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Miguel Ángel Muñoz: "Cuando se les presta atención, los mayores florecen"

"Dirigir me ha gustado tanto como estar delante de la cámara", asegura el cineasta, que estrena este miércoles '100 días con la tata' en las salas de cine.

Luisa Cantero y Miguel Ángel Muñoz, durante la presentación de la película.
Luisa Cantero y Miguel Ángel Muñoz, durante la presentación de la película.
EFE

Luisa Cantero (Mérida, 1924) se ha convertido en alguien casi tan famoso como la persona que la idolatra, el actor Miguel Ángel Muñoz (Madrid, 1983). Tiene sentido, la hermana de la bisabuela del intérprete es la protagonista de '100 días con la tata', la ópera prima del madrileño, un documental que comenzó como un recuerdo en formato de película casera venida a más y, con el estallido de la pandemia, acabó convirtiéndose en una pieza acerca de los cuidados, la salud mental y el duro confinamiento que ya ha ganado un Forqué.

-Oiga, ¿está empeñado en convertirse en el yerno favorito de toda España?

-(Ríe). Qué va, qué va, de verdad. Es algo que se dice mucho, pero no, tengo mil defectos que se sabrán y otros que no se saben. Es que no sé ni qué decirte.

-Dígame unos cuantos.

-Mira, en la película me muestro como soy y yo no querría a un tipo así en muchos aspectos de mi vida, con mi hiperactividad, con la necesidad de no parar todo el rato, que cuando tengo media hora libre me pongo a estudiar, a dar una clase de no sé qué, o a entrenar para la próxima maratón, o pensar en hacerme paracaidista y conseguirlo. Es un coñazo.. Lo digo en la película: «No soy de quedarme un domingo de peli y manta en mi casa». ¿Quién quiere una persona así?

-Es su primera película y ya ha recibido su primer premio: el Forqué al mejor documental. ¿Cómo le ha caído?

-Se me pone la piel de gallina. Está siendo excepcional todo lo que está ocurriendo, porque esta película no nace con esta motivación. Yo tenía la necesidad de rodar esta historia desde hace muchos años, de tenerla para mí y para mi tata. Hace once años me vino a la mente que no iba a ser eterna y quería pasar el mayor tiempo de calidad con ella y tener el mejor recuerdo y, por deformación profesional, lo quería tener en forma de película y ahorré dinero y formé un equipo profesional y rodamos. Cuando lo vi pensé que merecía la pena que el público la viera.

-O sea que su intención nunca fue exhibirla en los cines.

-Mucha gente se sorprende porque piensa que la película va de la tata y del confinamiento, pero no es solo eso. Obviamente por eso se llama '100 días con mi tata', porque, dentro de la estructura del guión, esos cien días que pasamos juntos encerrados me han servido para contar muchas cosas. Yo sí que tenía la inquietud desde hacía tiempo de ponerme detrás de la cámara y sabía que cuando dirigiera algo tenía que haber cine dentro del cine, querría hablar de la terapia. Todo eso está en la película, pero no sabía que iba a ser esto. Pensaba que me iba a servir como ejercicio para cuando realizara mi primera película como director y se ha convertido en este primer paso, lleno de alegrías, no solo por el premio, sino porque lo que yo quería que era vivir esto con mi tata, lo estoy haciendo. Esto es lo más importante.

-Es una película muy personal, ¿no le dio miedo exponerse tanto?

-No me lo he planteado. Tenía claro que nos teníamos que mostrar de verdad. Me dan mucho pudor muchas de las cosas que enseño y, por ejemplo, esos momentos de terapia reales. Siempre he creído que tenía que ser honesto al 100% con la historia y con lo que nos pasaba y ahí está. Me da pudor, pero creo que es necesario para entender la historia y también para entender lo que yo quería expresar a través de la película.

-Su plan era ir a Mérida con su tata y justo tras el viaje estalló la pandemia. ¿Tenía más experiencias preparadas para ella?

-No. Quería ir a Mérida e ir a Mérida con 95 años es dormir fuera, vivir un montón de emociones que hacía 50 años que no vivía. Estar en el cementerio donde estaba su madre... Yo quería saber dónde vivió, sus raíces, conocerla... He hecho muchas cosas durante el rodaje, pero sobre todo llevo haciendo cosas con ella toda la vida. Se ha visto todas mis obras de teatro, ha ido a casi todos mis conciertos, a las series donde yo he trabajado, hasta ha participado en ellas. Quizá lo más importante ha sido esa convivencia que hemos hecho 24 horas juntos, sin poder hacer nada extraordinario, simplemente cuidándola y ella a mí, compartiendo la vida.

-¿Qué se le pasó por la cabeza con el inicio de la pandemia?

