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El Conservatorio Profesional de Zaragoza, a la espera de una solución

Los 655 alumnos estudian en aulas improvisadas o sin adecuación. En 2019 el Justicia pidió a la DGA que el centro se trasladara a otro edificio 

El Conservatorio Profesional de Música de Zaragoza se ubica en un antiguo colegio de la calle de San Vicente de Paúl.
El Conservatorio Profesional de Música de Zaragoza se ubica en un antiguo colegio de la calle de San Vicente de Paúl.
Toni Galán

"O no nos dan respuesta, o no nos dan solución". Así resume la situación del Conservatorio Profesional de Música de Zaragoza Esther Fernández, vicepresidenta de la Asociación de Madres y Padres del centro. Una asociación que lleva el nombre de la pianista aragonesa Pilar Bayona. La situación se arrastra desde hace décadas pero en este curso se ha convertido ya en "insostenible", subraya Fernández.

A los niños y jóvenes zaragozanos que quieran estudiar música se les abren principalmente tres vías: la enseñanza privada, el Conservatorio Superior y el Profesional. Aunque este último imparte formación a un elevado número de jóvenes (655 este curso) muchos especialistas consideran la cifra insuficiente para el volumen de población de la capital aragonesa (ciudades como Málaga, Sevilla o Santander tienen dos conservatorios profesionales). En cualquier caso, el actual, que cada curso deja fuera muchas solicitudes, está ya sobresaturado. "Lo está desde hace muchos años, pero este curso 2021-2022 se ha dado una vuelta de tuerca más –añade Esther Fernández–. No hay espacio, no hay aulas suficientes. Hace ya 20 años, ante la saturación del edificio y como solución provisional, se cedió al Conservatorio un ala del Instituto Pedro de Luna. En cursos anteriores daban clase allí unos 15 profesores, pero este curso son ya 23 y, además, no tienen allí ningún tipo de material o apoyo, como teléfono o impresora.Casi todos los alumnos del centro se ven obligados a ir de un lado a otro porque, por ejemplo, tienen la clase de su instrumento en el conservatorio de San Vicente de Paúl y la de música de cámara en el instituto, en la calle de la Universidad, en la plaza de la Magdalena". Eso genera problemas de seguridad, por la corta edad de muchos alumnos que, además, con el traslado, tienen imposible llegar a su hora a muchas de sus clases.

El problema se remonta a hace 27 años, cuando se reordenaron las enseñanzas musicales, dividiendo el conservatorio de la calle de San Miguel en dos, Profesional y Superior. Para este último se hizo un edificio de nueva planta y al Profesional se le ‘acomodó’ en un antiguo colegio en la calle de San Vicente de Paúl. Ya entonces, en el año 1993, la solución se vio inoportuna porque el espacio era a todas luces inadecuado e insuficiente. Pero no se hizo nada, y casi 30 años después la situación no ha mejorado ni pese al espacio cedido por el instituto.

"El edificio estaba catalogado y, por tanto, no se pudieron hacer modificaciones que eran totalmente necesarias. Y es que no había sido concebido para las peculiaridades que exige la enseñanza musical", subraya Esther Fernández.

La protección del edificio hizo que en su día no se modificara su estructura. Las persianas fijas exteriores no se pueden abrir, la iluminación tiene que ser artificial y, en estos tiempos de medidas higiénicas contra el coronavirus, la ventilación es insuficiente. La sala de profesores tiene unos 15 metros cuadrados de superficie y debe servir para más de 75 pedagogos. Un profesor que da clases en el centro asegura: "Llevo en un aula desde 1994 y desde entonces no ha entrado allí ni un rayo de sol. Y las 30 aulas que hay en el Pedro de Luna padecen todas problemas de resonancia y no tienen ningún tipo de acondicionamiento".

En los últimos tiempos, además, la situación ha empeorado. La cubierta del edificio de la calle de San Vicente de Paúl sufre problemas y hay filtraciones de agua en la tercera planta. No parece haber, de momento, la financiación necesaria para sanear las cubiertas.

La situación es tan acuciante que la sala de espera, donde los padres aguardaban a sus hijos, se ha reconvertido también en aula. "Las cabinas de estudio están inhabilitadas desde hace más de dos años porque no tienen ni luz ni ventilación y el auditorio es pequeño e insuficiente y tampoco tiene ventilación", añade Esther Fernández. Hace ahora cinco años, los padres iniciaron una campaña de protestas por la situación, con una concentración en la plaza de España, donde reclamaron a la DGA el traslado a un lugar más adecuado donde poder impartir y recibir las clases de una manera digna. Hubo, también, una comparecencia en las Cortes regionales.

Y se presentó una queja al Justicia de Aragón, Ángel Dolado, que en 2019 instó al Departamento de Educación, Cultura y Deporte a "la búsqueda y adaptación de un espacio para trasladar el Conservatorio Profesional de Música de Zaragoza, que se ajuste a las necesidades de uso, o bien se proceda a la rehabilitación de algún edificio disponible para su uso específico" como tal, "ajustándolo a las necesidades de uso presentes y previsión de necesidades futuras". Hace unos días, los profesores del centro presentaron una queja al director del centro, Pedro Víctor Rodríguez, y éste la trasladó al Servicio Provincial de Educación del Gobierno de Aragón. Ahora, esperan una solución.

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