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Muere el editor, escritor, fotógrafo y coleccionista Mario Muchnik

Tenía 91 años y publicó en sus diversos sellos a varios autores aragoneses como Julio Frisón, José Giménez Corbatón y Félix Teira.

Mario Muchnik fue un editor apasionado y un entusiasta fotógrafo. Exp,uso en la Biblioteca de Aragón en noviembre de 2011. Aquí lo vemos con Mariví Broto, Ramón Miranda y Pilar Navarrete.
Mario Muchnik fue un editor apasionado y un entusiasta fotógrafo. Exp,uso en la Biblioteca de Aragón en noviembre de 2011. Aquí lo vemos con Mariví Broto, Ramón Miranda y Pilar Navarrete.
Oliver Duch

Ha muerto a los 91 años el editor argentino, afincado en España desde los años 70, Mario Muchnik, que editó a varios autores aragoneses como José Giménez Corbatón (‘El fragor del agua’ y ‘Tampoco esta vez dirían nada’), Félix Teira ( ‘Gusanos de seda’, ‘Brisa de asfalto’ y ‘La violencia de las violetas’) y Julio Frisón ( ‘El altísimo secreto’, ‘No deis patadas a las piedras’ y ‘La autopsia de Vanity Lo’), que además fue el médico de su padre. 

Mario Muchnik nació en Buenos Aires en 1931, creció en Estados Unidos y se crió en distintos lugares de Europa. Era hijo del editor Jacobo Muchnik (del que hablaba maravillas Julio Frisón, el narrador y médico zaragozano), que fundó la editorial Fabril en su país. Estudió Física y fue aficionado a la fotografía. En 1973 fundó su primera editorial, con su padre, Muchnik Editores, donde publicarían en 1989 entre otros muchos títulos 'El altísimo secreto' de Julio Frisón, una novela sobre el hallazgo de un documento que probaba la existencia de Dios.

En los noventa, Muchnik trabajó en Anaya, hasta que a finales de esa década fundó otra editorial, Taller de Mario Muchnik. Tradujo a Primo Levi, autor de 'Si esto es un hombre', o Art Spiegelman, dibujante de 'Maus'; fue un gran trabajador y un editor absolutamente apasionado.  Reflexionó sobre la vida y su oficio de editor en libros que fueron leídos y comentados: 'Lo peor no son los autores' (1999) y 'Ajuste de cuentas' (2004), dos volúmenes apasionantes de memorias. Y publicó, entre otros tomos, 'Editar Guerra y paz', de 2003; la edición de ese libro fue uno de los grandes empeños de su carrera, aunque la lista de autores publicados por Mario Muchnik es extensa y se contemplan libros y autores de mucho éxito como Kenizé Mourad y Elias Canetti y J. M. Coetzee, que recibieron el Nobel. 

“¿Mis 40 años como editor? No tengo quejas. Solo le encuentro el defecto de que me ha alejado más de lo que yo quisiera de la fotografía. Y ahí sigo aún: reedito estos días la monumental 'Guerra y paz', de León Tolstoi, que es la mejor novela de todos los tiempos”, decía en Zaragoza en 2008

Fue un estupendo fotógrafo, expuso en varios lugares del país y editó sus fotos de escritores en un libro. En noviembre de 2008 expuso en la Biblioteca de Aragón y nos contaba a la escritora Aloma Rodríguez y a mí esta anécdota que sucedió en Estocolmo: “Mi gran amigo español ha sido Isaac Montero. A Elías Canetti le hice un carrete completo cuando recibió el Nobel en Estocolmo, pero estaba mal colocado en la cámara y no salió nada. El editor y escritor Roberto Calasso y su esposa de entonces Fleur Jaeggy, también escritora, me dijeron, entre carcajadas: 'Oh, oh, Mario. Esas son las mejores fotos de Elías Canetti’. De Italo Calvino fui vecino y le propuse editar 'El barón rampante' con una colección mía de fotos de árboles, de hojas y de flores. Cada una de mis fotos, como cada uno de los objetos que tengo en mi casa, tiene una historia”. Como se vio cuando donó algunos de sus objetos personales a la Caja de las Letras del Cervantes: entre ellos, una foto dedicada por la joven actriz Shirley Temple.

