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Orlinski: "Tengo un fantástico recuerdo de la ciudad de Zaragoza"

El contratenor de fama mundial ofrece este martes junto al pianista Michal Biel (19.30, sala Mozart) un recital integrado en la temporada de conciertos de la Sociedad Filarmónica de Zaragoza. 

Jakub Josef Orlinski, durante una actuación reciente en Polonia.
Jakub Josef Orlinski, durante una actuación reciente en Polonia.
HA

El contratenor polaco Jaku Josef Orlinski actúa este martes (19.30, sala Mozart del Auditorio, 25 euros en Ibercaja) dentro de la temporada de conciertos de la Sociedad Filarmónica de Zaragoza. Orlinski estará acompañado por su compatriota Michal Biel al piano y abordará un repertorio sustentado sobre todo en obras de Henry Purcell, además de repasar piezas de Fux, Czyz, Karlowicz, Moniuszko y Händel en dos tandas de 45 minutos cada una. 

No es la primera actuación de Orlinski en Zaragoza, aunque sí el primer concierto propiamente dicho. "Tengo un fantástico recuerdo de la ciudad de Zaragoza: estuve en 2012 para participar en el concurso de Montserrat Caballé. Me eliminaron tras la primera ronda, eso sí -ríe- pero lo pasé de maravilla. Hey, a veces ganas, a veces pierdes, ¡sin rencor!". 

Orlinski recuerda bien la experiencia aledaña al concurso. "Bebí una botella de vino, creo que se llamaba Bach -un vino de San Esteve Sesrovires, curiosamente; el pueblo natal de Rosalía- y andábamos varios amigos, pasamos una tarde en el parque tirados en la hierba, mirando los pájaros. Me encantó la catedral del Pilar, recuerdo que estaban tocando música renacentista… tengo muchas imágenes de este viaje. Incluso hice un pequeño vídeo, en el que salgo caminando por la calle y también practicando el breakdance, que me encanta, frente a muros llenos de graffitis".

El músico y contratenor tiene una agenda laboral increíble. Sus viajes alrededor del mundo, como ocurre con todas las primeras figuras operísticas, son continuos. “Tengo suerte, sí; conté con un mes de descanso en la pandemia, pero es cierto que paro poco. Estoy girando todo el tiempo, grabando, dando conciertos online, actividades de caridad, vídeos musicales… mucho trabajo”.

El ajetreo incluye frecuentes cambios de formato, acompañamiento y, por tanto, de repertorio, pero lo más llamativo es la propia deslocalización del intérprete en el plano geográfico. “Es muy complicado, sí. A veces me levanto en un hotel y literalmente no sé dónde estoy hasta que no miro por la ventana, y a veces ni eso. Ahora sí lo sé, en Bilbao -explicaba la semana pasada, durante su charla con HERALDO- pero ayer estaba en Leverkusen, y cambio de país varias veces a la semana. Este tour empezó a final de febrero, y acaba en agosto; tengo mi base en Varsovia, ahí están mi familia y amigos y ahí comienza cada proyecto profesional nuevo, pero paso mucho tiempo fuera”.

El polaco viene a Zaragoza con su compatriota Michal Biel al piano. “A veces trabajo en recitales con Michal, otras con Il Pomo D’Oro, otras con Jardine d’Amore… salto de un programa a otro, pero no me quejo, es extremadamente excitante ver a toda esa gente que experimenta sensaciones muy fuertes con nuestra música. Pasamos de ‘Aenima aeterna’ a ‘Farewells’, lo nuevo con música polaca que he sacado con Michal hace justo un año, o los ‘Dialogues’… el otro día, en Alemania, estábamos con el ‘Stabat Mater’ de Pergolesi”.

La vida en la Gran Manzana

Orlinski pasó dos años en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York. “Bueno, ahí estuvo Michal también. Teníamos 24 años los dos, veníamos de graduarnos y teníamos claro lo que buscábamos allá, las enseñanzas que perseguíamos. Tienen unas instalaciones tremendas y grandes profesores; pides trabajar en algo concreto, lo solicitas en tu horario semanal por escrito y pides a tal persona para aprender de lieder alemán, o dicción francesa, o canción italiana clásica… tienes literalmente acceso a todo lo que puedas imaginar para encaminarte a una carrera profesional en la música". 

