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LEYENDAS Y PERSONAJES. OCIO Y CULTURA

Ramón José Sender o el río de la escritura

Se cumplen 40 años de la muerte del autor de 'Imán', objeto de una exposición totalizadora en Madrid, en el Instituto Cervantes

Ramón José Sender posee una obra variada en todos los géneros.
Ramón José Sender posee una obra variada en todos los géneros.
Archivo DPH/Heraldo.

Si en las letras españolas del siglo XX hay un ‘letraherido’ incansable, un autor que siente la literatura como una necesidad y como un tormento, un narrador de historias que disfruta de su oficio, ese es Ramón José Sender. Para que llegue al lector ahí están los intentos constantes de la Diputación de Huesca y de los trabajos continuos y lúcidos de José-Carlos Mainer y José Domingo Dueñas (que comparte comisariado de la muestra ‘Ramón J. Sender. Memoria bisiesta’ en el Instituto Cervantes con Chus Tudelilla), entre otros. Su obra, intensa, variada y vívida, es como una formidable lección sobre la condición humana, la memoria y las paradojas de España.

La vida de Ramón J. Sender es fascinante, y contó con un gran biógrafo: Jesús Vived Mairal; a él, tras conocerlo, le dedicó su novela ‘Réquiem por un campesino español’ (1960). Nacido en el seno de una familia con muchos hermanos, tuvo una infancia muy nómada: vivió en su pueblo, en Tauste, en Zaragoza, en Alcañiz, conoció la guerra de África, e intentó abrirse camino en el periodismo en Madrid.

Durmió al raso y se cultivó en el Ateneo. Con su padre discutía; en cambio, veneraba a su madre, que vio truncada su carrera de maestra y que siempre lo entendió a las mil maravillas. Por tener, en su infancia entre agitada y romántica, vivió un hechizo infantil con la joven Valentina, que asomará a su novela ‘La Quinta Julieta’, que integra su trilogía ‘Crónica del alba’, compuesta por nueve novelas de asunto autobiográfico. En plena Guerra Civil, asesinaron a su mujer Amparo Barayón, en Zamora, y a su hermano Manuel en Huesca, experiencias que le marcaron la vida, como se la marcó el exilio.

Ramón J. Sender lo abarcó todo: esencialmente narrador, novelista y cuentista, escribió libros de ensayo (siempre le interesó mucho la filosofía: veneró a Simone Weil, jugó al ajedrez con Bertrand Rusell, abordó a Teresa de Jesús), firmó más de 500 páginas de poesía, varios tomos de artículos y libros más bien mestizos. Y dejó, entre otros asuntos, un excepcional y a la vez irregular libro de memorias: ‘Álbum de radiografías secretas’ (1982). En su producción, además de los ya citados, destacan títulos capitales como las novelas ‘Imán’ (1930), ‘Mr. Witt en el Cantón’ (1935), ‘El lugar de un hombre’ (1939), más conocido como el relato del famoso ‘crimen de Cuenca’, ‘El rey y la reina’ (1948), o el híbrido ‘Monte Odina’ (1981), un homenaje a esa maleta llena de recuerdos y emociones y criaturas que se llamaba Aragón.

Sender escribió muchas cartas y se sintió atraído por el arte, como teórico y como artista. Pintó varios cuadros. Murió en 1982, hace 40 años, y sus cenizas fueron arrojadas a la bahía de San Diego y al Cinca, el río de cuentos y añoranzas que jamás quiso olvidar.

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