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Canto lírico aragonés: emigración en clave de sol

Los solistas y docentes valoran la cantera de la tierra, pero ven inevitable salir de Zaragoza y, si es posible, de España a la hora de perseguir una carrera profesional

Ruth Iniesta, Isaac Galán, Sabina Puértolas y Eduardo Aladrén, cuatro voces aragonesas en el Teatro Real de Madrid.
Ruth Iniesta, Isaac Galán, Sabina Puértolas y Eduardo Aladrén, cuatro voces aragonesas en el Teatro Real de Madrid.
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El zaragozano Isaac Galán es barítono. Debutó en el Liceu de Barcelona hace casi una década como Schlemil en ‘Les contes d'Hoffman’, pieza que ha venido ensayando estos días en el Palau Dels Arts de Valencia, donde la representará a finales de este mes de enero. Talento de incuestionable precocidad, desarrolló muy pronto su carrera fuera de Aragón. Lo mismo le ocurre al tenor Eduardo Aladrén, también zaragozano, que reside desde hace tiempo en Alemania; la soprano Eugenia Enguita, quien como Galán reside en Madrid, también tomó ese camino en su día. Galán y Aladrén (en su caso, el próximo verano) y las sopranos Ruth Iniesta -la Musetta en ‘La Boheme’- o Sabina Puértolas, que se alternó el mes pasado con Brenda Rae bajo el foco principal en ‘Parténope’, son protagonistas en el Teatro Real esta temporada.

Aragón exhibe músculo en la fase formativa, y talento no falta, pero no hay salidas claras para una carrera musical en el espectro solista sin marcharse de Aragón. Por si fuera poco, la pandemia ha golpeado con dureza a un arte que necesita de vías respiratorias impecables y utiliza la exhalación armoniosa del aire como instrumento. Isabel Solano, cantante y docente de secundaria, es la directora del coro infantil Amici Musicae. Empezó en el coro de su parroquia, San Antonio de Padua. “Lo primero estigmatizado con la pandemia en nuestro sector fueron los coros, dado el volumen de personas involucradas y el hecho de que nuestro instrumento sea la voz. Estoy orgullosa de este grupo de jóvenes, que se adaptó a cantar con distancia y mascarilla, que obviamente no nos permitía respirar y emitir la voz como antes”.

Solano apunta que “dimos hace nada nuestro concierto fin de trimestre; la mitad del coro eran nuevas voces y fue impresionante el saber estar que demostraron además de la capacidad interpretativa. Son casi 20 años de trabajo ya, muchos han llegado a nuestro coro adulto y también han triunfado fuera, en el canto lírico y en otras disciplinas. Tenemos una chica, Sara Serena, que grabó un disco pop con repercusión internacional, y muchos otros que tratan de dedicarse a la música, pero no es fácil; hay que estudiar y trabajar mucho, explorar todos los aspectos de la voz, arriesgarse y, después de buscarla bien, tener suerte”.

El coro infantil Amici Musicae.
El coro infantil Amici Musicae.
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A la hora de probar una voz, el cedazo de la experimentada educadora analiza la tesitura como paso clave. “Una vez que valoras el gusto musical toca medir los límites de esa voz, y antes de pasar al aprendizaje les invito a que se expresen más allá de los ejercicios que les pido. Y me vale con la actitud, además de la aptitud; todo lo demás es trabajo mío. Trato de darles ese impulso que nos dio David Tellechea a muchos jóvenes cuando empezábamos. Hay 50 niños y niñas en el coro de iniciación, y 60 en el de Voces Blancas, el infantil”.

Más claves

Javier Hostaled es tenor y profesor de canto en Ars Liricae, estudio situado en el Paseo de Sagasta. “El nombre del estudio también es el de nuestro grupo artístico; nos dedicamos a cantar y enseñar a cantar a todo el que quiera aprender a usar su voz de una forma plena. Trabajo con adultos; tengo una alumna que estudia teatro musical en Madrid y viene los fines de semana, o cuando puede entre semana. También abunda la gente de treintaitantos a cincuentaymuchos que simplemente quiere aprender, y gente mucho más más veterana que mantiene la ilusión o cultiva su afición tras jubilarse”.

