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Muere Martín Maturén, un gran artesano y un gran artista del neón de Zaragoza

Creó Rótulos Plasneón y colaboró con artistas como Yann Leto y Ximo Lizana, y con arquitectos como Ricardo Boffill

Martín Maturén realiza una obra ingente en el campo de los rótulos de neón.
Martín Maturén realizó una obra ingente en el campo de los rótulos de neón.
Archivo Yann Leto.

Todos los seres humanos tienen una historia, un relato, una existencia llena de instantes, de secretos, de pasiones tan públicas como ocultas. Martín Maturén (Zaragoza, 1942. Habría cumplido los 80 años en agosto) perteneció a una familia de artistas: su primo Ángel Esteban Maturén, con quien tanto colaboró, era un personalísimo pintor; otro primo, Antonio Maturén, era anticuario, y él dedicó el grueso de su existencia al arte industrial, en concreto a los neones y a los rótulos, y colaboró con distintos artistas como Ximo Lizana (le hizo unos neones para una muestra en el Pompidou de París) o Yann Leto y con arquitectos como Ricardo Bofill en el aeropuerto del Prat, en Barcelona, y también dejó su impronta en la Exposición Universal de Sevilla de 1992 y en varias exposiciones de Arco.

Su hijo Carlos explicaba que su biografía está llena de anécdotas y de entusiasmo por su oficio, arte y artesanía a la vez. Con apenas catorce años, ya empezó a dedicarse a los neones: trabajó en distintos talleres (uno de los primeros fue un cuarto propio y minúsculo que le cedió su padre en Miralbueno) y poco a poco iría ampliando su negocio hasta que fundó Plasneón, que llegó a tener 46 empleados. “Mi padre solía contarnos que de joven hacía los neones a lo largo del día y que los instalaba por la noche en la plaza de España o donde fuera. Nos decía que en aquella época solía dormir poco más de dos horas diarias. La plaza de España estaba llena de rótulos suyos: era imaginativo y muy creativo. Y se entregó en cuerpo y alma a ese trabajo”.

El artista y músico Yann Leto (Burdeos, 1979), que ha estado en Arco en varias ocasiones y que ha expuesto en diversas galerías de Zaragoza y de todo el país, lo recordaba desde Roma. “Me he instalado aquí por un tiempo. Le debo muchas cosas a Martín. Me ayudó mucho con diversas piezas. Para él nada era imposible. Tenía soluciones para todo y se implicaba en tu obra como si fuera suya. Era un artista, poseía una gran sensibilidad y se ponía al servicio de tus proyectos. He pasado con él en el taller, oyéndole y viéndole trabajar, muchos momentos maravillosos. Nos hicimos muy buenos amigos. Y al final de su vida, tras el ictus que tuvo, le compré la máquina de vaciado de neones”, dice el artista, que estuvo becado en la Academia de Roma en el curso 2015-2016.

“Un secreto, dicho sea con humor. Era un gran artista, reconocido hasta en Estados Unidos, pero no era un buen profesor: le costaba enseñar como hacía las cosas. Y yo se lo decía. Intentaba hacer cosas con él, pero no se fiaba de mí, y me decía: ‘Saca, saca, de ahí’. Me apena profundamente su despedida. Había sido presidente de la Asociación de Rotulistas de España y conservo momentos muy bonitos. Verlo trabajar era muy emocionante para mí”, recuerda Yann Leto. Carlos Maturén dice: “No sé si le costaba explicar cómo trabajaba o si le cansaba que le preguntasen siempre cómo lograba hacer lo que hacía. Y por eso acuñó una frase, ‘el neón es rojo; el argón es azul’, casi como un latiguillo”.

Martín Maturén en su taller de fabricación de rótulos de neón.
Martín Maturén en su taller de fabricación de rótulos de neón.
Archivo Yann Leto.

Carlos Maturén recordaba que su padre había tenido sus talleres en la calle del Turco, en Manuela Sancho, en Las Fuentes, en La Coruña y finalmente al lado de la MAZ, en la calle Academia General Militar, ya bajo la denominación Rótulos Plasneón, dedicada a la fabricación, instalación y comercialización de rótulos luminosos. Trabajó en multitud de proyectos para Ibercaja, Caja de Ahorros de la Inmaculada, Muebles Rey, Pikolín, etc. Insiste Carlos: "Durante su vida laboral, realizó infinitos trabajos en todos los comercios, bares, salas de baile, discotecas, bancos, fábricas en polígonos industriales, centros comerciales, supermercados, exposiciones, ferias... De neón, metal o plástico; hubo un momento en los 90 que era casi imposible recorrer un calle de Zaragoza sin ver un trabajo suyo. Muchos de ellos aún siguen funcionando".

En algunos aspectos fue pionero en su apuesta. "Estar muy abierto a las nuevas tecnologías le hizo estar un poco por delante del resto. El segundo Plotter de corte de vinilo que llegó a España lo compro él, así como una de las primeras impresoras fotográficas de gran formato", dice Carlos.

“Como presidente de la Asociación de Rótulos Luminosos organizó en Zaragoza el Congreso Internacional de Rotulistas. Le gustaba trabajar con pintores y artistas de todo tipo. Sentía mucho cariño por Ángel Esteban Maturén, y solía recordar cuándo le robaron unas hormigas de neón que había hecho con Ximo Lizana para el Centre Pompidou. Los artesanos del neón se consideran como sopladores de vidrio”, explica Carlos, y recuerda una curiosa anécdota: "Una vez se presentó en la ceremonia de clausura de un congreso internacional de rotulistas, puede que fuera Roma, que era de rigurosa etiqueta, con el traje y una pajarita de neón, que funcionaba con una batería en el bolsillo. Era un gran reto en los 80 y muy audaz para su carácter".

Yann Leto y Carlos Maturén coinciden en otros aspectos: Martín Maturén (casado con Olvi; padre, además, de Cristina y Elena), un gran profesional de “un arte y una industria en extinción” (apunta Yann Leto), no se daba importancia y era un gran enamorado de la naturaleza, le gustaba andar por el monte, y actuó como “un empresario entrañable y cercano”. Su hijo Carlos desliza una debilidad afectiva: "Las últimas cosas que hizo en neón fueron para la habilitación de sus nietos", revela.

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