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PINTURA. HOY DOMINGO

Dino Valls: "Mi pintura nace de la serenidad y de un rigor casi científico"

El artista zaragozano regresa a casa y expone en el Paraninfo una selección de sus cuadros marcados por la belleza herida y los conflictos internos

A Dino Valls le gusta ir más allá de la obviedad: hacia los secretos del corazón, las psicopatías y la belleza turbadora.
A Dino Valls le gusta ir más allá de la obviedad: hacia los secretos del corazón, las psicopatías y la belleza turbadora.
Toni Galán.

¿Qué le ha llevado a volver a Zaragoza? 

Son etapas y circunstancias que en un momento dado te hacen plantear la vuelta: nuestros padres son ancianos y muy vulnerables. Y yo, como artista, no dependo de un lugar en concreto. Puedo pintar en Madrid, en Zaragoza o en Sudáfrica, y sería casi lo mismo porque ya todo funciona a nivel internacional y de otra manera.

¿Qué le gusta de Zaragoza?

Siempre me siento cómodo no muy lejos de una ciudad pero no en una ciudad, que es lo que he hecho en Madrid y ahora a la vuelta. Vivimos en Villanueva de Gállego, en Las Lomas. Zaragoza es una ciudad muy cómoda, accesible y humana, que tiene tanto o más que lo que pueda ofrecer una ciudad mucho más grande. Es muy agradable para vivir.

¿Cómo se resumen treinta años en Madrid, pintando como si fuera un místico, un artesano y un artista?

Soy un místico y un artista que ha hecho artesanía con la materia. Creo que esas tres palabras me pueden definir muy bien, sí, y si analizamos cualquiera veríamos que no dependen del entorno. Quizá el lugar del artista tiene que ser un observatorio subterráneo desde el que percibe ocultamente la realidad y de allí tiene que sacar aquello que de universal y atemporal tiene el ser humano. Y evidentemente sí soy místico, con mucha más razón, me encierro en mí mismo y la labor de la artesanía extrema que yo intento desarrollar en mis cuadros exige una concentración y un tiempo y un aislamiento que tampoco depende del entorno o la ciudad en la que estás. Siempre habito países mentales, interiores, subterráneos, e intento con mi labor trascender a la propia materia o la propia condición humana desde una manera absolutamente agnóstica. La espiritualidad la busco a otros niveles.

¿En qué medida le compensa hacer de dos a cuatro cuadros, solo, al año?

Hacer cuatro cuadros al año o hacer un cuadro solo a lo largo de dos o tres años. Con el penúltimo que hice estuve más de dos años. Y en el que estoy trabajando llevo más de un año y es posible que tarde otro año y pico más en terminarlo. ¿La razón de ese tiempo? Es una razón de concepción, de desarrollo conceptual y compositivo de una idea que es grande y compleja; y luego su realización me lleva el tiempo de ejecución de cuatro o seis cuadros de un formato más pequeño… Hacer un cuadro más grande en mi caso no es hacer un cuadro con objetos o personajes más grandes, sino hacer muchas más cosas y establecer muchas más relaciones entre esos elementos y personajes con el espectador.

tras 30 años de residencia en Madrid, regresa a Zaragoza.
tras 30 años de residencia en Madrid, regresa a Zaragoza.
Toni Galán.

¿Y todo ese tiempo que invierte, qué es, perfección, matices, gusto sin más por la pintura, necesidad íntima?

Hay varias cosas. Una de ellas es la propia complejidad en la concepción del cuadro, en la composición, en el desarrollo temático, en la narrativa. Tenga en cuenta de que el cuadro no es una representación de algo que viene de fuera, sino que todo, todo absolutamente todo es una creación interior que hago en bocetos previos. Todo ese trabajo cuando es un retablo muy grande se multiplica porque es ardua la cantidad de relaciones que hay entre todos los elementos. Y también está esa artesanía de la que hablábamos antes. Plásticamente me interesa mucho la técnica. Siempre es secundaria al tema, pero aún así le doy mucha importancia a la realización plástica.

Utiliza arquetipos y seres humanos, más bien desnudos, y en concreto un rostro.

Mi pintura se aleja del realismo. Es un trabajo muy complicado, imaginar todos los detalles, luces, sombras, reflejos, volúmenes, la tridimensionalidad de cada objeto, con lo que tiene que estar ahí encajado y que plásticamente me guste. Yo quiero que la pintura sea jugosa, comestible, quiero que la pintura no sea empastada sino que tenga transparencias, unas veladuras. Quiero que la pintura en sí, cuando estemos viendo un fondo, sea ya atractiva.

¿Se acuerda de lo que sueña?

No siempre. Los sueños rara vez han dado a un origen a un detalle o a un tema de un cuadro… No soy nada surrealista, pero la imagen que empieza a desarrollar un tema estoy convencido de que siempre surge de una energía del inconsciente que se visualiza básicamente en imágenes, en el lenguaje, en la etimología, de ahí que use tanto el latín. Mi trabajo es muy intelectual, siempre elaborado y posterior. Y soy obsesivo.

¿Qué quiere contar, decir, representar?

Es la misma pregunta que todo el arte, todos los místicos y toda la filosofía se hacen. Y todo lo que el ser humano caracterizado como animal simbólico se ha preguntado siempre: ¿qué hacemos aquí, qué es esto? ¿Qué sentido tiene la vida? La razón básica y última del arte es esa: seguir preguntándolo.

¿Por qué cree que le gusta a la gente su pintura?

Creo que hay varias lecturas. Y todas ellas, siendo válidas, son lecturas, como mi pintura, en capas. Son cada vez más profundas. Se ha calificado mi obra como una pintura críptica, que no tiene fácil explicación, que es cerrada. Es todo lo contrario, es abierta y ofrece todas las posibilidades de interpretación. La profundidad psicológica de la mirada de mis personajes es la que provoca en el espectador esa emoción hasta el punto que una señora en la exposición me dijo: «Gracias por pintar». Y luego añadió: «Gracias por existir». Se me pusieron los pelos de punta.

También hay gente que dice que esa pintura le da miedo.

Esas opiniones son las que directamente no me llegan, y lo entiendo. Porque enfrentarse a los propios fantasmas no es nada fácil. Para poder trabajar y levantarse cada día con ánimos es necesario prescindir de los conflictos interiores, y eso es lo que yo cuento. El deber del filósofo, del artista y del místico tiene que ser bucear en esos sótanos de la mente. Alguien puede quedarse únicamente en que son cuadros de una belleza inquietad o de una inquietud bella...

¿Siente pánico, tiene terrores nocturnos, ve visiones demasiado desapacibles?

No. Soy una persona analítica y racional que buceo en lo irracional pero nunca he sentido que perdía la gravedad. Mi pintura nace de la serenidad y del rigor casi científico y académico. Casi desde un rigor médico y psicológico. O psiquiátrico.

¿Por que se sienten tan cómodos con su obra los médicos?

Con esta muestra del Paraninfo se cierra un círculo. Vuelvo a mi casa, a mi mundo, a mis orígenes. Estoy feliz y agradecido. Los médicos tienen una pasión vocacional por su trabajo, pero hay dos aspectos que quiero subrayar: parte de esa inquietud e incomodidad que causa mi pintura, ellos la tienen superada, conocen el cuerpo humano, conocen las miserias de lo físico y lo psíquico, con lo cual están acostumbrados a navegar esos mares. A ellos les es menos dolorosa. Y por otra parte, lo que a mí me hizo elegir medicina quizá y caracteriza mi pintura, y es que estamos focalizados en el ser humano. Como ellos, yo también me siento un humanista.

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