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Bunbury y otros artistas a los que la salud apeó del escenario

El artista aragonés anunció en la madrugada del pasado domingo por medio de un comunicado que suspendía la que era su gira de despedida debido a problemas de salud.

Enrique Bunbury, en una imagen de su último disco.
Enrique Bunbury, en una imagen de su último disco.
Jose Girl

El adiós de Bunbury a los escenarios llegó abruptamente en la madrugada del pasado domingo, después de que el zaragozano confirmase el fin de una gira que debía continuar en Chicago y Houston, recorrer luego otros cuatro escenarios estadounidenses (con todo vendido en cada fecha) y seguir desde el 22 de julio por España, con una docena larga de noches que incluían la del 3 de septiembre en el Vive Latino de Zaragoza

Los de Nueva York (6 de mayo, con un Bunbury impecable en cuanto a energía y voz) y Atlanta (el pasado martes 10) quedarán en la historia como los últimos conciertos ofrecidos por el aragonés, si el futuro no se escribe de otro modo. Bunbury ya había cancelado previamente este año varios shows en Estados Unidos y México por diferentes razones, entre las que destacaban esos problemas vocales que han precipitado su retirada de la música en directo. El pasado mes de febrero ya anunció que esta gira sería la última de su carrera.

No es el único artista que deja esta parcela de su trayectoria artística (tiene previsto continuar grabando y creando en otros niveles) cuando aún mantiene una base de fans muy amplia y fiel. El pasado fin de semana, por ejemplo, estuvo en un tris de hacerlo James Hetfield, uno de los músicos más famosos de la historia del rock. Guitarrista y vocalista de Metallica desde que la banda de San Francisco echase a andar hace casi cuatro décadas, el ‘frontman’ de la banda de thrash metal ha superado diversos problemas de salud en los últimos años, siendo sin duda el de la espalda el más grave de todos.

El problema del estadounidense no es de ahora; hace 12 años, durante el festival barcelonés Sonisphere, Hetfield tocó infiltrado (como muchas otras veces) y ha tenido que suspender conciertos en numerosas ocasiones debido a sus dolores crónicos de espalda, acentuados a principios de los 90 por un accidente pirotécnico que casi le cuesta la vida, una caída en jet ski en el año 2000 y una caída en el escenario en Amsterdam en 2017. Hetfield mide 1.86 metros y tiene una constitución fuerte, pero esos dolores no acaban de remitir con los tratamientos, que incluyen frecuentes inyecciones de cortisona, algo a lo que también tuvo que recurrir Bunbury: el 10 de octubre de 2007, por ejemplo, en el primero de los dos conciertos de Héroes en Zaragoza, recurrió a ese método en mitad del concierto para superar una afección que se había agravado en el vuelo de vuelta de México por un aire acondicionado demasiado fuerte.

Lágrimas sobre las tablas

El pasado viernes, en el concierto de la gira World Wired de Metallica celebrado en el estadio Mineirão de Belo Horizonte (Brasil), Hetfield proclamó públicamente su angustia ante los fans que le aclamaban. “Tengo que decirles, no me sentía muy bien antes de venir aquí. Me sentía un poco inseguro. Como ya estoy viejo, no puedo tocar más toda esta mierda. Eso es lo que me decía en la cabeza. Así que le hablé a estos chicos -señalando a sus compañeros de banda- y me ayudaron, así de simple. Me abrazaron y me dijeron que si me sentía mal, ellos cuidarán de mi espalda”. 

La última frase tenía doble sentido: la alusión a su maltrecha espalda y la significación de ‘watch my back’ que en español viene a ser ‘me respaldarán, estarán ahí para mí’. Lars Ulrich, Kirk Hammett y Rob Trujillo, sus compañeros de banda, lo abrazaron tras escuchar estas palabras. De momento, Hetfield sigue, pero sus fans están preparados para que el próximo episodio similar signifique una retirada... quizá a tiempo, algo que suele ser sinónimo de victoria.

Los problemas de garganta son, lógicamente, una causa habitual en el retiro de muchos cantantes. Entre los seguidos por millones de fans destaca el mexicano Saúl Hernández (de Caifanes primero y Jaguares después), quien ha sufrido múltiples operaciones en sus cuerdas vocales tras padecer un cáncer. Aunque sigue en activo, tras varios amagos de retirada, su capacidad como cantante quedó drásticamente afectada por la enfermedad. 

El caso de Steve Perry, vocalista de la banda Journey (Adult Oriented Rock: AOR), fue distinto. Su problema fue una enfermedad degenerativa de los huesos que afectó directamente a su cadera y, por tanto, a su capacidad de moverse por un escenario. Se trataba de uno de los cantantes de mayor rango vocal en la escena rock de los 80 y 90. Por su parte, Linda Ronstadt hubo de retirarse en 2011 tras una larga y exitosa trayectoria a causa de una extraña variedad de Parkinson que le impedía cantar. 