El polaco explicaba que "al final acabas trabajando el día entero, sobre todo el primer año; si quieres, entras temprano y sigues ahí a la medianoche cuando cierran. Luego entiendes que hay que frenar un poco; vinieron amigos a visitarme a final de curso y en tres días conocieron mucho más que yo en nueve meses. Es una locura, lo sé, pero es que la competencia es dura. Hasta en pequeños conciertos en sótanos te topabas con Zachary Woolfe haciendo una reseña para el NY Times… tenías que estar preparado siempre”.

La carga de trabajo en Juilliard aflojó un poco el segundo año. “Tuve tiempo para disfrutar de Nueva York más allá de las clases, aunque al final mi ocio también estaba relacionado casi siempre con la música. Recorría maravillosos clubes de jazz todo el tiempo, jameando, y también me encanta ir a bailar, así que dediqué tiempo a eso. Recuerdo unos encuentros dominicales en el Upper East Side, en la universidad de Weill Cornell de la Ivy League, especializada en medicina; en el gimnasio se hacía breakdance. Bueno, y un clásico: largos paseos por Central Park, perderme por allá".

Orlinski, ejecutando un paso de breakdance.
Orlinski, ejecutando un paso de breakdance.
Anna Von Kooij

El artista centroeuropeo actuó cinco noches el pasado otoño en el Metropolitan de Nueva York como Orfeo en ‘Eurydice’, su debut en la plaza. “Estaba muy excitado, y también nervioso, como pasa en cualquier concierto, da igual que sea en un pueblito en Polonia o en el escenario más grande de la tierra. Lo que pasa es que aprendí a hacer de ese estrés algo motivacional. Por otro lado, ensayamos tanto... estábamos listos; al final, fue muy divertido”.

La viralidad de una pieza de Vivaldi

Con su interpretación del ‘Vedrò con mio diletto’ de Vivaldi afloró en las redes una grabación que se hizo mundialmente famosa y aplaudida. “Pues hay comentarios por ahí que dicen que de estar vivo, Vivaldi me hubiera matado por aquello. Ya sabes, el amor y el odio de internet siempre presentes, hay que estar preparado para ambas cosas y siempre voy paso a paso. En este video el lugar y el momento eran el correctos, accedí a cantar y se hizo viral; es algo que nunca se controla del todo, pero desde luego el asunto me ayudó mucho con la publicidad y el reconocimiento en todo el mundo. Por ejemplo, nunca he estado en Argentina o Brasil, pero me han escrito mucho desde allá. ¡Incluso he sido una respuesta en un crucigrama allá! Creo que el ‘Vedró’ quedó bien, especialmente gracias a Alphonse Simon, que con un breve ensayo de cinco minutos antes de la entrevista ese día se manejó muy bien”.

El breakdance es algo curioso en un cantante lírico, inusual por donde quiera que se mire, pero Orlinski no lo entiende de ese modo en su caso. “Yo encuentro conexiones entre ambas cosas, a mí me ayuda mucho. Me gusta expresarme en diferentes formas, y aunque cantar es mi prioridad, el baile está obviamente conectado con la música; cuando bailas tomas la energía de la música que escuchas, es lo que te mueve; llega el ‘vibe’ y te lanzas. Bailar breakdance puede sonar extremo en este contexto, pero es algo libre, tiene en mí el mismo efecto de una meditación. Me ayuda a mantener una buena salud vocal y física, y a mantenerme centrado en el día a día tan intenso de mi vida”.

La cosa no se queda en mera afición: adoro la cultura hip hop. “Es fenomenal. Estuve hace poco en Milán y en la noche tras el ensayo visité a mis colegas del Bandits Crew, bailé un buen rato. También pude hacerlo últimamente en Zurich y Francfort. Espero encontrar alguien en Zaragoza para buscar un ratito de baile”.

Al Jakub Josef Orlinski contratenor se añade el bailarín, el modelo para Nike o Levi’s… sin embargo, no teme apretar menos por abarcar tanto. “Conozco los comentarios en ese sentido, pero no me importan. Hago lo que hago y a los que les guste, perfecto, a los que no… no obligo a nadie a prestarme atención. Seguiré haciendo lo mío como creo que debo hacerlo, a mi manera”.”.

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