En aquella entrevista, que publicó ‘Heraldo’ nos dijo: “Después de vivir en Roma y en Nápoles, donde estuve doce años, dejé la Física hacia 1966. Me trasladé a París, donde cubrí como fotógrafo el mayo del 68. Ahora tengo una exposición de esa época en la Diputación de Córdoba. Conocí a Enrico Sarsini, un fotógrafo profesional de 'Life'. Me invitó a su apartamento, y al cabo de un rato volvió cargado de cámaras Leica y de objetivos. Cogió dos M-3. 'Necesitas un objetivo de 35 mm., uno de 50 y otro de 80. Creo que eso te bastará', dijo. Eran auténticas virguerías de profesional. '¿Así que me los prestas?'. 'Es tuyo, es tuyo'. Me quedé estupefacto. Pero además falsificó de inmediato un carné antiguo suyo y pasé a tener mi propio carné de 'Life'. 'Cuando te vean con las Leicas al cuello nadie pondrá en duda que perteneces a la revista', aventuró. Hice todo el mayo francés, le mandaba los rollos a la revista 'Life', cientos de fotos, pero solo me publicaron una. Estuve en reuniones de los comunistas y los socialistas, capté a un joven François Miterrand, en las barricadas…”

Le pedimos entonces que hiciera un balance de sus 40 años en la edición. “No tengo quejas. Solo le encuentro el defecto de que me ha alejado más de lo que yo quisiera de la fotografía. Y ahí sigo aún: reedito estos días la monumental 'Guerra y paz', de León Tolstoi, que es la mejor novela de todos los tiempos”, dijo.

Mario Muchnik en la Biblioteca de Aragón en 2011.
Mario Muchnik en la Biblioteca de Aragón en 2011.
Oliver Duch

Su vida había sido fascinante. Así recordaba sus inicios en la fotografía y su peculiar personalidad: "En Nueva York había pequeños clubes de casi todo, y vi que anunciaban un club de fotografía. Me apunté. Tenían un laboratorio inmenso con una cámara oscura de cien metros cuadros. Disfrutaba con el positivado. Me encantaba salir con mi cámara: tomé fotos del puente de Brooklyn, que luego fue una y mil veces retratado y se convirtió en un clásico, y de la universidad de noche. Allí había estudiado Lorca hacia 1929, y alguien me dijo que me había tocado en suerte la habitación que él había utilizado más de veinte años atrás. Nunca lo tuve claro".

"Me recuerdo toda la vida haciendo fotos. Conozco mejor el mundo gracias a la fotografía, y he llorado en muchas ocasiones ante la belleza ajena. La belleza me conmueve y Cartier-Bresson atrapa mejor que nadie la belleza de un momento único".

Y aún reveló un curioso secreto: "Me trasladé a Europa, donde continué mis estudios y donde sería profesor. Adquirí una Rolleiflex y alquilé una casa grande con dos baños. Como vivía solo, convertí uno de ellos en mi habitación oscura. Ya hacía mis propios experimentos: buscaba una fotografía con grano muy fino. En aquellos tiempos tomé muchas fotos que permanecen en secreto: en particular, una colección de desnudos de Nicole (su esposa y su compañera, a la que hemos visto firmar sus artículos en 'El País'), que ella no quiere que enseñe. Realizaba fotos en las que el blanco no tenía ese tono lechoso ni el negro tenía el color tinto, parecían huecograbados, en la línea de las fotos que había hecho años atrás la revista 'Camera Work', con Alfred Stieglitz y Edward Steichen", dijo. 

Aunque debe su fama a su pulcritud como editor y a una impresionante nómina de autores a los que publicó, y también a su sinceridad, que le ocasionó problemas y algún despido, la fotografía lo acompañó siempre. Confesaba: "La fotografía es un instrumento de vida, es un método de conocimiento. Creo que es la disciplina a la que le he dedicado más tiempo. A lo largo de mi vida me han interesado la ciencia, la música, los libros y la fotografía. Me recuerdo toda la vida haciendo fotos. Conozco mejor el mundo gracias a la fotografía, y he llorado en muchas ocasiones ante la belleza ajena. La belleza me conmueve y Cartier-Bresson atrapa mejor que nadie la belleza de un momento único".

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