En las antípodas estilísticas de estos dos referentes también ha habido dos retiradas recientes de artistas en el mundo del reguetón: Anuel AA y Daddy Yankee, ambos puertorriqueños. La del primero, de 29 años de edad fue efímera, y venía marcada por la decisión de pasar más tiempo con su hijo recién nacido. Lo anunció en noviembre de 2020 y dos meses después se retractó públicamente al airear una colaboración con el dominicano Ozuna. Este año se ha embarcado en una gira mundial que parará dos meses en España (junio y julio) con actuaciones en numerosas ciudades ibéricas, aunque Zaragoza no está entre ellas.

En cuanto a Daddy Yankee, uno de los veteranos de la música urbana caribeña, hace apenas dos meses anunció su retirada de la música tras un último disco, ‘Leyendaddy’, y la correspondiente gira, que concluirá en diciembre en el DF. Ramón Luis Ayala (su nombre real) suma 32 años de trayectoria en la música, siendo considerado de manera casi unánime como el padre del reguetón, en competencia con su compatriota Tego Calderón.

Retiradas parciales o ‘pentimentis’

Hay otro formato de retirada que se articula en un anuncio público, matizado después, una suerte de ‘pentimentis’ velazquianos que dejan el panorama prefijado tras una declaración adornado por tachones sutiles. Muchas veces, además, esta fórmula obedece a intereses promocionales. En este contexto se ha situado -aunque ella rechaza tal intención- a la rapera estadounidense Nicky Minaj, quien anunció su adiós a la música en 2019 para formar una familia por medio de un tuit y matizó luego que hablaba del futuro; declaró más tarde que lo haría en sus propios términos, cuándo y cómo quisiera. De hecho, este año ha lanzado un single de retorno a la escena: “Do We Have A Problem?”, junto a Lil Baby. 

El carismático cantautor Ed Sheeran también explicó el año pasado que pensó en dejar la música (más concretamente, el ‘establishment’ o modelo de grabación-promoción-gira) cuando nació su hija en agosto de 2020. Recientemente ha dicho que tras su actual gira no volverá a acometer otra de carácter mundial y masivo, para marcarse un límite de seis semanas en verano o invierno en su futuro escénico.

Adioses a sus grupos

El fenómeno de abandono (traumático o no) de miembros icónicos de bandas famosas para perseguir carreras en solitario o comenzar proyectos paralelos también ha sido desde siempre una constante en la música popular. El bajista de The Cure Simon Gallup dejó la banda (a la que ha dedicado casi cuatro décadas de vida) por dos ocasiones, y desde el pasado otoño está nuevamente a la vera de su viejo amigo Robert Smith, con el que se ha zurrado la badana en numerosas ocasiones. En el caso de los Smiths, el guitarrista Johnny Marr protagonizó un sonoro divorcio artístico de Morrissey, debido a la incompatibilidad de caracteres con el genio de Lancashire, un tipo difícil de gestionar como compañero de banda.

Hay muchos otros adioses en el retrovisor. Paul Simon y su compañero en mil batallas Art Garfunkel, sin ir más lejos, o David Lee Roth saliendo de Van Halen y amagando varias veces con el retorno; Lou Reed dejó a la Velvet Undeground en agosto de 1970, tras un show en Nueva York.

Mucho más recientemente, Will Butler (alma de los canadienses Arcade Fire y hermano del cantante, Win) dejó el grupo de manera amigable para emprender nuevos retos. Arcade Fire dará su único concierto de 2022 en España el próximo 21 de septiembre, en el Wizink Center de Madrid. Peter Gabriel también dijo adiós a su grupo primigenio, Genesis, en un mes de agosto, cinco años más tarde que Reed al suyo.

El adiós de The Police llegó en 1984 después de una corta carrera y solo tres discos, principalmente a causa de las ganas que tenía Sting de iniciar una carrera en solitario, algo que hizo con éxito; aún mantiene estatus de estrella casi cuarenta años más tarde. En cuanto a Oasis, la ruptura oficial (nunca han vuelto) llegó en agosto de 2009, cuanto Noel Gallagher efectuó el anuncio oficial de su abandono de la banda después de años y años de disputas salvajes con su hermano Liam. Una famosa compatriota de los hermanos británicos, Geri Halliwell, dejó las Spice Girls en 1998 cuando el grupo era el más famoso del planeta, y justo antes de una gira por Estados Unidos. Regresó en 2007 y también participó en una gira de reencuentro en 2019; además, ha tenido una carrera individual exitosa.

El soldado del rock

El caso más paradigmático en el mundo de los abandonos de grupos tiene un protagonismo claro en Jason Everman. Este soldado estadounidense de 54 años de edad, miembro de las fuerzas especiales del ejército de su país y héroe de guerra en Irak, se unió a Nirvana en febrero de 1989 como segundo guitarrista, y dejó el grupo tras fricciones con el fallecido Kurt Cobain poco después; al año siguiente se unión a Soundgarden, la banda del también desaparecido Chris Cornell, y tocó en la versión grabada por el grupo del ‘Come together’ de Michael Jackson antes de dejar igualmente el grupo. En ambos casos, las bandas no habían alcanzado aún la increíble repercusión de la que gozaron en los primeros años de la década de los 90. Everman entró al ejército en 1994 y dejó la música.

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