Beatriz Cortés y Javier Hostaled, de Ars Liricae.
Beatriz Cortés y Javier Hostaled, de Ars Liricae.
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Hostaled valora especialmente la naturalidad a la hora de hablar cuando evalúa una nueva voz. “Que no tenga vicios adquiridos es la base de trabajo perfecta; naturalmente, es clave el buen oído y la musicalidad, sin eso la persona nunca podrá desarrollar su voz de un modo exitoso. Por lo demás, el camino se hace andando. El canto lírico, frente a lo que muchos piensan, es algo natural, no tiene nada de impostado. Y sufrimos de mucho intrusismo; si tocas la trompeta, seguro que no irías a aprender con un violinista, pero en el canto hay muchos músicos que no cantan y quieren enseñar lírico, o cantantes de otros géneros que también se aventuran en esta parcela; es complicado enseñar algo que no dominas”.

Hostaled, que comparte esfuerzos vocales en Ars Liricae con la soprano Beatriz Cortés, comenzó una carrera solista con 17 años. “Nadie me enseñó hasta que entré en una edad que ya no era óptima para una carrera de alto nivel; aprendí tarde, pero he trabajado mucho para desarrollar mi instrumento; hacemos recitales y conciertos, desde montajes de ensamble hasta zarzuela, ópera y todo tipo de canción lírica. Creo que somos bastante buenos, aunque quede feo que lo diga yo”.

Reinventarse

Carolina Nalváez es mezzosoprano, terminó el Grado Superior de Canto en Madrid el pasado mes de junio. Su madre, Encarna Blanco, también hizo sus pinitos en el canto. Carolina ha ido compaginando los estudios con clases, talleres y actuaciones diversas. Cursó seis años en el Conservatorio Profesional de Zaragoza y marchó a Madrid, donde halló el panorama ya descrito; muchas más oportunidades y muchísima más competencia. Imparte clases de canto a alumnos de todas las edades, aunque predominan los adultos, y da conciertos; está involucrada en el proyecto Mikrópera que lidera Zelia Lanaspa, y es además licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.

La joven mezzosoprano Carolina Nalváez alterna la docencia con la interpretación.
La joven mezzosoprano Carolina Nalváez alterna la docencia con la interpretación.
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En cuanto a la soprano Eugenia Enguita, la emigración también terminó siendo su salida natural. “Venía de la jota y pasé por el grado medio del Conservatorio, aprendiendo con Beatriz Gimeno y Eliberto Sánchez, maravillosos ambos. Luego pasé al grado superior de canto en Madrid, y sin haber acabado me cogieron en un programa de jóvenes cantantes en la Ópera de Zurich. Tenía condiciones, supongo, no estaba preparada para semejante salto, pero la experiencia fue magnífica. Regresé y me radiqué en Madrid, donde sigo, pero teniendo ya una edad busco estabilidad con los coros profesionales que tenemos aquí”.

Su voz privilegiada no le ha librado de ciertos sinsabores. “Llega un momento en que piensas en dedicarte a otra cosa; la crisis de artista, siempre estamos un poco en la cuerda floja. De hecho, trabajé un tiempo en una tienda y fui feliz. Cantar me apasiona, y aunque me he movido bastante, los mejores recuerdos profesionales son los de casa; uno reciente, la gala de Navidad en homenaje a las victimas de covid en el Auditorio de Zaragoza, o el día del homenaje a Pilar Lorengar”.

Aladrén, el tesón

Eduardo Aladrén cantó hace unos días en Weimar; vive en Alemania desde hace muchos años, pero su cuna es Zaragoza y Longares, el pueblo de su infancia y querencia. “Entré en la Escuela Superior de Canto de Madrid hace 23 años, después de haber probado antes como cantante de orquesta y pasar por Amici Musicae, además de recibir las enseñanzas de mi mentor Eliberto Sánchez, que a día de hoy sigue siendo mi repertorista y profesor, trabajo con él al piano en Zaragoza cuando voy. No había grado medio en el Conservatorio en mi época, pero es el primer paso natural para alguien que quiera dedicarse a esto y viva en Aragón; eso sí, enseguida vi claro que tras la formación básica hay que conocer otros sitios, abrir la mente. Incluso al acabar de formarte en España, para un cantante novel es complicado empezar una carrera solista: faltan teatros y, por ende, oportunidades”.

