuerzo, la moneda común es darse una vuelta por Casa Pasé, donde además de reponer fuerzas (o pernoctar, si la tienda de campaña o la caravana no entra en los planes) se pueden adquirir productos de kilómetro cero y conservas en el que el tomate, producto estrella de la zona, tiene mucha presencia.

También es recomendable acercarse al puente románico que cruza el agua de suelta del Noguera a la altura del pueblo. Una vez salvado el río por tan hermosa construcción se puede dar un paseo magnífico por la otra orilla del agua embalsada, que llega hasta Llasterri, en el límite administrativo con Cataluña. Hay bancos de madera, y cada esquina es una tentación para quienes gustan de documentar en las redes cada paso de sus vacaciones. En verano es hermoso, pero en apenas un mes se podrá caminar por esa trocha con una alfombra de hojas secas que lo convierte en escenario de cuento.

Y sí, antes de marchar, el paseíllo por el embarcadero es una nueva tradición que merece la pena cultivar. Debido a la especial disposición del pueblo y el monte, la lámina de agua parece un espejo. Demasiada tentación.

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