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Un zaragozano en el 'chanelazo': "Chanel brilló literalmente"

Alberto Baeyens vivió en directo en el estadio Pala Alpitour de Turín la histórica actuación de la española en Eurovisión. Esta es su experiencia.

El zaragozano Alberto Baeyens con Chanel, el domingo, en el aeropuerto de Milán.
El zaragozano Alberto Baeyens con Chanel, el domingo, en el aeropuerto de Milán.
Heraldo.es

En 2018 y en 2022. Cuatro años separan las dos veces que el zaragozano Alberto Baeyens ha vivido en directo la final de Eurovisión. Pero entre ambas ediciones, la de Lisboa y la de Turín respectivamente, parece que ha pasado toda una vida en lo que a la representación española se refiere,. No solamente ha habido una pandemia de por medio que obligó a suspender la competición en 2020. También se ha producido un cambio total en la manera en que TVE afronta esta cita anual. Y a estas horas parece demostrado que para bien. "Ha sido como vivir las dos caras de una moneda", reflexiona Alberto. "En 2018, con Amaia y Alfred no nos comimos un colín y mira ahora".

"¡Por fin!", exclama el zaragozano, recién aterrizado de unos intensos días en Turín. "Fue una emoción total. Un orgullo. Sentí que me representaba", resume Alberto sus inmediatos sentimientos tras ver el sábado la actuación a escasos metros.

Alberto Baeyens, en el Pala Alpitour de Turín.
Alberto Baeyens, en el Pala Alpitour de Turín.
Heraldo.es

Como eurofan tiene mucho que asimilar más allá del histórico tercer puesto logrado por Chanel. Si a través de la televisión el espectáculo de la española se percibió como de alto voltaje, in situ no fue para menos: "El público rugía durante la actuación. Pero una de las cosas que más me alucinó es cómo se veía el traje de Palomo Spain, brillaba literalmente, parecía que tenía luces".

El efecto de la pedrería resultó ser el perfecto marco a la, como dijo Laura Pausini, "energética" propuesta de Chanel y su equipo, que hasta la gran final fueron ganándose al público español en una carrera de fondo que comenzó con controversia en el Benidorm Fest. El propio Baeyens -que en la actualidad está inmerso en un trabajo de fin de máster sobre el tratamiento a Chanel en los medios durante aquella polémica- tenía de favorita a Rigoberta Bandini, pero ya en aquellos días Chanel le resultó llamativa.

"Es verdad que mucha gente pensó que lo de Chanel estaba trillado, pero ¿qué se ha visto de España en Eurovisión en los últimos 20 años? De alguna forma, la gente fuera de España esperaba que cuando saliera nuestro país lo pudiera identificar y quien dice nuestro país dice también el mundo latino", reflexiona.

Para Alberto ha sido crucial el giro radical en la manera de hacer de la delegación española -"que se ha implicado y ha publicitado a Chanel en los foros adecuados"-, pero sobre todo "la currada de la cantante y su equipo, con una actuación ensayada al milímetro". El trabajo tuvo sus frutos. No solo con el hito de alcanzar el podium, sino porque la intervención española resultó tan espectacular a través de la tele como en el propio estadio. "Lo bordó. En ese momento pensamos que era la actuación de su vida"."De verdad que lo digo objetivamente, la de Chanel fue la actuación que más brilló -insiste-. Hubo grandes ovaciones para la sueca, el inglés, por supuesto para Ucrania, pero no fue lo mismo".

Hasta tal punto Chanel imprimió electricidad al Pala Alpitour que después de ella, sostiene Alberto, hubo un "valle emocional". Solo los turnos de Ucrania, Suecia o Gran Bretaña, que estaban entre los favoritos, elevaron el tono tras el huracán 'Slomo'.

"Lo increíble de asistir a una final de Eurovisión es que no es solo un concierto sino el mayor programa de televisión al que se puede asistir como público". En ese sentido, Alberto fue testigo de muchas cosas que no se vieron en las casas. Para empezar, "la energía que se crea entre las 10.000 personas que allí se congregan". O "todo lo que que pasa entre canción y canción. Decenas de personas que salen a mover decorados, cámaras, luces...". 

El zaragozano también destaca la posibilidad de ver en todo momento cómo reaccionan todos los participantes cuando se produce la votación. En la delegación española, los nervios en la 'green room' (donde aguardan los participantes las votaciones) fueron tremendos: "Chanel y su equipo se volvían todo el rato hacia el público y cuando veían una bandera española nos jaleaban; luego supimos que entre nosotros había familiares de ellos". Al final del festival, se puede decir que todos los españoles que viajaron a Turín prácticamente actuaron como si fueran de la familia: "Todo el equipo se acercó a las gradas y estuvimos ahí casi 20 minutos al grito de 'chanelazo' y 'campeona'. Ella estaba entregada, emocionada y feliz".

Lo que no sabía Alberto era que se iba a volver a tener una 'segunda cita' con la cantante y bailarina: "Volví a España desde Milán, así que lo último que me esperaba era encontrarme a Chanel en el aeropuerto, pero sucedió. La vi con el equipo comiéndose una gran hamburguesa con patatas, pero no la quise molestar entonces. La esperé en la puerta de embarque para hacerme una foto con ella. Estaba exultante, pero también agotada".

Alberto no se atreve a hacer predicciones para el año que viene pero está seguro de dos cosas. Una, de que TVE va a mantener este exitoso sistema de selección a la vista, no solo de los resultados, sino de la repercusión del Benidorm Fest. Otra, que más allá de los resultados concretos, lo importante de Eurovisión es "la exaltación de la unidad en la diferencia. Hay muy buen rollo, es una fiesta, una celebración. Europe's living a celebration... pero de nuestas diferencias. Y eso mola un montón".

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