Aladrén no radicaliza el discurso, pero es claro. “Por supuesto, la salida docente es magnífica y los coros profesionales, que hay cuatro de primer orden en Madrid, también… pero son cientos los estudiantes que se gradúan cada año y no hay tantas plazas. La ilusión de todo estudiante es la carrera solista, y cuando tu instrumento responde a lo que quieres hacer, es bueno tratar de salir de España, donde hay seis o siete teatros nada más con temporada lírica, y muchos solistas extranjeros asentados”.

El aragonés pasó varios años en Estados Unidos. “Prefiero Europa, ahora mismo el mercado de Estados Unidos está aún más saturado que el español. Alemania, Austria y Suiza son excelentes piedras de toque, porque hay muchísimos más teatros con ‘ensambles’ o cuerpos de cantantes solistas contratados el año entero; con un sueldo, hay estabilidad. Puedes empezar con un teatro más humilde, de categoría C, e ir progresando hasta la A, estatus que ahora tengo en Düsseldorf. Vas aprendiendo en la profesión y en el escenario, y puedes pagar las cuentas. En estos teatros europeos, los más importantes programas de jóvenes artistas que no entran aún en el nivel ‘ensamble’ ofrecen un sueldo más modesto, pero ya trabajas con los que están un escalón por encima de ti, y aprendes con ellos en los ensayos. Hasta que no canté en muchos sitios fuera, no se me invitaba a los teatros españoles; ha costado mucho ser profeta en casa. Por suerte, esta carrera es larga si te cuidas”.

Un barítono superlativo

El zaragozano Isaac Galán, barítono, ensaya estos días la inmortal obra de Offenbach ‘Les contes d’ Hoffmann’ en el Palau dels Arts de Valencia. “Empezamos el 20 de enero, y estaremos hasta el 31. Estuve en Valencia hace nada con ‘Doña Francisquita’ y empalmé con otra producción, la ópera ‘Tránsito’, del zaragozano Jesús Torres; es una ópera maravillosa, por cierto, y creo que Jesús es el compositor más relevante de España en estos momentos, así que ojalá se pueda representar en Zaragoza en algún momento”.

El venenillo cantor le entró a Galán muy temprano. “Estudiaba guitarra clásica en Musicales Andiano, en Zaragoza. Mi madre vio un anuncio en prensa donde se buscaban voces para Amici Musicae, que dirigía en tones Andrés Ibiricu, y me animó a presentarme. Fui, probé y me cogieron, creo que fui el más joven de Amici Musicae a mis 16 años, porque no existían aún los coros infantil y juvenil. Luego sería Beatriz Gimeno, profesora del Conservatorio profesional de Zaragoza, la que me alentó a una prueba allá, y me seleccionó junto a Carmen Cámara, una mezzo con una voz estupenda; entre las enseñanzas de Beatriz y las de Eliberto Sanchez fui bien servido. Eliberto es sin duda uno de los mejores repertoristas de España; cuida al milímetro su método, es detallista y preciso. Dos años después comencé a probar en concursos de canto, y me fue bien”.

El siguiente paso fue una audición para la mismísima Teresa Berganza, que acabó siendo su maestra otros dos años. “Luego estuve otro año más con Tom Krause, bajo barítono finlandés, uno de los mejores de la historia, y de ahí marché al Opera Studio en Zurich, donde también me aceptaron enseguida; llegué cuando se marchaba Eugenia Enguita, que me cedió su apartamento. Luego regresé a España porque el director de la Ópera de Oviedo y ofreció interpretar a Rossini; de ahí a Linz, en Austria, con un ensamble profesional; otros tres años. Cuando acabó mi etapa austriaca ya aparecían los contratos, en España y el extranjero, hasta hoy. Soy muy afortunado por vivir de lo que me apasiona”.

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