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José Luis Cano publica un tebeo de humor que le ha inspirado su nieta Constanza

Editado por GP, lo presenta hoy en la Fundación Caja Rural y dice que los niños son inteligentes y lógicos

José Luis Cano se encuentra en un gran momento creativo: acaba de publicar 'El niño barroco' y ahora 'Constanza y yo'.
José Luis Cano se encuentra en un gran momento creativo: acaba de publicar 'El niño barroco' (Media Vaca) y ahora 'Constanza y yo' (GP).
Guillermo Mestre.

ZARAGOZA. Hace exactamente 30 años José-Carlos Mainer elogiaba la escritura de José Luis Cano (Zaragoza, 1948) y además reparaba en su peculiar humor y la erudición borgeana que la ordenaba. A lo largo del tiempo, Cano, que fue más de un cuarto de siglo artista gráfico de HERALDO, ha demostrado que sirve para todo: es pintor, escribe cuentos para niños y no tan niños, hace microcuentos y aforismos, es historiador del arte, acompaña con sus dibujos las vidas de los aragoneses más ilustres, como hizo para Xordica, y aún ha ido más allá: hizo su tesis doctoral sobre el humor y ha publicado volúmenes como ‘El niño barroco’ (Media Vaca) y ‘Constanza y yo’ (GP), que presenta hoy en la Fundación Caja Rural, otro libro más que singular, irreductible e inclasificable, que nace de los diálogos con su nieta Constanza, desde que ella tenía un año y medio hasta los nueve o diez.

«Dejé de anotar nuestros juegos y todo lo que recordaba que Constanza decía a esa edad porque sentía que invadía su intimidad», dice. Y explica algo que, alguien familiarizado con su humor seco y cortante, podría preguntarle: «Todos los textos son de Constanza: conservo fotos y algunas grabaciones donde se perciben sus frases y su ingenio. Y mañana (por hoy) pasaremos un pequeño vídeo de dos minutos donde se ve su humor. No he tenido que inventar nada», dice.

Constanza tiene ahora 18 años. «La serie empezó un poco por azar. Cuando tenía un año y medio fuimos al Guggenheim: se volvió como loca. Se exponía la obra de las esponjas azules de Yves Klein (ella las miraba y decía: “Caca, caca, caca”), había una muestra de los aztecas (se metió entre los bichos y decía: “Pío, pío, pío”) y se lanzaba a correr entre la escultura de Richard Serra y una pieza de azulejos de Richard Long y las vigilantes y azafatas iban detrás de ella. Escribí un texto, tuvo éxito y eso me animó», recuerda el autor de ‘El niño barroco’ (Media Vaca, 2021).

Luego Constanza se trasladó a Alcalá de Moncayo y el abuelo Cano iba a verla allí los fines de semana. «Hacíamos excursiones y salíamos a jugar al campo. Yo le proponía cosas y ella a mí. Siempre empezaba igual: «Vale, tú eras». Siempre empleaba una lógica aplastante y yo me convertí en su juguete favorito. Podía ser un ogro malo que la transformaba en esclava, un cojo que tenía que andar mucho a la pata coja. Un día le propuse un recorrido un poco largo. Y ella acortó, hizo el trayecto y me dijo: “Vale, tú eras el que me hacía el olé olé”».

«“No te hagas ilusiones que no me interesa nada. No voy a seguir tus pasos”. En el Museo del Prado, le expliqué ‘Las Meninas’ de Velázquez y de repente comentó: “Será así o no. ¡Vete tú a saber!”».

Durante el viaje de vuelta a Zaragoza, el pintor y escritor recordaba sus frases y las iba anotando. Y así fue creciendo el libro. «El humor de los niños es cortante y en general muy inteligente. De una lógica aplastante. Y también un poco somarda. Una vez, cuando había caído la noche, me dijo: “Vamos a ver los gatitos de una señora, una vecina, que acaban de nacer”. Le dije que era muy tarde, que no habíamos estado en esa casa, que yo no conocía a la señora. Y ella, dijo: “No pasa nada. Es una vieja como tú”. Otra vez, cuando yo asistía a las clases de sumi-e, se puso a hacer dibujos japoneses. Le dije que los hacía muy bien. Y era verdad. “No te hagas ilusiones que no me interesa nada. No voy a seguir tus pasos”. En el Prado, le expliqué ‘Las Meninas’ de Velázquez y de repente comentó: “Será así o no. ¡Vete tú a saber!”».

A Cano lo que más le llama la atención es que la muerte, tan natural en los niños, aparecía una y otra vez en las conversaciones. Y la España vacía, la crisis o los desahucios. Le impresionó una frase que parece salida del 15-M más que de los labios de una niña con menos de diez años: «Vale que esta era una banquera y nos quiere quitar la casa». El tebeo, de 288 páginas e ilustrado con dibujos de Cano, se presenta hoy, como se ha indicado, a las 19.00, en la Fundación Caja Rural con los autores, el editor Daniel Viñuales, la narradora y actriz Cristina Verbena y el grupo musical La Nube.

Cano trabaja en más cosas: prepara un libro sobre 20 milagros de San Vicente Ferrer para Mediavaca, e ilustra un libro llamado ‘Los amigos de Buñuel’, de Antonio Tausiet, para el Instituto de Estudios Turolenses. En realidad, como siempre, José Luis Cano está lleno de proyectos: por su espíritu surrealista y erudito, por su curiosidad y su afición a darle a las cosas una vuelta de calcetín, prepara un libro sobre ocho pintores y cuatro pintoras que, alguna vez, han pintado una cabra. 

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