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LITERATURA. OCIO Y CULTURA

Clemente Alonso Crespo: "Uno escribe cuando puede y como puede. Rulfo es inimitable"

El escritor, nacido en 1945 en Orrios (Teruel), vuelve a la literatura con los relatos de 'Me va a atrapar la noche, Juan Rulfo' 20 años después

Clemente Alonso Crespo es narrador y estudioso de la obra de Miguel Labordeta, al que ha editado en El Bardo y Olifante.
Clemente Alonso Crespo es narrador y estudioso de la obra de Miguel Labordeta, al que ha editado en El Bardo y Olifante.
Andrea Alonso.

Publica después de dos décadas ‘Me va a atrapar la noche, Juan Rulfo’, un libro de cuentos? ¿Qué ha querido hacer?

El libro responde en su totalidad al interés manifestado por mi hija Andrea. Ella es quien decidió publicar esos textos que dieron vueltas en cartas, filtraciones en internet, papeles que andaban por estanterías y cajones. Ella ha seleccionado los textos y los ha editado con su sello Amordemisamores. Ni siquiera me ha dejado corregir las pruebas. Por eso no sé qué es lo que yo quería hacer en respuesta a tu pregunta. 

Hombre, sí sabrá lo que andaba buscando.

Sí te digo que alguno de esos textos fueron escritos hace unos veinte años y que estuvieron ensamblados en un texto más amplio, sin troquelaciones, y que tuvo en sus manos Jorge Herralde, el editor de Anagrama, de quien recibí una nota manuscrita, de su propia mano, donde me decía que estaban saturados de originales.

¿Por qué anuncia ya ese eco rulfiano en el título?

Los cuentos llevaban un nombre al principio que decía ‘Rulfiana’. No sé si tienen un eco rulfiano. Rulfo es inimitable. El universo del escritor mexicano Juan Rulfo me atrapó desde el primer día en que lo leí. Sus textos y sus silencios. He ‘dialogado' con Juan Rulfo (con sus textos: 'Pedro Páramo', 'El llano en llamas', 'El gallo de oro') tantas y tantas veces que me ha acompañado y acompaña siempre. Le debo mucho a Juan Rulfo, pero no quiero ser un epígono de este gran, grandísimo escritor.

¿Cuál es la importancia del paisaje? Usted es turolense, de Orrios, y un escritor pegado a la tierra, a la memoria, a las raíces.

Se me fue metiendo y surgió el mundo que designo con el nombre El Alcamín, que viene a ser un territorio literario lleno de escarpes, matojos, sementeras, barranqueras, fuentes, cuestas, crestas, montes, erizales, huertos… por donde van y vienen las gentes apegadas a esa tierra, a ese paisaje que vislumbra el narrador que, quiera o no, se identifica con quienes viven el día a día de los trabajos enraizados en el dale y venga de todos los días, en los silencios de las ausencias, en las generosidades y en las crueldades, en los trabajos duros surgidos en una tierra que tampoco tiene remisión y queda una nostalgia del emigrado a las ciudades.

"Surgió el mundo que designo con el nombre El Alcamín, que viene a ser un territorio literario lleno de escarpes, matojos, sementeras, barranqueras, fuentes, cuestas, crestas, montes, erizales, huertos… por donde van y vienen las gentes apegadas a esa tierra"

Explíquenos un poco cómo son esos personajes que se mueven entre el silencio, el misterio…

El narrador dialoga con personajes inventados tan reales como los vivos-muertos o los muertos-vivos que recorren con cierto misterio (con intencionalidad ‘escrituraria’) su propia vida y la que ha podido darles el narrador. También es un homenaje a esas gentes.

¿Cabría decir que ‘Me va a atrapar la noche, Juan Rulfo’, en el fondo, es el libro de un hombre sigiloso, enfermo de literatura y naturaleza, que no dejado de escribir durante años?

Sí. Creo que soy una persona sigilosa, respetuosa, sin ningún interés en aparecer en la pomada mediática, temerosa de no acertar en la selección sintáctica y léxica de los textos. Escribir es algo muy serio. Uno escribe cuando puede y como puede. Y en ocasiones, muchas, el pudor, los pudores me atrapan. Me siento bien entre esos paisajes alcaminianos y esas gentes alcaminianas.

Todo tiene el aroma de su mundo y su personalidad, y su sentido del riesgo literario.

¿Correr un riesgo literario? Ojalá estos textos fuesen aceptados como literarios. ¡Menudo riesgo! Y además, mi hija Andrea quizás me ha querido recordar que hace ahora cincuenta años de mi matrimonio con Encarna, a quien va dedicado el libro, y también a su hermano gemelo Juan, de quien se siente huérfana porque hace un año que un infarto lo desplomó para siempre, justo medio año después de que ella cayera por un puente mientras hacía deporte y tuvo seis fracturas de pelvis y tres en un brazo. Hoy está recuperada.

Vaya. ¡Cuántos disgustos!

Es posible, también, que todo sea una casualidad engendrada por estos tiempos de pandemia y de temores ante una sociedad tan agresiva en la que aparecen visos pesimistas de totalitarismos.

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