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Opinión

Cat Power: una gata brillando entre las sombras

Por
  • Gonzalo de la Figuera
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 03/07/2022 A LAS 14:19
Un momento del concierto que ofreció Cat Power este sábado en Zaragoza.
Un momento del concierto que ofreció Cat Power este sábado en Zaragoza.
Guillermo Mestre

Concluyó el sábado el ciclo Música al Raso con otro espléndido concierto, esta vez a cargo de la estadounidense Cat Power, una dama con mucha clase a la que resulta difícil encuadrar en categoría estilística alguna pues, al igual que sucede con otras colegas de su quinta, como Fiona Apple o Joan As Police Woman (por citar dos ejemplos), va por libre y su personalidad artística trasciende géneros. ¿Cantautora alternativa? Bueno, podríamos dejarlo así, aunque en realidad la mayor parte del repertorio que ofreció Chann Marshall (Cat Power, vaya) en el Jardín de Invierno estuvo centrado en versiones de temas ajenos, sobre todo de su último álbum, ‘Covers’.

Cat power ****
Presentando su último disco, 'Covers'.
Artista invitada: Eva McBel.

Y en el catálogo de relecturas que Cat Power lleva a su terreno cabe un poco de todo: desde The Pogues (‘A pair of brown eyes’) a Frank Ocean (‘Bad religion’), pasando por Nico (‘These days’), Lana del Rey (‘White mustang’), Billie Holiday (‘I’ll be seeing you’), Bob Dylan (‘he was a friend of mine’) o una monumental revisión del clásico ‘Wild is the wind’ con la que cerró su actuación para despedirse arengando al público a combatir el poder (“¡Fight the power!”). Tampoco faltaron piezas propias de su extensa discografía, como ‘Great expectations’, ‘The moon’, ‘The greatest’ o la magnífica ‘Manhattan’, impulsada desde una caja de ritmos. Otro detalle interesante y nada frecuente fue la puesta en escena, con la primera línea de focos apagada, lo que dejaba a Cat siempre en penumbra, dando más visibilidad a sus músicos (guitarra, teclados y una baterista que toca con eficaz minimalismo) que a ella misma, sobre un fondo rojo a lo ‘Twin Peaks’. 

Igualmente, cabe destacar el uso de un doble micrófono que le permitía duplicar con efectos una voz ya de por sí sinuosa y oscura (en algún momento, a uno llegó a recordarle a la de Siouxsie). En fin, un concierto sin concesiones, que fue de menos a más, y en el que esta gata americana brilló entre las sombras. Música al Raso se cierra con notable éxito de público, y con una sugerencia para sus responsables: ¿por qué no realizarlo en julio y agosto, fechas en las que numerosos artistas internacionales visitan este país, y evitando de paso hacer la competencia a las salas privadas?

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