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Ángeles Felices: "En cómic, un buen guión es una fortuna; y uno malo, un tormento"

La dibujante aragonesa recibe un premio este sábado en Cómic Barcelona

Ángeles Felices, pintando este viernes en su domicilio zaragozano.
Ángeles Felices, pintando este viernes en su domicilio zaragozano.
Guillermo Mestre

Daniel Torres ha ganado el Gran Premio de Cómic Barcelona, y ‘El pacto’, de Paco Sordo, es la mejor obra española publicada en 2021. Pero el Salón tiene otros premiados, como la dibujante aragonesa Ángeles Felices, que recibe en esta edición el premio honorífico ‘Nuestras clásicas’ junto a Carme Barbará y Marika Vila. Participará junto a ellas en una mesa redonda. La dibujante (Zaragoza, 1948) es una de las pioneras femeninas del medio en España, aunque desde hace más de una década solo pinta acuarelas.

"En mi época ya había mujeres que dibujaban, y muy bien, como María Pascual; y también las hay hoy, como Sara Jotabé. Nunca me planteé si lo tenía más o menos fácil por ser mujer: tuve la suerte de que lo que sabía hacer encajaba. Y la vocación hace milagros".

Llegó al cómic a través de la pintura. Pero "crecí rodeada de tebeos y eso me marcó2, subraya. Estudió con Alejandro Cañada, publicó sus primeras historietas en Francia, y a mediados de los 70 sus dibujos se los disputaban las mejores revistas de Suecia, España, el Reino Unido y, sobre todo, Holanda. Si no hizo más es porque no llegaba. "Yo era un poco lentita, pero es que no sabía hacerlo de otra manera –señala–. No quier parecer grandilocuente, pero aspiraba a que mis dibujos tuvieran alma, que fueran creíbles, humanos, y eso solo se puede conseguir trabajando bien la ambientación, ajustándose a la realidad2.

Junto a la guionista Patty Klein, fallecida hace ahora tres años, configuró un dúo que hoy es uno de los grandes clásicos del cómic holandés. Eran historietas muy humanas, tiernas, positivas, muy alejadas de los superhéroes y de los rincones oscuros de donde bebe a menudo el manga. "Tenía que respetar el guión y la acción, pero Patty siempre me dejó libertad absoluta para dar vida a las viñetas. Eran guiones muy buenos. En el mundo de la historieta un buen guión es una fortuna, y tener que desarrollar uno malo es un auténtico tormento". No dejó las series con las que triunfó en Holanda durante 20 años, sino que ellas «me dejaron a mí». «Todo tiene un principio y un final –añade–. Vivimos unos años en Barcelona (está casada con el pintor Hermógenes Pardo), luego estuvimos en Madrid y, después de 25 años allí, nos instalamos en Zaragoza en 2011». En 2017 recibió el Gran Premio del Cómic Aragonés y mostró sus dibujos en el Centro Joaquín Roncal.

Pero desde hace más de una década está concentrada en su vocación más primitiva, la pintura. Y en una de sus técnicas más exigentes, la acuarela. Esta faceta suya también ha tenido la oportunidad de mostrarla al público en exposiciones individuales como una celebrada en el palacio de Montemuzo en 2016. "El cómic me absorbió durante buena parte de mi vida –concluye–, pero ahora puedo pintar. Como técnica, la acuarela es muy diferente a las demás, y en mi caso la acuarela no es muy ortodoxa porque no humedezco mucho el papel. También he hecho óleos, pero la naturaleza te da muchas oportunidades para pintarla con acuarela".

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