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Ismael Serrano: "Reivindico la tristeza como rebeldía para los que no la soportan"

El cantautor madrileño actúa hoy y mañana en el Teatro de las Esquinas, inmerso en la gira de presentación de su nuevo disco, ‘Seremos’

Ismael Serrano actúa hoy a las 20.30 y mañana a las 19.00 en el Teatro de las Esquinas. FRANCISCO JIMÉNEZ
Ismael Serrano actúa hoy a las 20.30 y mañana a las 19.00 en el Teatro de las Esquinas. FRANCISCO JIMÉNEZ
Heraldo.es

Ismael Serrano vuelve a Zaragoza después de pisar el escenario, meses atrás, en el homenaje a Joaquín Carbonell. Viene a presentar su último trabajo, ‘Seremos’, un disco que nace en el confinamiento y trata sobre la búsqueda de la identidad.

Regresa a la tierra de Labordeta y Carbonell, precedentes suyos en la canción de autor, ¿es inevitable su recuerdo?

Completamente. Son figuras que uno admira y echa de menos, sobre todo en circunstancias como esta. En tiempos convulsos hay ciertas voces que extrañas porque aportaban una lucidez poco habitual. Labordeta tenía un compromiso tremendo con la realidad y Carbonell no solo era una persona que amaba su oficio, además tenía un gran sentido del humor.

Pero, ¿los cantautores pueden tener sentido del humor? El tópico les etiqueta como tristes y capaces de aguarle la fiesta a cualquiera...

Los cantautores solemos ser dados a la solemnidad, es cierto. La sociedad se empeña en eludir permanentemente la tristeza ajena o lo que nos pone demasiado serios. En las entrevistas de televisión, casi todos los diálogos tienden a la comedia. La comedia es una tiranía que lo invade todo. Si te pones serio en una entrevista se convierte en incómoda.

Pero usted busca esta seriedad y está investigando sobre lo que llama ‘La canción más triste del mundo’...

Si la gente a la que le incomoda la tristeza profundizara en ese sentimiento descubriría que lo que realmente no le gusta es caer en la cuenta de que quedan muchas cosas por cambiar. Reivindico la tristeza como un ejercicio de rebeldía, sobre todo para aquellos que no la soportan y nos critican a los cantautores.

¿Y a los que les gusta el humor?

Reconozco que a veces la mejor forma para entenderse y hacerse preguntas de calado es el humor. Los cantautores tenemos mucho más sentido del humor que algunos cómicos. Alos cómicos, siempre que se les critica, ponen el grito en el cielo y dicen que les quieren cancelar sus espectáculos; a nosotros, los cantautores, nos dan palos por todas las partes y lo asumimos como podemos.

¿Y cómo lleva usted lo de compaginar el humor con la tristeza en sus conciertos?

Hay una frase que me gusta mucho de Ignatius Farray que dice que el enemigo de la risa no es el llanto, en contra de lo que la mayoría piensa; el enemigo de la risa es el miedo. Es algo parecido a lo que nos pasa a los cantautores, escribimos canciones motivados por el miedo. El miedo al paso del tiempo, a la soledad, al fracaso… En cuanto a los conciertos, reconozco que me obsesiona el relato. Para mí, una canción es un relato, pero un concierto también. A la hora de formar este relato me pregunto qué es lo que quiero contar.

¿Y cuál es la génesis del disco y de la propuesta musical que trae a Zaragoza?

Este disco nace en el confinamiento. De manera inconsciente, me veo en la necesidad de compartir canciones y momentos con compañeros del oficio. Saberme acompañado y establecer vínculos. Este disco en un principio lo concebí como un musical. Pensé en voces y en dinámicas corales. ‘Un último acto de rebeldía’ tiene un canon, como ‘No soy’, que es típico de musical. Por eso también es coral. Tenía vocación de musical casi desde su creación.

¿Se refiere a un musical de Broadway con bailarines y todo el despliegue de luces y fuegos?

No. Era una obra de teatro musical. Mi idea de musical es más comprometida con lo teatral, no la gran coreografía. Quiero escribir musicales de pequeño formato, es algo que no se hace mucho aquí y me apetece hacer. Me gusta el teatro y los relatos y tengo una idea de relato que tiene que ver con la música, con el oficio y con el paso del tiempo.

Pues le ha dado una buena vuelta a la canción de autor, Ismael...

La canción de autor ha cambiado en la actitud, en ese hiperindividualismo que ha impuesto el sistema. El término cantautor para algunos es un estigma. Muchos compañeros de oficio, que para mí son claramente cantautores, reniegan del término porque lastran las reproducciones en las radiofórmulas y quizás en las contrataciones en los festivales.

Sin embargo, usted lleva muchos años componiendo y cantándole al amor, al desamor y a la crítica social, ¿cómo aborda el proceso de inspiración?

Creo que mientras tengas cosas que contar no te va a faltar la inspiración. Cuando caes en rutinas y te dejas llevar por la inercia, acabas contando cosas que no le interesan a nadie porque en el fondo no tienes nada que contar. Tengo compañeros de oficio que hacen la escritura automática: agarran la guitarra y dicen: a ver qué canción sale. Para mí lo más importante a la hora de componer es lo que quieres contar. Es esencial si quieres escribir una novela o una obra de teatro, pero también para una canción.

Uno de esos qués, en este disco, es la figura de la mujer, ¿no?

Hay varias canciones que hablan del reconocimiento y la lucha de la mujer. Ellas son las protagonistas de los tiempos que nos toca vivir, sobre todo por la lucha por los derechos y por la justicia social. Con el paso del tiempo, uno entiende que no tiene por qué estar siempre en el centro del relato. Pasa como en ‘Papá cuéntame otra vez’; ahora nosotros no estamos en el centro de ese relato, son ellas.

Quizás en unos años alguien cante «Mamá cuéntame otra vez». ¿Qué contaría esa canción?

Ojalá, al echar la vista atrás, hable de esa ola de feminismo que pretende transformar la realidad radicalmente. No solo de las mujeres, sino de la realidad de todos, de ir hacia un mundo mejor. Hablaría del nacimiento de una nueva sensibilidad, y esa canción la tendrá que escribir y cantar alguna mujer.

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