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LIBROS. ARTES & LETRAS

Diego Garrido: "Déjense llevar por el talento verbal de James Joyce en 'Ulises'"

Acaba de traducir 'Cuentos y prosas breves', para Páginas de Espuma, y 'Stephen Hero', en Firmamento, cuando se cumple un siglo de la gran novela

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Diego Garrido el pasado martes en Madrid, con el libro 'Cuentos y prosas breves' de Páginas de Espuma en la mano.
Enrique Cidoncha.

Diego Garrido, con familiares en Luco de Jiloca y Zaragoza, enamorado de Luis Buñuel y Calanda, publica la traducción de dos libros: ‘Cuentos y prosas breves’ (Páginas de Espuma) de James Joyce, la prehistoria en más de 500 páginas del autor irlandés, y la traducción de ‘Stephen Hero’ (Firmamento). Ayer se cumplían 100 años de la publicación en París de ‘Ulises’, uno de los libros que estremeció la literatura del siglo XX.

¿Cómo tenemos que mirar a Joyce, cómo lo mira usted?

Como un autor cómico. Frente a la seriedad con que lo mira todo el mundo, yo lo veo como un autor cómico. Y lo miro con una visión desacralizada, primero, y pensando que, en gran parte de su trabajo, el que esta considerado como el más complicado y más grave, lo primero que quiso Joyce es que nos riésemos.

¿Está seguro?

Desde luego. Los dos últimos, ‘Ulises’ y ‘Finnegans Wake’, los más famosos, no son obras trágicas, son dos obras cómicas.

Pero, ¿no le parece que es un autor muy experimental que transforma el modo de escribir?

Sí. Por eso yo creo que el error que comete la gente es leer ‘Ulises’ directamente y pensar que todo Joyce está ahí. ‘Cuentos y prosas breves’, que publica Páginas de Espuma, es una buena forma para empezar. Hay que ir leyendo ‘Dublineses’ y ‘Retrato del artista’ para acceder a Joyce y su mundo, y luego ya, si atrae o queremos, podemos leer una traducción de ‘Ulises’. Y luego, ‘Finnegans Wake’, que es un trabajo eminentemente musical, en el que lo más importante no son los personajes, la acción, sino que lo que le importaba a Joyce en esos dos trabajos era el sonido de las palabras. De ‘Finnegans Wake’ solo existe una traducción: la hizo un profesor, no un traductor profesional, porque quizá no se hubiera podido pagar una tarea así. Por otra parte, la versión de Marcelo Zabaloy está bien, pero no es ‘Finnegans Wake’, es otra cosa, es un libro de Marcelo Zabaloy. ‘Finnegans Wake’ solo tiene un camino, que es el que hizo Joyce y es más bien intraducible.

"‘Cuentos y prosas breves’, que publica Páginas de Espuma, es una buena forma para empezar. Hay que ir leyendo ‘Dublineses’ y ‘Retrato del artista’ para acceder a Joyce y su mundo, y luego ya, si atrae o queremos, podemos leer una traducción de ‘Ulises’", dice Diego Garrido

Creo que no me ha contestado del todo a la cuestión experimental: Joyce hizo sus ‘poemas manzana’, aquí vemos estas ‘Epifanías’, redactó cuentos infantiles, cuentos para adultos…

El libro de Páginas de Espuma cubre esos 40 años que James Joyce estuvo escribiendo, y se ve como va cambiando su estilo. Usa desde un estilo perfectamente legible hasta el estilo imposible de ‘Finnegans Wake’. Lo que yo digo es que Joyce se pasó toda la vida experimentando y nunca se quedó contento con ninguno de sus experimentos; entonces, lo que ocurre con él y con ‘Ulises’, o lo que me ocurre a mí al menos, es que esos experimentos me parecen fascinantes y me llevan adonde no me ha llevado nunca la literatura, y otros me resultan pesadísimos y artificiales, a veces son simultáneos, porque ‘Ulises’ son dieciocho estilos distintos.

¿Tantos?

Lo que no se puede hacer con Joyce es salvarlo por tres experimentos y condenarlo por otros tres… Joyce se equivocó mucho, pero sin esas equivocaciones no habría llegado a los aciertos a los que nadie ha llegado.

Usted suscribe que quizá sea ‘Dublineses’ el libro que, por una parte, cuenta Irlanda y a la vez nos acerca a una literatura más convencional pero brillante.

La mejor definición de ‘Dublineses’, aunque pueda parecer poco glamurosa, es que esos cuentos son todo el telón de fondo de la obra de Joyce. Cuando escribe este libro no tiene ni idea de que está sentando las bases del mundo sobre el que va a escribir, porque va a escribir siempre siempre sobre las mismas personas y el mismo sitio. Cuando leemos ‘Dublineses’ conocemos de una manera muy amena y asequible Dublín. Y luego en ‘Ulises’ nos damos cuenta de todos esos mundos y esos seres convivían al mismo tiempo en ese Dublín inventado. Yo lo prefiero a ‘Ulises’. Creo que eso le sucede a mucha gente. Sobre todo el cuento ‘Los muertos’, tan maravilloso.

Por cierto, en ese cuento cita a un tenor aragonés, de Erla, que se llama Antonio Aramburo.

Sí. Sucede en la cena, cuando se ponen a discutir y dicen que ya no hay cantantes como antes.

