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Los aguarales de Valpalmas, un escenario de fábula moldeado por la naturaleza

La localidad zaragozana atesora a las afueras del pueblo este guiño de la naturaleza, que cambia de forma y dimensiones con el tiempo.

Los Aguarales de Valpalmas, formaciones geológicas situadas en las Cinco Villas.
Los Aguarales de Valpalmas, formaciones geológicas situadas en las Cinco Villas.
Laura Uranga

La gente va avisada desde que cualquier rincón del planeta es público y divisable a través del teléfono, pero contemplar en directo los Aguarales de Valpalmas es una garantía de sorpresa genuina. Desde el tamaño del lugar al de las columnas de arena, todo es más grande de lo que parece, impresiona lo suyo y viene de perlas para alimentar las ansias de quienes hacen de la captura de imágenes su razón de ser en la vida. Tremendos.

Valpalmas está a la altura de Luna, más al este, en el sur de las Cinco Villas y ya cerca del límite provincial con Huesca. En coche dista unos 50 minutos de Zaragoza y algo menos de Huesca, aunque las dos posibilidades de trayecto desde la capital oscense no son en línea recta. En Valpalmas pasó cuatro años de su infancia Ramón y Cajal (dos de sus hermanos nacieron en el pueblo) y los Aguarales se hallan a poco más de cinco kilómetros al este del pueblo. Los locales les llamaban los terreros de Valdemilaz, por el lugar en el que están situados.

Estos colosos de arcilla se formaron por el fenómeno del ‘piping’ -viene de ‘pipe’, tubo en inglés- y el agua de la lluvia combinada con el viento hacen que cambie su forma, ya sea en clave de moldeado o directamente demoledora, para rebrotar y recrecer en otro punto del paraje. Es un espacio vivo hecho de materia inerte; se puede caminar entre las columnas, y también rodearlas desde la parte superior, aunque teniendo mucho cuidado al pisar por los huecos que se forman como chimeneas, de varios metros de caída.

La explicación técnica de este fenómeno cincovillés se remonta al Pleistoceno, hace 11.500 años. La erosión de la cabecera y laderas del barranco hizo que se formaran estas columnas recubiertas de arcilla mezclada con limo, sin rival en España en cuanto a dimensiones; algo parecido, ya en Asia, serían las llamadas chimeneas de hadas del valle de Goreme en la Capadocia turca.

Por carretera se llega desde el pueblo tras dos kilómetros de carretera y tres de pista apta para turismos. Una vez en el lugar, cuando se visita por la parte de abajo (hay una zona para dejar los vehículos, e instrucciones de respeto en paneles explicativos) se impone un paseo entre las columnas, perfecto para imaginarse en el ‘set’ de una película de ciencia ficción como la propia ‘Star Wars’.

Para quienes prefieran hacer parada y fonda en el pueblo e ir caminando hasta los Aguarales, se puede seguir un sendero marcado desde la Fuente Vieja, que se hace en una hora a paso tranquilo. Eso sí, hay que llevar hidratación desde el pueblo, y en el bar hay buen surtido de tapas. En los Aguarales no hay negocio alguno para reponer fuerzas. Sí hay una mesa para merendar bajo una carrasca en el acceso principal, y algunos bancos entre los terreros para descansar un poco y disfrutar de las vistas.

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