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Teresa Berganza: “Me hubiera gustado ser amante de Mozart, habría compuesto para mí”

"Me han dado un premio por 50 años de carrera, ya les dije que volveré dentro de otros 50. Yo no pienso morirme", decía la mezzosoprano en la última entrevista que mantuvo con HERALDO en el año 2006, cuando actuó en Zaragoza con motivo del cien aniversario de la Sociedad Filarmónica.

En imágenes | Adiós a Teresa Berganza, genio y figura de la fama mundial.
Teresa Berganza, en una imagen de archivol.
Archivo

Tuvo que cancelar la cita con Zaragoza en dos ocasiones anteriormente. Y no estaba dispuesta a hacerlo una tercera vez. Así que cuando en el aeropuerto de Estrasburgo le dijeron que su vuelo había sido cancelado por la niebla, cogió un coche y se hizo mil 400 kilómetros de un tirón, hasta llegar a Zaragoza. “En Estrasburgo me dieron el Premio de la Música Clásica de Francia, una cosa grande y pesada como el Goya. A veces nos hacen hacer cosas al estilo Hollywood, y eso no es lo nuestro. Así que, nada, ahí estuve como el patito feo, perdida. Tenía que dar un premio y no me enteraba de nada porque nadie me explicaba nada. Abrí el sobre antes de tiempo. Vamos, al estilo Hollywood, pero sin ensayar. Me daban el premio por cincuenta años de carrera, y ya les dije: no se asusten, que dentro de otros cincuenta regresaré. Es que yo no pienso morirme, ¿sabe?

Éste es el año Mozart, y el nombre de Teresa Berganza aparece siempre unido al de este compositor.

"Mi carrera está unida inevitablemente a Mozart, Teresa Berganza está a su servicio, luego Rossini y otros más, claro. Pero Mozart ha sido mi amor, mi maestro, mi pasión y toda mi vida artística. Su música es de una genialidad fuera de serie, Mozart escribía para la voz, tratando la voz como si fuera un instrumento, pero sabiendo que era un órgano humano. Además, la voz que exigen las composiciones de Mozart ha de ser de una pureza especial, una voz con algo de trémolo es muy difícil que pueda cantarlo bien. Me resulta complicado explicar la genialidad de Mozart, basta con observar la musicalidad de sus textos. Mozart fue un músico muy alegre y también un gran dramático".

¿Qué opina de que se popularice la figura de Mozart hasta el punto de ponerlo en un cruasán?

Estoy horrorizada, tanto que este año no pienso cantar Mozart. Ya estaba horrorizada cuando vi que aparecía en unos bombones. Lo cierto es que siempre se han aprovechado de él, y ahora que está muerto hacemos bombones, vasos y camisetas. Y a parte de dar a conocer su música (espero que no haya muchos directores que lo maltraten), lo van a seguir martirizando. Me parece una falta de respeto semejante comercialización. Un homenaje digno sería organizar exposiciones, mostrar sus cartas, publicar libros, aunque también se están publicando barbaridades… Me siento como si traicionaran a mi amante. Porque yo amo a Mozart, y me duele.

Hace poco la vimos en una imagen insólita para una mezzosoprano de 70 años, metida en una bañera de espuma en un hotel de París.

Sí, fue muy divertido. Verá, me estaban haciendo una entrevista con motivo de la edición del DVD de “Don Giovanni”, y me preguntaron cómo calentaba mi voz. Yo contesté que en la ducha, que es el lugar donde mejor me siento y donde mejor me oigo, porque me encanta el ruido del agua y porque los baños suelen tener muy buena acústica. Así que en cuanto me meto en la ducha, pruebo mi voz. Entonces, el fotógrafo me dijo que eso habría que demostrarlo con una foto. Por supuesto, le dije que eso no lo verían sus ojos, que no había dinero para pagarlo y que no estaba en edad para aparecer en la ducha. Claro que otra cosa es la bañera. Así que le dije que subiera a mi habitación, llené la bañera, y le eché dos frascos de jabón porque no hacía espuma, entonces le dejé entrar. Yo encuentro esas fotografías divertidísimas. Además, en otra ocasión, en París, me fotografiaron en la cama, rodeada de periódicos y desayunando. Soy una mujer en movimiento, moderna y de todas las épocas. Aunque me gusta mi tiempo.

Parece que París le inspira.

París me vuelve loca, es mi ciudad, el lugar donde me consideran, me premian, me aplauden y me jalean. Todos los reconocimientos que pueden dar en Francia me los han dado a mí, me refiero a nivel de administración pública y de muestras de amistad por la artista. El ministro de Cultura francés me invitó la semana pasada a un encuentro con otros artistas para escuchar mis ideas y sugerencias. Me parece una muestra de inteligencia. Aquí, en España, no me invitan los ministros. Y tampoco me importa.

De hecho fue en Francia donde logró su primer gran reconocimiento. En España, un crítico le recomendó que se dedicara a la música popular.

Sí, hubo un crítico que me dijo eso. Y muy mal dicho, porque en su comentario ya estaba despreciando algo tan maravilloso como la zarzuela. Aquel crítico era un pobre desgraciado. Y yo he cantado zarzuela con todo el orgullo del mundo.

¿Qué hubiera sido de su carrera si no hubiera salido de España?

Estaría dando clases de piano o tocando el órgano en un convento. Aquí no hubiera hecho nada. Pero reconozco que yo he nacido de pie, no les dio tiempo a darme la vuelta. Nunca dije que quería ser cantante. Estudiaba música, alguien me propuso que estudiara canto porque tenía una voz muy bonita, y estudié canto. Después, me puse a cantar. En el Festival de Aix-en-Provence necesitaban una Dorabella. Aquél fue mi disparadero internacional, pero ya había cantado en París y en Milán.