-Sabía que si la cosa se complicaba era lo que iba a hacer, porque no hay otra persona tan cercana y con tanto amor como yo hacia la tata, pero no era consciente de lo que iba a significar, porque nadie era consciente de que íbamos a estar tanto tiempo encerrados. Nos sobrepasó a todos y a mí también. No pensaba que el día que fui a quedarme solamente durante el día, me iba a quedar ya durante la noche. Pensaba que iban a ser dos semanitas y se convirtieron en cien días. No estaba preparado, pero ha sido maravilloso. Todos los acontecimientos iban viniendo, iban sucediendo y los iba manejando como podía. Y como por otra parte tenía la necesidad de que ella estuviera lo mejor posible, no me cuestionaba nada y tenía que actuar y hacer que todo estuviera lo mejor que pudiera.

-¿Qué fue lo más duro?

-Lo más duro ha sido separarnos. Pero también muestra el documental la necesidad de que uno esté bien para poder cuidar a la otra persona. Yo me deterioré mucho durante la pandemia y acabé con un diagnóstico de dos hernias de disco cervicales que me están matando desde hace un año y medio y eso fue tremendo, pero más tremendo ha sido el saber que juntos somos tremendamente felices ambos. Pero no podemos estar todo el tiempo que nos gustaría.

-Lo más sorprendente es ver cómo ella va recuperando la vitalidad a medida que avanza el documental. ¿Era consciente de lo importante que es que los mayores se mantengan activos?

-Sí, sí que he sido muy consciente por ella. Yo soy un input de actividad en su vida positivo y lo llevo sintiendo desde hace muchos años. Ella lleva luchando con la vida y por la vida mucho tiempo. Ya la tiene amortizada desde hace quince, que podría no estar aquí, y lo ha verbalizado muchas veces. Pero sí que me he dado cuenta montando la película, de que es todavía mucho más importante. Cuando se les presta atención, se les da cariño, amor, los mayores son como las plantas, florecen con la edad que sea y no hay que tirar nunca la toalla.

-¿Por qué cree que la sociedad arrincona a los mayores?

-Creo que la vida nos lleva a una velocidad muy distinta a la que necesitan las personas mayores y no nos damos cuenta. Muchas veces te das cuenta cuando ya no están. Por eso uno de mis objetivos es que cuando la gente termine de ver la película y salga de la sala de cine les quede una sensación de querer pasar tiempo de calidad con las personas que quieren, mayores y jóvenes, pero con las mayores más todavía, porque por probabilidad estadística es posible que les quede menos tiempo para compartir.

-Hablaba antes de las secuelas físicas. ¿Le ha dejado alguna secuela emocional la experiencia o ha sido totalmente sanadora?

-Ambas. Hay una secuela emocional por separarme de mi tata que estoy sanando y por eso he decidido mostrar las sesiones de terapia que hago y me viene muy bien recordármelo y verlo en la película porque el enganche emocional es muy fuerte y para poder salir de ahí me tengo que dar cuenta realmente de lo que he sufrido y de lo que también es importante para mí, pero me cuesta un montón y llevo trabajando mucho en ello.

-Su película llega además en un momento en el que la salud mental, los cuidados, están en boga. ¿Cree que puede ayudar a fomentar el debate y la discusión?

-Ojalá ayude a concienciar. No me anoto los tantos de todos los temas profundos que se tocan en la película porque muchos han surgido de una manera fortuita. Sin embargo, el hablar de la terapia sí era algo que yo tenía muy claro desde hace muchos años que quería hacer cuando dirigiera una película y por eso está expuesto ahí. Creo que es importante hablar de esto, normalizarlo, cuidarse. Vivimos en una sociedad que nos invita a que nos cuidemos mucho por fuera y hay que invitar a la gente a cuidarse por dentro y el alma.

-Hay, además, un punto de justicia poética porque estas son las personas que han cuidado de los demás.

-Bueno, en este caso lo hay, pero también recalco mucho que es muy importante tomar ejemplo de la tata porque muchas veces nos sentimos con el derecho de que nos tienen que cuidar y yo creo que lo que uno siembra es lo que al final recoge.

-¿Se ve detrás de las cámaras en otro proyecto?

-Sin lugar a dudas. Tengo algo pensado y me encantaría seguir explorando este nuevo camino profesional, porque yo me dedico a esto y me hace mucha ilusión hacer proyectos que entretengan y que a la vez conciencien. Y en este caso, a nivel de creador, me siento muy orgulloso de poder mostrar algo que más allá del entretenimiento y que tenga que ver con algo social. Ojalá los próximos que haga también vayan por ahí. Dirigir me ha gustado tanto como estar delante de la cámara.

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