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Antón García-Abril participa en el proyecto del nuevo Parlamento Europeo

El estudio de este arquitecto de raíces aragonesas actualizará junto a cuatro equipos europeos la sede de Bruselas.

Antón García-Abril y Débora Mesa, del estudio Ensamble
Antón García-Abril y Débora Mesa, del estudio Ensamble
ENSAMBLE ESTUDIO

El estudio de arquitectura Ensamble, con Antón García-Abril y Débora Mesa al frente, participará en el diseño colectivo del nuevo edificio del Parlamento de la Unión Europea en Bruselas. Su candidatura ha sido elegida entre las 15 propuestas presentadas para su renovación o reconstrucción. La superficie actual del edificio Paul-Henri Spaak es de 84.000 metros cuadrados y alberga un hemiciclo y varias dependencias, entre ellas las oficinas del presidente de la asamblea, el centro de prensa y salas de conferencias. Se construyó entre 1993 y 1995 y se integra en el Espacio Léopold, un complejo de edificios parlamentarios que se ubican en el este de la capital belga.

García-Abril y Mesa forman parte del colectivo de arquitectos europeos que ha resultado ganador del primer premio del concurso internacional para diseñar el nuevo Parlamento Europeo junto a Julien De Smedt Architects (Dinamarca), Thomas Coldefy (Francia), Carlo Ratti (Italia) y NL Architects (Países Bajos).

«En nuestro caso, entendimos desde el primer momento que podíamos construirlo uniéndonos varios profesionales de toda Europa, y así montamos este pequeña colectivo entre arquitectos e ingenieros –explica Antón García-Abril–. En esta especie de grupo paneuropeo trabajamos mucho ‘online’, viéndonos prácticamente a diario gracias a las nuevas herramientas digitales. Preparamos el concurso como un manifiesto de cómo trabajar juntos, cómo llegar a consensos y acuerdos. La participación era anónima y lo que se ha valorado ha sido la arquitectura. De alguna manera, esta puede responder a la personalidad de un arquitecto o de un colectivo. Y en este caso ha funcionado lo segundo, que pienso que es muy coherente con la misión.

La Unión hace la fuerza

Hasta septiembre, la Unión Europea no revelará los detalles sobre como será su nueva cámara en Bruselas. Lo que si se sabe es que no se contempla la opción de derribarlo. «Se nos dejaba abierta la idea de demoler, pero demoler hoy en día es una práctica muy agresiva que tiene un enorme impacto medioambiental, genera una cantidad de residuos ingente y nosotros siempre hemos pensado que los edificios tienen muchas vidas y se pueden adaptar, reciclar, reconstruir, reinterpretar...», añade.

La sede actual ha quedado obsoleta y la intervención que García-Abril prevé en ella consistirá en «incorporar capas que hagan que la construcción sea un renacimiento de la antigua estructura, pero toda la energía y el carbón que está embebido en la estructura se puede mantener», avanza.

Todavía es pronto para saber cuándo comenzarán los trabajos de remodelación. «Europa está ahora en un momento muy crítico y creo que de lo único que estamos convencidos es de que queremos más Europa, más unión y más valores europeos. Soy incapaz de anticipar el calendario –reconoce–, pero sí que es verdad que a partir de septiembre se iniciará todo un proceso de trabajo colaborativo que se compartirá con la sociedad, con la máxima transparencia».

García-Abril y Mesa han realizado proyectos en distintos rincones del planeta, con especial atención al mundo del paisaje y de la arquitectura de la tierra. Un ejemplo de ello es el centro de arte Tippet Rise en Montana (EE. UU.). Por otro lado, también idean propuestas que tienen que ver con la industrialización. «Hay que conectar el arte y la tecnología. Cuando hay chispa entre el arte y la tecnología surge la arquitectura. Hace diez años montamos un laboratorio en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), donde ejerzo mi cátedra y desde la tecnología podemos llegar a trabajar la sensibilidad, por otro lado muy antigua, de cómo la arquitectura se vuelve a integrar con la tierra», argumenta.

Proyectos en Aragón

De raíces aragonesas –es hijo del compositor turolense Antón García Abril (1933-2021)–, asegura que no haber logrado materializar dos de sus proyectos en Aragón, el del Teatro Fleta y el del teatro de la SGAE en el Portillo, ambos en Zaragoza, «es una espina que llevo totalmente clavada en el corazón. Pero la vida es muy larga y me apasionaría hacer un proyecto en la tierra de mi padre. He mamado ese amor por Aragón y soy de sangre aragonesa, aunque nacido en Madrid», declara.

Además de los dos teatros en la capital aragonesa, hubo un proyecto anterior. Cuando estuvo pensionado en la Academia de Roma planificó un mirador cultural en Teruel, en la cornisa del ensanche, «un proyecto pequeño pero de enorme impacto cultural», revela.

Aunque García-Abril no siguió los pasos de su padre en el mundo de la composición, afirma que «la arquitectura es música» y se emociona al recordar sus momentos juntos: «Las conversaciones que tuve toda nuestra vida con mi padre eran de algo que no era ni arquitectura ni música, sino todo lo que hay que une y que conecta estas dos artes».

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