"Ante el ‘Ulises’ hay que quitarse el miedo, aunque Joyce quiso que diese miedo para su gloria y su fama, y eso ha funcionado. Pocas cosas tienen más reputación que las que no entendemos y se pueden entender…"

¿Cuántos años lleva usted trabajando en Joyce?

No muchos. Tengo 24 años. El proyecto ‘Cuentos y prosas breves’ se lo presenté a Páginas de Espuma en la cuarentena y llevaba dos años trabajando. Conocí a James Joyce en 2018 y fue un amor a primera vista.

Explíquenos un poco del ‘Retrato del artista adolescente’.

Yo lo leí tras ‘Dublineses’, con 20 años, y para una persona que tiene intención de ir adelante con la literatura esa novela es lo mejor que puede leer. Luego puedes enterarte de que el retrato que hace Joyce de su propia juventud es irónico, anima mucho, y uno cree que puede hacer cualquier cosa. Sé que se recomienda siempre que se lea ‘El guardián entre el centeno’; yo recomiendo ‘El retrato del artista adolescente’.

Uno de los retratos clásicos del hombre que modernizó la literatura del siglo XX.
Uno de los retratos clásicos del hombre que modernizó la literatura del siglo XX.
Archivo Heraldo.

También prologa y traduce el ‘Stephen Hero’ (Firmamento).

Así como le digo que ‘El artista...’ es una mirada irónica sobre su propia juventud, ‘Stepen Hero’ es un libro sobre su juventud, escrito en plena juventud, a veces parece una salvajada de lo poco irónico que es, de las flores que se echa sobre sí, de lo fascinado que está por su propia juventud, por sus propios procesos mentales. En Páginas de Espuma publicamos una versión primera, ‘Retrato del artista’, a secas, y cuando Joyce lo completa con 32 años decide poner ‘Retrato del artista adolescente’, las cosas que le pasaban a ese adolescente no eran tan graves vistas desde la madurez. Con ‘Stephen Hero’ tengo una relación de amor y odio: por una parte veo que Stephen Dedalus en ese libro es absolutamente insoportable, pagado de sí mismo, que le falta al respeto a todo el que se encuentra, y piensa que su soledad es tan iluminadora que a través del egoísmo va a alcanzar la cima del arte. Por un lado esa alucinación anima también, pero por otro lado ves que se está equivocando y que es el villano de la obra también. Pero vamos, es un libro interesantísimo, y si a la gente les gusta Joyce es un buen momento para descubrirlo. Se parece mucho al ‘Retrato del artista adolescente’ pero aquí se toma demasiado en serio.

Razona muy bien. Impresiona el diálogo que tiene, como estudiante, con el Rector a propósito de Ibsen, que no lo conoce y lo desprecia. Casi le convence.

Argumenta muy bien, sí, pero porque Joyce también crea el interlocutor. No son seres humanos, son arquetipos, como paredes con las que jugar al frontón un poco. En el ‘Retrato del artista’ se ríe de las prosas brasas que les da a sus amigos. Se ríe. A veces da la sensación de que son diálogos platónicos para demostrar que él tiene razón en todos los asuntos. Con el rector habla de arte, de sexualidad con las mujeres, habla de Humanismo con un humanista, discute de todo y siempre gana él. A mí me resulta un poco artificial en una novela.

"Él consideraba que no podía inventar, eso dijo, que no tenía imaginación, así que se dedicó a apuntar cosas sobre todo el mundo, a observar las cosas a su alrededor. Redactó fragmentitos sobre la gente que él conoció y rara vez dejó sin utilizar esos fragmentos"

De lo que ha traducido, hay textos sugerentes sobre la muerte de su madre, y sus diferentes cuadernos de París, de Trieste…

Él consideraba que no podía inventar, eso dijo, que no tenía imaginación, así que se dedicó a apuntar cosas sobre todo el mundo, a observar las cosas a su alrededor. Redactó fragmentitos sobre la gente que él conoció y rara vez dejó sin utilizar esos fragmentos. Cada apunte sobre un amigo suyo o sobre estética la podemos rastrear en sus novelas. Al final esos fragmentos hallaban ahí su justificación. Él no desperdicia nada. A pesar de ser extensa, su obra está hecha de fragmentos. Como Proust, tomaba cosas de la realidad, las apuntaba y las usaba luego.

Se cumplen 100 años de la aparición de ‘Ulises’, tal día como ayer. ¿Recomienda alguna traducción?

Me gusta mucho la de José María Valverde, que es la más popular en España y que publica Lumen, corregida por Andreu Jaume.

¿Qué podemos descubrir en esa novela?

Si alguien empieza a leer a Joyce y ve que no le gusta lo que tiene que hacer es cerrarlo. Si quiere darle una oportunidad de verdad, que lea ‘Dublineses’ y el ‘Retrato del artista adolescente’ y lo intente de nuevo. Hay otra opción muy válida: como no es una novela al uso, que la abra por cualquier lado y que se deje llevar por el talento verbal del autor. Déjense llevar por el talento verbal de Joyce. Ante el ‘Ulises’ hay que quitarse el miedo, aunque Joyce quiso que diese miedo para su gloria y su fama, y eso ha funcionado. Pocas cosas tienen más reputación que las que no entendemos y se pueden entender…

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