Tiene fama de entregarse sobremanera a sus personajes, ¿hay alguno que le seduzca de forma especial?

Los personajes son como hijos nuestros, los vamos preparando como si fuera un largo embarazo, hasta que salen a la luz. Yo los quiero a todos y a todos de una forma diferente. Mucha gente piensa que Carmen es mi favorito, no es tanto así como que supuso un gran cambio en lo que había sido hasta entonces mi repertorio. Teresa Berganza suena a Mozart, a Rossini, y a Carmen. Pero si hubiera tenido que ser amante de alguien, me hubiera gustado ser amante de Mozart. Seguro que hubiera compuesto algo para mí.

Las biografías de Mozart apuntan que tenía una personalidad difícil, tal vez complicada para convivir…

Todos los hombres son difíciles para convivir, al menos ésa es la impresión que tengo. Desde que vivo sola vivo muy bien. Estar casada es un aburrimiento, yo he estado casada dos veces y no echo de menos a un hombre. Lo que pasa es que yo quería ser madre, y en aquella época para tener tres hijos, como he tenido, me tenía que casar. De todas formas, supongo que estaba enamorada de mis maridos cuando me casé con ellos. Lo que pasa es que a veces no puedes estar casada y dedicarte al canto.

¿Como si fuera un sacerdocio?

Es que lo es, pero sin voto de castidad. La carrera de cantante depende de nuestra voz, y eso es como un sacerdocio, es como entrar en una religión en la que a veces se nos exige hasta el celibato, la soledad y el silencio. Mis celdas han sido las habitaciones de los hoteles. ¿Sabe cuánto tiempo he pasado ahí estudiando, esperando, callando, haciendo silencio, en soledad? Soy una mujer nerviosa, pero he sido respetuosa con mis maridos. Además, con los años me he vuelto menos neurótica. Antes necesitaba silencio absoluto y viajaba con unas telas negras para evitar que entrara un rayo de luz por las ventanas. Ahora ya no. No sé si al dejar a mis maridos también he dejado las neurosis.

Tampoco debe resultar tarea fácil ser marido de Teresa Berganza.

Es cierto, no suelen aguantar ese segundo plano. Ser el marido de Teresa Berganza, de María Callas, no se lleva bien. Sin embargo, recuerdo a la mujer de Kraus, siempre en un rincón, y lo llevaba muy bien, igual que la esposa de Plácido Domingo y otros. Hay que amar mucho a la mujer para no ser solo el marido de la artista. Y, además, a nosotras tampoco nos gusta que quien tengamos al lado sea solo el marido de Teresa Berganza. Es muy complicado. Creo que lo ideal es tener un amante. Sin embargo, yo siempre he querido tener un solo amor en la vida. Porque yo creía en el amor, porque mis padres con ochenta y noventa años estaban absolutamente enamorados, y hablo de amor físico, no de amistad. Recuerdo a mi padre decirle a mi madre qué bellos eran sus ojos, y rozarle la piel… Ella entonces le decía, “no digas esas cosas delante de los niños”… Y los niños teníamos cincuenta años. Seguro que habrá otros hombres como mi padre, pero yo no los he conocido.

Durante un tiempo dio clases en la cátedra de canto Alfredo Kraus, ¿le gustaba enseñar?

Dejé las clases porque me exigían mucho tiempo. Pero la enseñanza me gusta, aunque me gustaría enseñar a quienes saben recibir. Hoy todos quieren cantar enseguida. Tienen mucha prisa. Le he dado clase a Isaac Galán, que es muy rico, mi niño pequeñín… Me gusta dar clase, pero me cansa. Y me gustaría tener alumnos que sólo necesitasen el empujón final para que salga el artista. Pero a veces la gente viene muy mal preparada.

Su hija, Cecilia Lavilla Berganza, canta y le acompañará en el recital de esta noche, ¿qué tal maestra es con ella?

Soy muy exigente con mi hija, pobrecita mía. A veces me pide que le escuche algo, y entonces ella me mira y piensa: “La que me espera...”. Pero es que yo también soy muy exigente conmigo misma, a veces me enfado con el pianista si no me corrige. Pero ella es muy estudiosa y muy consciente. La amo con pasión. Es igual que yo a su edad, pero más equilibrada. Yo rompo vasos y beso a toda la gente aunque no sepa quiénes son.

Usted es una beligerante luchadora contra el tabaco, estará contenta con la nueva ley.

Estoy encantada. Pero lo llevo mal porque tengo un hijo que fuma mucho. Le he ofrecido hasta comprarle un coche para que lo deje, pero no hay manera. Ahora lo está intentando y lo lleva fatal. Yo estoy contenta, pero me da pena ver a los fumadores arrinconados como en un gueto.

¿Cómo hay que tratar a una diva?

Yo solo soy diva cuando me hacen serlo. Es decir, cuando las cosas no funcionan, cuando la gente no está preparada, entonces me vuelvo diva. Y, ¿cómo hay que tratarme? Con mucho cuidado, se lo aseguro. Pero solo por respeto al trabajo y a la música. Cuando voy a actuar solo pido silencio, una habitación tranquila y una cama grande.

Imagine una actuación perfecta, ¿con qué director, qué compañero de reparto, obra, escenario…?

Sería bajo la batuta de Claudio Abbado, en compañía de Plácido Domingo, interpretando a Carmen y, cómo no, en la Ópera de París.

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