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Rafael Álvarez ‘El Brujo’: "Valle-Inclán es el Shakespeare español del siglo XX"

El intérprete andaluz (Lucena, 1950) vuelve hoy (19.30) al Teatro de las Esquinas de Zaragoza con ‘El alma de Valle-Inclán’, una obra concebida en 2020 durante los meses de confinamiento.

‘El Brujo’, durante una representación en las Esquinas de su anterior espectáculo.
‘El Brujo’, durante una representación en las Esquinas de su anterior espectáculo.
FRANCISCO JIMENEZ

Lleva pisando los escenarios aragoneses desde hace décadas...

Hay una complicidad con el público muy fuerte en Zaragoza, y en toda la Comunidad. En la capital aragonesa tengo muy buen contacto con los espectadores y el Teatro de las Esquinas es un espacio maravilloso. Es más pequeño que el Principal, pero tiene unas condiciones donde tú sientes al público más cercano y es muy agradable trabajar ahí.

El confinamiento no fue del todo malo para usted. ¿Qué hizo en ese tiempo?

Lo pasé encerrado en una casa en el campo con mi familia y aproveché para preparar este montaje sobre Valle-Inclán. Durante ese tiempo me dediqué a estudiar su obra y a hacer todas las tardes una conexión con mis seguidores a través de las redes sociales. Hablaba con ellos y hacía monólogos pequeños, de cinco minutos, y de ahí salió el proyecto y el guión para el estreno de ‘El alma de Valle-Inclán’.

¿Qué textos aborda en este nuevo montaje?

Está basado en mi experiencia con la lectura de varias biografías de Valle-Inclán y de uno de sus libros, que se titula ‘La lámpara maravillosa’, una especie de guía, de autobiografía, de diario espiritual muy poético y muy bien escrito, y también en la interpretación de sus acotaciones en ‘Divinas palabras’, que para mí es incluso mejor que ‘Luces de bohemia’.

¿No leemos ni conocemos lo suficiente a los grandes autores españoles?

Valle-Inclán es grandísimo. Cuanto más lo conoces ves más la dimensión maravillosa y espectacular de su contribución a la literatura, especialmente al teatro y al pensamiento poético en el siglo XX. Es un eslabón entre las tradiciones, el humanismo clásico, la poesía popular y toda la tradición que recoge a través de leyendas, todo ese espíritu de cuentos populares, y le da una forma de vanguardia a su literatura, especialmente al teatro, con el esperpento, que es una creación suya. Valle-Inclán es el gran autor del teatro español del siglo XX y uno de los más grandes de toda la historia del teatro. Es el Shakespeare español del siglo XX. En su época no se representaban mucho sus obras, cuando él vivía, y eran incomprendidas. Sin embargo, el teatro de Valle-Inclán todavía es desconocido.

Parece que siempre son malos tiempos para el teatro, pero con la pandemia ha llovido sobre mojado... ¿Echó en falta las tablas durante el parón?

Muchísimo. Luego ha habido momentos distintos a lo largo de todos estos tiempos, que van ya para dos años, pero lo peor fue en marzo, abril y mayo de 2020. Fue de una angustia que nos devoraba porque era la incertidumbre total, grandes desafíos económicos, porque tú puedes dejar de cobrar y de trabajar, pero no puedes dejar de pagar tus gastos. A pesar de que hubo ayudas, y todo el mundo se puso comprensivo. Fue un momento muy angustioso. Luego, después, ha habido otra cosa maravillosa, y es que el público ha respondido mejor que nunca y se ha creado un hambre de espectáculo y sobre todo hambre de un teatro que al público le diga algo sobre la vida, sobre los dolores de la vida y su significado, con una mayor elevación en sus contenidos.

Comenzó a estudiar la carrera de Derecho hasta que se torció hacia el mundo de las tablas...

En la facultad, en Madrid, conocí en el colegio mayor a gente del mundo de la interpretación que luego se convirtieron en grandísimos artistas del teatro español como José Carlos Plaza, Miguel Narros, Juan Margallo… estos nombres, ligados a toda la renovación del teatro en los años 70, los conocí allí y tuve la oportunidad de trabajar con ellos.

De su etapa cinematográfica ¿recuerda sus trabajos con dos grandes directores de esta tierra, Carlos Saura y José Luis Borau?

Con Saura trabajé en ‘Pajarico’ y con José Luis Borau hice una película curiosa y extraña, de culto, ‘Niño nadie’. Fue uno de los grandes directores de cine de este país y ejercía de aragonés, lo llevaba muy en su ser. Era una cosa muy característica de su manifestación como artista el hecho de ser aragonés. Con Buñuel no me dio tiempo a trabajar –ríe–, yo era un niño recién nacido, prácticamente.

Dejó de hacer películas hace unos años. ¿No le han tentado o no ha sentido la necesidad?

Yo no soy del cine, pero no porque no me interese. El cine me ha gustado, me gusta, pero la vida te lleva por un camino u otro en el que tú puedes rendir las mejores cualidades de ti mismo. Yo soy una actor de teatro, donde me he desarrollado artísticamente es en las tablas. Me llena y es donde más juego doy. No sé el juego que habría dado en el cine si hubiera hecho muchas películas, pero mis tentativas con el séptimo arte han sido puntuales y muy concretas. También hice una serie de televisión que era totalmente cinematográfica y que tuvo muchísimo éxito, ‘Juncal’, pero a mí de lo que me sirvió esto fue de plataforma para que el público me conociera más, para desarrollar lo que yo quería desarrollar en el teatro.

No hay nada como el teatro.

Para mí es vital como manifestación artística y tiene una característica maravillosa y única que es el contacto directo con el público, se hace en comunión con él. Tú ensayas y preparas la obra, y la estrenas, pero después viene realmente lo que viene, que es esa conexión. Si eres receptivo, vas moldeando la obra y a lo largo de una gira puedes transformarla y convertirla en otra cosa. Esa es la ley del teatro

Un autor «singular y de vida vibrante»

El Brujo regresa a las tablas del Teatro de las Esquinas con tres funciones –hoy y mañana (19.30) y el domingo (18.00)–. El pasado año le vimos en ‘Dos tablas y una pasión’ poniendo voz a textos de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Santa Teresa de Jesús, Francisco de Quevedo o Fray Luis de León. A lo largo de su carrera lo ha hecho también con otros grandes autores como Miguel de Cervantes, San Juan de la Cruz o Pio Baroja. El actor da una nueva vuelta de tuerca con este montaje sobre el escritor gallego Ramón María del Valle-Inclán. «Durante el confinamiento me inspiró este hombre singular y de vida vibrante. Alivió mi melancolía y finalmente me curó de las drásticas circunstancias que estábamos viviendo –cuenta el intérprete–. Viví con él la luminosa redención que confiere siempre a sus personajes. Y trabajé con el misterio sencillo de sus acotaciones en ‘Divinas Palabras’ . Ellas han sido para mí las palabras de aquellos ciegos que contaban historias señalando en un puntero las imágenes de un telón».

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