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'Sulfuro': un libro para un Día de la Madre de ultratumba

En su trepidante nueva novela, la argentina Fernanda García Lao lleva al género del terror fantasmal cuestiones relacionadas con la maternidad,  las convenciones sociales o el papel de la mujer en sociedad.

Fernanda García Lao, el lunes, en Zaragoza.
Fernanda García Lao, el lunes, en Zaragoza.
José Miguel Marco

La escritora argentina Fernanda García Lao se ve una intrusa en el barrio de Buenos Aires donde vive: "Un barrio bien, con garitas y jardineros". No encaja, dice, ni por gustos, ni por ideología, ni socialmente. Allí observa a sus vecinos, que le son tan ajenos pero que han acabado siendo el germen de su nueva novela, presentada esta semana en Zaragoza en puertas del Día de la Madre del próximo día 1. Y es que resulta que 'Sulfuro' (Editorial Candaya) habla de la maternidad pero, como Fernanda en su barrio, nada contracorriente del tono celebratorio y medio edulcorado que caracteriza ese primer domingo de mayo.

Bien al contrario, la novela discurre por algunos de los caminos torturados que puede suponer ser madre. O no poder serlo. O tener una madre que no es "normal". Es precisamente en esos márgenes de lo establecido donde se instala la escritora, interesada desde su primer libro en "la sombra y la oscuridad de lo normal". "En el libro hay un montón de relatos que me vinieron dictados de mis propias pesadillas en ese barrio". recuerda.

Fernanda García Lao, el lunes, en Zaragoza.
Fernanda García Lao, el lunes, en Zaragoza.
José Miguel Marco

Una bonita casa con dos piscinas -idéntica a la de la autora- es el epicentro físico de ese empeño desenmascarador para el que García Lao sitúa un pie en en este mundo y otro en el más allá.

 'Sulfuro' bebe, por un lado, de esa tradición de diluir las fronteras entre vivos y muertos propia de la literatura latinoamericana -en este caso en la línea de María Luisa Bombal o Juan Rulfo- y, por otro, también de las maneras del terror gótico del XIX con sus monstruos ("¿sabes que Mary Shelley escribió 'Frankestein' embarazada?", apunta Fernanda) y fantasmas.

"Pero los fantasmas ya no van con una sábana y cadenas", bromea Fernanda. Los de la escritora salen del cementerio que está justo enfrente de la vivienda de la protagonista (como le sucede a la escritora en la vida real). Son unos fantasmas que pueblan un mundo doméstico, una aparente normalidad que alberga no pocos horrores, sobre todo para las mujeres: "Se trata de poner en tela de juicio la naturalidad con la que se han asumido todo tipo de violencias sobre el cuerpo de la mujer, sobre lo que debe representar".

"¿Qué es lo normal? -se pregunta Fernanda-. Hay cánones de época que se van moviendo y que van desnudando comportamientos asumidos que una vez señalados es difícil no verlos. Es la mirada feminista de esta nueva ola la que hace que descartes sin duda cosas que antes estabas obligada a aceptar. Esos comportamientos machistas, patriarcales, siguen vigentes. La cuestión es cómo se denuncian y a mí me gusta hacerlo desde la ficción".

La protagonista de la trama -escrita en forma de capítulos cortos, trepidantes- y que aún no ha llegado a ese 'despertar feminista' y nace de la observación de la realidad. Cuenta Fernanda: "Veía a una vecina mucho más joven que el marido. Iba y venía en coche, siempre atareada. A veces era abroncada por él, la trataba a los gritos. Y me planteé que pensaría ella, qué pensaría realmente de su vida".

Ese horror de lo cotidiano, que a menudo tapan las convenciones sociales, lleva a la protagonista hacia una debacle, al borde de la locura, si bien nunca queda claro hasta que punto lo que vive la protagonista es real o está en su cabeza: "Para mí esa ambigüedad forma parte del relato fantástico, esa idea de que el narrador quizá no sea tan confiable", explica la autora. "La locura puede llegar también con la distancia entre lo que se dice, lo que se hace, lo que se siente y lo que se piensa". Y remata: "A mí me parece que la escritura y la locura están muy cerca".

"¿Qué por qué no tienen nombre los personajes del libro y sí los fantasmas? Porque tú no sabes cómo se llama la gente que te cruzas por la calle pero en un cementerio las lápidas son como una tarjeta de presentación. En Argentina algunas dan muchísimos datos de cada muerto". En el libro hay muchos fantasmas, como Fermín di Tulio, Petra o Robertita, que es 'fantasma real': "La vi en el cementerio, pero tras el tiempo que dejé de visitar el cementerio porque cerró por la pandemia, desapareció".

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