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Blanca Portillo: "En el escenario entro en un estado casi de éxtasis"

La actriz madrileña representa desde este jueves hasta el domingo la obra 'Silencio' en el Teatro Principal de Zaragoza. 

Blanca Portillo, este miércoles en el Teatro Principal de Zaragoza.
Blanca Portillo, este miércoles en el Teatro Principal de Zaragoza.
Guillermo Mestre

¿Qué siente al regresar al Teatro Principal de Zaragoza?

Emoción. El Teatro Principal es un lugar sagrado, en el que sientes el legado de todos los grandes actores que han pasado por sus tablas. Estoy segura de que esa energía siempre está, de gente que va dejando una huella. No soy nada miedosa y, sin embargo, un teatro sería uno de los únicos sitios en los que no pasaría toda una noche. Porque esto está lleno de energías. Siempre que piso un escenario, y sobre todo cuando es tan glorioso y potente como el del Principal de Zaragoza, lo hago con todo el respeto y le pido a esas energías que me favorezcan.

Tras cuatro décadas de carrera, ¿le sigue asomando el respeto cuando comparece en un escenario?

No solamente me sigue dando respeto actuar en un teatro, sino que ha crecido con los años. Y con los años también ha aumentado el miedo, la responsabilidad, el saber que allí arriba tienes que dar todo lo que tienes porque los que están abajo lo merecen. El hecho teatral me parece sagrado. Yo me dedico a esto por devoción, por amor y así lo llevo viviendo 40 años y creciendo.

¿Logra abstraerse de todo lo que le rodea cuando se enfrenta cara a cara con el público?

Hay una cosa extraña, casi mágica. Una vez que me enfundo en el personaje, me visto y me termino de arreglar, todo lo demás desaparece, incluso yo desaparezco y entra el personaje a vivir por su cuenta. Y ahí no pienso en nada y le dejo al personaje que haga lo que tenga que hacer. Es pura magia. Todo lo demás se me olvida. Entro en un estado casi de éxtasis.

¿Cuándo, cómo y por quién conoció de esa pasión llamada teatro?

Lo descubrí por amor y por amor sigo. Me enamoré platónicamente de un profesor que tenía mientras estaba estudiando para ser azafata de congresos. Él tenía un grupo de teatro y entré para estar cerca y para aprender más. Descubrí que eso era la bomba el día que una persona que vio un ensayo me dijo que se había emocionado con lo que yo había hecho, supe que aquello sería lo mío. Me permitía vivir vidas que no eran la mía, emocionarme y emocionar. En aquel momento descubrí que era lo que quería hacer. Tenía 17 años y desde entonces no he parado.

En su profesión, como en la vida, es fundamental rodearse de gente con talento. En su caso, conforma un binomio muy fructífero con el dramaturgo con Juan Mayorga, cuyo último fruto es este ‘Silencio’ que llega a Zaragoza.

He tenido la suerte de compartir trabajo con gente maravillosa, con un talento infinito, que me ha ayudado a crecer. En el caso de Juan me siento como cuando Margarita Xirgu conoció a Lorca y se enamoraron mutuamente. Tengo la fortuna de ser contemporánea de Juan Mayorga. Podría haber nacido 50 años antes o 50 después, pero casualmente he coincidido con él. Nos conocemos desde el colegio, nos queremos y me siento una privilegiada. Lo único que me da son cosas buenas. No estaría donde estoy sin personas como Juan.

En la obra reivindican el silencio en una sociedad entregada a la cultura de la saturación.

Estamos acostumbrados a hablar por hablar, al ruido, a no escuchar a los demás. El silencio es un espacio muy fértil para la creación, pero hay que cuidarlo. Mi trabajo actoral lo desarrollo siempre desde el silencio más absoluto. El teatro no tiene sentido sin silencio.

El próximo verano rodará con Paula Ortiz una película sobre santa Teresa de Jesús, a la que encarnará. ¿Cómo afronta tamaño desafío?

Estoy muy ilusionada. Es un proyecto que veníamos pergeñando desde hace mucho tiempo y finalmente se va a hacer. Está basado en un texto de Juan Mayorga, ‘La lengua en pedazos’, y narra el encuentro de santa Teresa de Jesús con un inquisidor. Paula es una directora que admiro desde hace tiempo, me gusta muchísimo. Cuando supe que era ella quien lo iba a dirigir, me dio la alegría de la vida. Voy a reencontrarme con Asier Etxeandía, con el que he tenido momentos maravillosos en mi trayectoria teatral. Es un proyecto que me da miedo porque es un trabajo muy difícil. Teresa de Jesús es un personaje complicado de abordar, una diana a la que todo el mundo va a tirar y opinar. Pero también es un personaje apasionante, que me está enseñando muchísimo. Ya estoy preparándolo con una ilusión enorme. Una parte de mi cerebro y de mi corazón ya están con ‘Teresa’. 

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