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Tres novelas políticas y cosmopolitas ensanchan el prestigio de los Cálamo

Alejandro Simón Partal, Elaine Vilar Madruga y Eduardo Halfon reciben el codiciado galardón literario que concede la librería zaragozana

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Delante, Elaine Vilar Madruga y Alejandro Simón Partal; detrás, Anna Cañellas, Eduardo Halfon y Paco Goyanes.
Guillermo Mestre.

Francisco Goyanes está feliz de nuevo en el tránsito hacia la normalidad literaria y ambiental que suponen los reconocidos y codiciados premios Cálamo, que vuelven a celebrarse con sus autores y con público, en la Fundación Caja Rural de Aragón. Antes de la gala en el antiguo Casino Mercantil, la librería recibía a los ganadores y autores de tres libros de sesgo político más bien, comprometidos: ‘La tiranía de las moscas’ (Barret) de la cubana Elaine Vilar Madruga, ‘La parcela’ (Caballo de Troya), la primera novela del poeta y autor teatral Alejandro Simón Patal y ‘Canción’ (Libros del Asteroide) del guatemalteco Eduardo Halfon. Goyanes recordó que le emocionaba que los autores pusieran en sus contraportadas que habían recibido el premio, y que eso era por dos razones: la originalidad de un galardón que votan los lectores y el público de la librería, y la nómina de autores nacionales e internacionales que han logrado la distinción. Paco Goyanes dijo que los galardones atienden a tres razones: la calidad literaria, la libertad formal y que ofrecen una interpretación de su tiempo desde “la buena literatura”, frase que aplicó a los tres libros premiados. Y dejó otra perla oportuna: los libros, los premiados y otros, “son y han sido un gran refugio en estos tiempos de pandemia”.

Fue Goyanes quien ejerció de periodista de modo inicial y pidió a los autores que hablasen de su libro. Alejandro Simón Partal, que ha dado clases en Aragón y ha residido un tiempo en Etopia, recordó que su novela es una historia de amor radical que sucede en Francia, entre un profesor español y un refugiado sirio, a la que suman otras vicisitudes, entre ellas la enfermedad, la paternidad, unas fincas del sur, en Calais, y otras de Málaga, su provincia. Alejandro Simón dijo que escribió el libro con toda la intensidad y la dedicación posible desde su condición de poeta que da un salto hacia la narrativa. 

Alejandro Simón recordó que su novela es una historia de amor radical que sucede en Francia, entre un profesor español y un refugiado sirio, a la que suman otras vicisitudes, entre ellas la enfermedad, la paternidad, unas fincas del sur, en Calais, y otras de Málaga, su provincia

“La poesía es una forma de estar en el mundo” y la narrativa, sugirió, ofrece la posibilidad de interpretar el mundo desde la escritura. Recalcó que habría querido hacer una sencilla novela de aventuras, que partía de una experiencia que había tenido en 2015, y asumió que el protagonista no era él pero que tenía muchas cosas de él. Y que le concernía de manera muy directa porque le había dado muchas cosas de él y sentía que había brotado de su interior, de su imaginación y de su capacidad para fabular. "Es un personaje que he habitado y que me habita".

Si Alejandro Simón agradeció al editor Jonás Trueba que le publicase su libro en Caballo de Troya y todas las ideas que le dio, Elaine Vilar Madruga, la escritora cubana de ‘La tiranía de las moscas’, dijo que le agradecía a Cristina Morales que le invitase a publicar esta novela en la editorial Barret, una narración que fluye entre dos polos: la novela del tirano, expresionista y satírica, y la herencia del realismo mágico que brota del ‘boom’, diría luego Elaine, de Alejo Carpentier, de Cabrera Infante, de la magia del trópico, etc.

“No sabía muy bien por qué me habían invitado a mí -dice el narrador guatemalteco, instalado ahora en Berlín, que en Zaragoza se siente como en casa -. pero fue porque tenía un abuelo libanés. Más tarde, mi padre un día me habló de un guerrillero, cuyo apodo era ‘Canción’", explica Eduardo Halfon

Elaine Vilar Madruga acaba de hacer su primer viaje a Europa. ‘La tiranía de las moscas’ le llevaba algún tiempo rondando por la cabeza. Una noche, en Toronto, con buen internet, recibió un mensaje para que viese una serie documental sobre las esposas de los tiranos. Eran varias entregas. “Me llamó la atención porque allí el tirano dejaba de ser quien era, el padre de la patria o lo que fuese, para ser el marido de alguien o el padre de alguien”, dice. Y entonces se le ocurrió redactar una historia de una familia que vive durante dos meses en un clima de opresión: son dos niñas y un niño, y la madre, y el padre, que ha caído en desgracia. 

Elaine recordó que para ella era clave el dibujo de los personajes, “el personaje es la entrada al corazón del lector”, la parte sustanciosa de la literatura, aunque la fantasía tampoco se queda atrás. La niña Casandra, dicho sea de paso, se enamora de los objetos, incluso de un puente, ante la estupefacción de su padre. “No he pensado en ningún tirano en particular. Ni e Cuba ni en Latinoamérica, he preferido que cada lector complete la novela. El lector es inteligente y activo. No será lo mismo para un cubano, que pensará en Castro u otro, que en España, donde han tenido ustedes varios dictadores”, dijo, y añadió otra frase para una solapa: “‘La tiranía de las moscas’ es un carnaval político”.

“No he pensado en ningún tirano en particular. Ni e Cuba ni en Latinoamérica, he preferido que cada lector complete la novela. El lector es inteligente y activo. (...) ‘La tiranía de las moscas’ es un carnaval político”, dijo Elaine Vilar

Eduardo Halfon es un narrador exquisito, de libros no muy largos, compuestos con ritmo musical y una apetencia de perfección. Construye una prosa casi miniada con precisión de ingeniero. El borrador inicial puede redactarlo en dos o tres meses, y luego invertir hasta dos años y cerrar apenas un centenar de páginas. ‘Canción’ es una novela que nació en un congreso literario en Japón. 

“No sabía muy bien por qué me habían invitado a mí -dice el narrador guatemalteco, instalado ahora en Berlín, que en Zaragoza se siente como en casa-, pero fue porque tenía un abuelo libanés. Más tarde, mi padre un día me habló de un guerrillero, cuyo apodo era ‘Canción’, que había publicado un libro que hablaba sobre la guerra civil en Guatemala y del secuestro del abuelo”, algo que Eduardo Halfon no vivió en directo cuando sucedía, porque estaba encerrado como en una urna de cristal y porque luego se fue a Estados Unidos. Logró unir los dos asuntos y ha hecho una de sus novelas tan particulares donde rastrea la identidad y aborda los meandros del tema capital de su escritura -sincopada y elegante, de ecos borgeanos: la memoria.

Eduardo Halfon recordó su relación afectuosa con Zaragoza. Además de publicar en Libros del Asteroide, lo ha hecho ya varias veces en Jekyll & Jill, donde publicó 'Saturno', un libro sobre escritores suicidas. Una crítica literaria tituló, "absolutamente en serio": "Hay que salvar a Halfon". Recordó eso para abordar su propia presencia en sus libros y el tan trillado tema de la autoficción, que tanto le disgusta. "No creo en la autoficción. Yo siempre escribo ficción", dijo, y Alejandro Simón asintió con él. 

Por la noche, en el antiguo Casino Mercantil, la sede de la Fundación Caja Rural de Aragón, los autores -animados por la actriz y directora teatral Cristina Yáñez- conversaron con Ana Segura, Concha Montserrat y Laura Montañés. 

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